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07.06.2012 | Testimonio de dos afectadas

Esas malditas prótesis PIP

En el país, estiman que 15 mil mujeres tienen estos implantes mamarios que fueron prohibidos en el mundo.

Mónica Soraci / Clarín MUJER
msoraci@clarin.com
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Tiene una bomba de tiempo en su cuerpo. No se trata de una terrorista decidida a inmolarse. Alejandra, de 37 años, sólo es culpable de haber querido sentirse más femenina: deseaba ponerse lolas. Pero la suerte no estuvo de su lado: su médico le implantó prótesis PIP fabricadas en Francia con un gel no apto para uso médico, y que están prohibidas en el planeta. Después de consultar con cuatro especialistas porteños, esta catamarqueña, peluquera de profesión y que pide preservar su identidad, terminó en manos de un cirujano plástico de su provincia, cuando despuntaba el 2008. “Mi hermana es su asistente en una clínica, me hizo precio: me cobró 10 mil pesos en vez de 18 mil. Pero ninguno de los especialistas que consulté me habló de las PIP, me recomendaron otras marcas. Y el que me las colocó me dijo que eran las mejores, acepté por la confianza que me inspiró que mi hermana trabajara con él”, cuenta.

Alejandra se enteró de que las PIP fueron prohibidas hace un año, por los medios. “Me asusté muchísimo y llamé a mi hermana a Catamarca y me dijo que me quedara tranquila -evoca-. Después atendí a una clienta en la peluquería, que también tenía las PIP, y me contó que vio a una abogada porque su médico no quería hacerse cargo del recambio de prótesis. Y que ella consultó con otro especialista y le recomendó sacárselas lo antes posible”.

 

Hacerse cargo

Después de hablar con su clienta, Alejandra, muy angustiada, llamó a su médico catamarqueño. “Le dije que quería cambiarme las prótesis por todo este tema de las PIP. Se puso a la defensiva y me dijo que no sabía nada del tema -comenta-. Me molestó su respuesta porque yo sabía que me estaba mintiendo. En todos lados se hablaba de eso y él, que es especialista, ¿no sabía nada?”. Entonces, el tono del médico viró al sarcasmo: “Como quieras, es tu dinero, no veo razón médica para cambiar las prótesis”, prosigue Alejandra. “Le contesté que no quería lucrar con este tema. Yo quiero cambiarme las prótesis por otras que no me causen problemas. A mí me implica un gasto imprevisto. Trabajo 12 horas parada, de lunes a sábados. No me sobra el dinero, además, tengo que volver a pasar por una cirugía, para mí es muy traumático”, admite.

La bomba de tiempo puede explotarle a Alejandra, como le pasó a muchas “de las 15 mil portadoras de estas prótesis en Argentina”, dice la abogada Virginia Luna (foto), damnificada y coordinadora del grupo Afectadas PIP (www.afectadaspip.blogspot.com).

“Con los estudios realizados en Francia, se llegó a la conclusión de que las membranas de las prótesis eran inestables y que podían migrar gel al tejido adyacente y llegar a los ganglios linfáticos. Los franceses decidieron sacarlas, rotas o no, de manera preventiva -dice el doctor Daniel Mendiondo, cirujano plástico, miembro de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires-. Yo puse tres pares de prótesis PIP, uno ya lo saqué y a las otras dos pacientes les dije que había que reemplazarlas cuanto antes. Creo que hay que sacarlas porque hay riesgo de rotura o de migración de gel hacia los tejidos. Con los avances de hoy, si se rompen las prótesis, no pasa gran cosa. Si la silicona no sale de la cápsula que forma naturalmente el organismo como respuesta a la prótesis, no trae inconveniente y se retiran sin urgencia. Pero si el gel sale y llega al músculo y a los ganglios, hasta puede ser necesario quitar parte de la mama para intentar sacar toda la silicona que se pueda”.

 

Afectadas PIP

Según Luna, “el ingreso más fuerte de las PIP al país fue entre 2007 y 2009, época donde se realizaron la mayor cantidad de cirugías con esas prótesis”. Luna representa a 500 damnificadas y, según revela, “ya hemos tenido 300 audiencias de mediación y notamos muy buena voluntad por parte de las compañías aseguradoras, de los médicos y también de TUV Rheinland Alemania, que certificaba la calidad de las PIP, con filial en Argentina”. La abogada es optimista. “Estamos bastante avanzados y, por lo menos para las más afectadas, a las que se les rompieron las prótesis, creemos que a fin de mes lograremos acuerdos extrajudiciales”, agrega. Los acuerdos que se manejan en la mesa de las negociaciones van desde 50 mil a 100 mil pesos. “Ese monto incluye el recambio de las prótesis con el profesional que cada una elija -argumenta Luna-. Y para las portadoras de PIP sanas que lo único que tienen que hacer es volver a operarse, considero que 50 mil pesos es una indemnización justa en una instancia extrajudicial. Pero no aceptamos que el mismo médico que puso las PIP repare el daño causado”. El resarcimiento económico que está negociando sirve pero habría que tener en cuenta que hay mujeres afectadas en su salud. “De los 500 casos, cuatro están seriamente comprometidos -admite Luna-. Una mujer tuvo una migración de gel al pulmón y, como consecuencia, una embolia pulmonar. A otra chica le sacaron cuatro ganglios del tamaño del huevo de una gallina y la tienen que volver a operar por la aparición de nuevos ganglios”.

Estas mujeres no pensaban volver a pasar por el quirófano y ahora lo tienen que hacer, les guste o no. “El máximo responsable es la empresa francesa. Y el ANMAT, que permitió el ingreso de las PIP porque existe un convenio con la Unión Europea que exime a ciertos productos del control por estar aprobados en el exterior -se enoja Luna-. Acá no hay falta de control, hay descontrol, irresponsabilidad, mentiras y funcionarios de segunda línea que salen a decir cosas que no son ciertas”.

En un comunicado de diciembre de 2011, el ANMAT reitera que en abril de 2010 prohibió “la importación, comercialización y uso de dichas prótesis mamarias en nuestro país” y “recomienda a las portadoras de los implantes a consultar con su médico, para la evaluación del estado de los mismos y la sugerencia de pautas de seguimiento apropiadas para cada situación particular”. Luna dice que “vamos a demandar masivamente al ANMAT por la falta de control. Dentro de los 500 casos, nosotros tenemos un 13,4 por ciento sólo de roturas; ese porcentaje hay que actualizarlo porque hoy, de cada cinco llamados, tres son para reportar rotura de prótesis”.

Luna deja en claro que un quirófano no es un spa. “Una cirugía tiene riesgo y ninguna prótesis dura toda la vida. Y aconseja: “No compren una cirugía estética como si fuera un tratamiento cosmético”.

 

En Francia

El escándalo se desató en marzo de 2010, en Francia, cuando se descubrió la fabricación de prótesis con gel no apto para uso médico. “Cuando Afssaps (organismo de control francés) allanó la fábrica PIP encontró en el primer piso una producción en regla, pero en el subsuelo había una producción entera con gel adulterado -dice Deborah Roillette, abogada francesa que integra el equipo de Luna-. Esa empresa exportaba el 80% y se presume que esa producción adulterada iba a exportarse a Latinoamérica”. En Francia, de enero a marzo de 2012, se retiraron más de cuatro mil prótesis PIP.

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