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      Berisso, capital del inmigrante y pulmón productivo de un joven país

      • Los historiadores Daniel James y Mirta Zaida Lobato auscultan los vibrantes años obreros del conurbano sur.
      • En Paisajes del pasado, trazan un fresco social que se plantea hallazgos para comprender el presente.

      Berisso, capital del inmigrante y pulmón productivo de un joven paísCalle Nueva York en Berisso.

      Berisso, capital del inmigrante. Berisso, capital proletaria de Buenos Aires, pulmón productivo de un joven país, en pujante desarrollo. Berisso, la de los grandes frigoríficos Swift y Armour. Berisso, cuna del peronismo. Berisso, ciudad paradigmática de fábricas, industria y puerto. Berisso, tierra prometida, mezcla de idiomas, ritos cosmopolitas y hábitos culturales.

      Paisajes del pasado (Edhasa), el monumental libro de los historiadores Daniel James y Mirta Zaida Lobato, reconstruye relatos e imágenes de una comunidad de gran tradición obrera a lo largo de treinta años de trabajo.

      Estructurado en cuatro capítulos, “La Nueva York: historia de una calle”, “Fotos familiares, narraciones orales y formación de identidades étnicas: ucranianos y croatas”, “Los santiagueños de Berisso: migración interna, identidad y cultura” y “Narraciones comunitarias: patrimonio, museos y fiestas”, la investigación minuciosa y titánica cita a Nietzche en eso de que “recordar el pasado es una pasión enfermiza” y a Edith Wyschogrod, porque “sin la necrofilia de la historiadora que se entrega a rescatar el pasado del olvido, sólo existiría la finalidad de la muerte”.

      No son referencias casuales, desde luego: los historiadores se entremezclan en aquello que componen, no pueden sino explicitar el fangoso terreno afectivo, intelectual y político que los involucra en cada visita al territorio, cruzado de anécdotas, imprecisiones, rescates y fragmentos.

      Mirta Zaida Lobato, historiadora.Mirta Zaida Lobato, historiadora.

      ¿Qué debe anteceder a la transmisión de la historia? ¿Cómo desplegar un eros por el pasado y un ardor por aquellos en cuyo nombre existe una sentida urgencia de hablar? James y Lobato auscultan relaciones de género, prácticas políticas y sindicales, comunidad y memoria en un fresco social que se plantea hallazgos como “interrogar el lugar de los objetos en la construcción de identidades y el papel de los fragmentos en la reflexión sobre el pasado”.

      Lo fortuito es tan atractivo como lo planificado, los desvíos y lo imprevisto son tan fascinantes como aquellos documentos que se persiguen con el tesón de un arqueólogo, restos que habían quedados de libros precedentes, como La vida en las fábricas y Doña María.

      Suturar heridas

      “Más de una vez tuvimos que suturar heridas y ordenar los pensamientos. Crisis personales y pérdidas inimaginables antes de empezar esta investigación nos golpearon a lo largo de su desarrollo –escriben en la introducción–. Además, influencias intelectuales y disciplinares están presentes en muchas de las páginas y aunque tratamos de resolver algunos dilemas otros quedan sin solución, dejados así en el texto, sin intento de fingir una resolución consensuada”.

      Los historiadores combinan sagazmente su propio periplo con el de las historias que armaron como capas de “residuos acumulados” sin renunciar a la interrogación crítica, entre el trabajo de campo, el ensayo permanente, entre la selección y análisis de documentos –se destacan álbumes fotográficos de gran valor–, casi como los espigadores de la cineasta Agnès Varda recogiendo objetos que muchos desechaban, o en la combinación de planos que los llevó a otra referencia de montaje cinematográfico: El Acorazado Potemkin, aquel clásico del ruso Sergei Einstein.

      Daniel James, historiadoriador.Daniel James, historiadoriador.

      “La escalinata de Odessa tenía significación para nosotros no solo porque nos remitía a los planos de un montaje, sino porque era una imagen que habíamos visto convertida en postal en el álbum de fotografías de Julián Zabiuk que analizamos en el capítulo dos. Tal vez por eso, concebimos esta historia de Berisso como una yuxtaposición de planos que creaban nuevas imágenes. Una construcción activa y no reflejos estáticos de diversos acontecimientos”.

      Capítulo a capítulo van apareciendo las múltiples caras de la migración, como la soledad, la precariedad de la vida, el envejecimiento de los padres, un estado de desamparo que hace que las ausencias de los seres queridos se agiganten.

      “La mirada se convierte en una obsesión en las cartas de inmigrantes y el sustituto del cuerpo que reclama Lucya es la imagen fotográfica”, narran los historiadores, con la pericia del oficio y la paciencia de los etnógrafos.

      Experiencias de dolor y abandono

      Para un inmigrante el trabajo de mantener los lazos familiares era muy complejo, y las fronteras de una comunidad nunca son del todo precisas: algunas marcas que la identifican brillan con nitidez; otras se debilitan y apenas dejan huellas.

      Allí están las experiencias de dolor y abandono, como un marido que desapareció en la neblina de la guerra y del que no se ha sabido más nada; un padre que se está muriendo sin ayuda ni medicación. Tomando lo que Giorgio Agamben llama condición de “vida desnuda”, los autores ponen sobre la mesa el despojo de los elementos más básicos para una vida normal: comida, ropa, medicamentos o un refugio adecuado.

      Un arco que refleja el origen fabril del barrio que rodeaba a la Nueva York de Berisso.Un arco que refleja el origen fabril del barrio que rodeaba a la Nueva York de Berisso.

      “Como historiadores, tratamos de situar estas angustiosas cartas en un contexto ‘adecuado’ que pueda ofrecernos la información empírica que anhelamos y que pueda, de alguna manera, ayudarnos a superar las limitaciones que tienen como objetos de comunicación, pues a menudo carecen de coherencia gramatical y sintáctica, incluso para el traductor profesional nativo. Es como si la angustia hubiera desgarrado la capacidad normal del lenguaje para comunicarse, para narrar coherentemente. Tratamos de establecer el contexto para recuperar el poder de la causalidad y responder simplemente a las preguntas básicas de los historiadores (y periodistas): ¿qué ha sucedido? ¿Qué explica esta historia de horror?”, dicen en otro fragmento, lejos de toda certeza y permitiéndose las preguntas abiertas y las dudas en su complejo (y apasionante) camino de reconstruir vidas ajenas.

      Identidades casi perdidas que salen a la luz, personajes entrañables, testimonios colectivos y una escritura analítica que no deja el factor emocional de lado, entre los micro relatos y la historia contemporánea tejida en la trama de entender una comarca para leer el devenir de un país. Berisso como un entramado de clase, etnia, género, nación y comunidad; y la (s) Historia (s), en definitiva, como estallido, reconstrucción, imaginación e interpretación.

      Paisajes del pasado, de los historiadores Daniel James y Mirta Zaida Lobato (Edhasa).


      Sobre la firma

      Juan Manuel Mannarino

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