Noticias hoy
    En vivo

      Anteojos: un fetiche como para ponerle marco

      Del supuesto oprobio “nerd” a objeto de distinción y coquetería, las gafas han recorrido un largo camino.

      Anteojos: un fetiche como para ponerle marcoMarina Abiuso.

      En algún momento dejaron de ser receptores de odio y se convirtieron en objeto de deseo. De sentirse como un estigma, se transformaron en un accesorio de moda imprescindible. Sus fanáticos no se conforman con poseer sólo un par: si tienen varias carteras, tantos zapatos como pueden y más de una bufanda, por ejemplo, ¿por qué habrían de resignarse a lucir sólo un modelo de anteojos?

      Cada día, Marina Abiuso hace su trabajo detrás de la pantalla de Canal 13 y TN. La periodista es un ejemplo vivo de esta tendencia donde las gafas son parte esencial del outfit diario. Su pasión por los anteojos es tal que ya tiene una diseñadora de cabecera: Carla Di Sí. Con aproximadamente 15 pares en su haber, sostiene que son protagonistas a la hora de elegir su vestimenta laboral.

      “Cuando llego al canal me encuentro una percha preparada con toda la ropa para el aire: desde los zapatos a los anteojos. Mariana Melingeni es la vestuarista y siempre puso mucho énfasis en mis anteojos... ¡A veces creo que arma el look para los anteojos! La comunicadora recuerda que “antes de trabajar en tele tenía tres pares, con marco negro, ámbar y azules, y los cambiaba según la ropa y hasta la época del año”.

      Ella, que comenzó a usarlos a los 11 años con el objetivo de aumentar su capacidad visual, los necesitó de manera permanente ya siendo adulta. “No sufrí bullying ni burlas, pero es cierto que los usaba lo menos posible porque no me gustaba. ¡No hay fotos mías con anteojos hasta final del secundario!”.

      Asegura que los lentes se impusieron más allá de su finalidad saludable “gracias a los diseñadores. Antes teníamos una oferta muy limitada. Durante años usé los que menos me disgustaban. Ahora empieza a haber una mirada más interesante. Si tenés la oportunidad, seguro tenés más de un par de zapatos o más de una cartera. ¿Por qué vas a tener un sólo par de algo que va en tu cara todo el día?”.

      Carla Di Sí, aliada de Abiuso, es tercera generación de una familia de ópticos. Realiza ediciones limitadas que, según afirma, convierten “cada pieza en un verdadero objeto de colección”. Para ella, “los anteojos no son un accesorio sino una extensión de la personalidad”. La diseñadora fue diagnosticada a los cuatro años con astigmatismo miópico. Aunque sus padres se angustiaron por el padecimiento, ella cree que aquel mal que la obligó a usar lentes fue el preludio de la vocación que mantiene hasta el día de hoy. Así, en 2002 inauguró L ‘Optique y en 2010 lanzó al mercado su propia marca de diseño y fabricación nacional.

      Di Sí asegura que no tiene un concepto definido a la hora de describir sus creaciones. “Diseño según lo que me da ganas en ese momento. Pienso en que queden bien, que sean ponibles. Hay algo que tiene que ver con el confort que me parece importante”, sostiene.

      Carla Di Si , creadora de estilo.Carla Di Si , creadora de estilo.

      Para ella, la clave es diferenciarse del resto: “Al venir de una familia de ópticos y ser bastante fanática del objeto anteojo, siempre trato de hacer algo nuevo, algo distinto. Hay diseños y formatos que son clásicos, como el gatuno o el cuadrado, pero trato de aportarle algo que no haya visto”. Al hablar de sus clientes, cree que “el denominador común es que quieren usar algo distinto y aprecian que estén hechos en la Argentina”.

      Aunque el auge de los anteojos como fenómeno estético parezca reciente en el país, la diseñadora rememora que entre los ochenta y los noventa fue “Armani la piedra fundacional donde la moda y el anteojo se empiezan a ligar de un modo increíble”. Así, añade que “hoy en día todas las marcas de lujo tienen anteojos en su propuesta porque es el ítem más accesible. Por ahí no llegás a comprarte un vestido Chanel, pero un anteojo, con un poquito de esfuerzo, te lo comprás. Todos nos podemos dar el gusto de un buen anteojo aunque sea una vez en la vida”.

      La óptica y empresaria cree que “la osadía de la gente a la hora de elegir sus armazones tiene que ver con que nos estamos volviendo cada vez más libres del prejuicio del otro, de usar lo que uno quiere, lo que a uno lo representa más allá de lo que digan los demás. Pasa por dejar el uniforme, por rebelarnos contra eso de vernos uniformados, a todos iguales”. En ese sentido, aclara que con esa intención hace “pocas piezas por diseño”.

      Juan Ignacio Ronzoni es el creador de Palo Santo, firma que desde 2010 realiza tanto anteojos de sol como marcos para recetados. La iniciativa surgió cuando este licenciado en Comercialización aún era estudiante universitario, como un proyecto de la facultad con su socio de entonces.

      Modelos de Palo Santo.Modelos de Palo Santo.

      “La intención era repensar un producto de uso cotidiano, convertirlo en algo distinto desde su materialidad. Ahí creamos nuestro primer anteojo de madera. Se fue transformando en negocio de forma natural. Primero con ediciones esporádicas que se producían en un pequeño depósito convertido en taller y se vendían casi de boca en boca, hasta que en 2013 decidimos convertir el proyecto en un negocio sustentable y pusimos nuestro local y taller en Palermo”.

      Palo Santo se distingue por sus armazones de madera e, incluso, de tela. “Queríamos lograr un emprendimiento más amigable con el medio ambiente, pero no por eso resignar estética y funcionalidad. Desde ese primer prototipo al producto que comercializamos hoy, no paramos de repensarlo”, explica el dueño de la marca. Según él, su secreto es crear “anteojos distintos para usar todos los días; con líneas simples que se adapten orgánicamente al rostro, pero que llamen la atención”.

      Sobre este auge de los marcos, Ronzoni sostiene: “La funcionalidad esencial del anteojo es el cuidado de la salud visual, y creo que somos más conscientes de la importancia de cuidar nuestros ojos. Mi teoría es que por eso demandamos más anteojos y, en consecuencia, nos dimos cuenta de que como accesorio de vestir también podía aportarnos mucho más”.

      En ese sentido, el empresario afirma que “los anteojos pueden ser más personales que la ropa que usamos, son parte de lo que queremos mostrar de nosotros, de cómo queremos que nos vean, de la personalidad que tenemos”. Por eso, según él, sus clientes son “personas que les gusta el diseño, la simpleza de materiales puros y nobles como la madera o el algodón”. Y aclara: “Si bien hacemos accesorios de moda, nos posicionamos como una marca de estilo de vida”.

      El romance de Manuela y Malén Suárez con los anteojos surgió en su infancia. De familia de ópticos, estas hermanas nacidas en la Costa Atlántica tenían sus cunas llenas de armazones a modo de juguetes. Con la idea de “revalorizar los pequeños tesoros” de esa época, en 2010 crearon La fille aux lunettes (La chica con anteojos). Allí venden “anteojos que van desde los años ‘50 hasta los ‘90, todos vintage y nuevos que, en su mayoría, son piezas únicas”. Marcas nacionales y de reconocidos diseñadores europeos se hacen presentes allí.

      Modelo de  La fille aux lunettes, la marca de las hermanas Manuela y Malén Suárez.Modelo de La fille aux lunettes, la marca de las hermanas Manuela y Malén Suárez.

      La estética retro es el sello personal de las hermanas que siguen con la tradición familiar. “Ofrecemos armazones y anteojos de sol con impronta retro. Son todas piezas nuevas, de diseñadores importantes. Rara vez hay dos de un mismo modelo”, menciona Manuela. Esta propuesta vintage, según ella, atrae entre su clientela desde adolescentes hasta personas que rozan las siete décadas, en promedio.

      “El anteojo es un accesorio de moda muy importante, más allá de la salud visual. La gente se fija mucho en cómo lo va a usar, en cómo lo va a combinar. Es algo que va en la cara, por eso le damos mucha importancia”, describe al explicar el fenómeno. Al mismo tiempo, asegura que “estos últimos años la gente se ha vuelto más desprejuiciada. Nosotras tenemos muy pocos anteojos negros, o más comunes. Las personas que nos contactan saben que lo que vendemos es algo diferente, buscan algo para lucirse todos los días o en un evento especial”.

      Panorama internacional: ¿qué pasa a los ojos del mundo?

      No sólo la osadía o la estética son protagonistas de este furor por los anteojos. Existen modelos que, por sus funcionalidades o diseños, van de lo sustentable a lo tecnológico. Varias marcas ya ofrecen armazones con un pendrive en la patilla, para tener siempre encima una memoria USB. Otros, por ejemplo, se realizan con materiales reciclados: en Chile, una firma fabrica anteojos utilizando como materia prima redes de pesca rescatadas del mar.

      En la misma línea, una compañía mexicana ofrece armazones realizados con botellas de plástico recicladas, con un doble objetivo: cuidar el medio ambiente y que los sectores de menores recursos puedan acceder a anteojos más económicos.

      Un caso singular es la creación de investigadores del Instituto Nacional de Informática de Japón, quienes dieron vida a anteojos cuyo objetivo es proteger la intimidad. Se trata de lentes que, en apariencia, son totalmente normales. Pero su tecnología convierte al usuario en irreconocible ante las cámaras, con el fin de que no sean filmados o fotografiados sin la debida autorización. Todo esto a través de un infrarrojo insertado en el armazón.

      También en Japón, el inventor Hirotaka Osawa desarrolló unos lentes para ocultar sentimientos. Los Agency Glass poseen pantallas OLED que impiden que las personas alrededor del usuario vean sus expresiones reales. En tanto, proyectan emociones grabadas con anterioridad, sincronizadas con movimientos de cabeza de quien los lleve puestos.

      En China, este año la policía comenzó a usar anteojos de reconocimiento facial. Con ellos, los agentes de seguridad pueden tomar una foto del presunto sospechoso y automáticamente la imagen va a una base de datos donde se puede establecer si se trata, por ejemplo, de un prófugo.

      Entre los más insólitos, el primer puesto puede reclamarlo James Sooy, un artista plástico estadounidense que diseñó los “lentes piercing”, un invento pensado para aquéllos que no soportan que los anteojos caigan por la nariz cual tobogán. Una vez colocado el piercing en el tabique, los lentes se pegan a él a través de un sistema de imanes. Sólo para valientes.

      Los amantes del confort también tienen su opción. En Amazon se venden por poco más de siete euros anteojos con prisma para poder leer estando acostado. Según el anuncio, pueden ser una solución para personas con movilidad reducida.

      Por último, los instagramers ya pueden hacer la reserva de sus próximos anteojos. Los indicados para ellos son los Tens, lentes que aplican filtros de esa red social a la vida real. Según sus creadores, tres amigos escoceses, es el calor del sol lo que activa la tecnología que convierte colores naturales en tonos artísticos. Los responsables de estas gafas aseguran que su invento logra colores mucho más vivos y cálidos. Habrá que probarlos, nomás.


      Sobre la firma

      Guadalupe Rivero

      Bio completa

      Tags relacionados