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27.07.2012 | El universo de Julián Weich

"Soy mejor madre que padre"

Es un grande con alma de chico. Le encanta andar en skate y en bici. Y ocuparse de sus hijos, desde llevarlos al pediatra hasta prepararles el desayuno. A pesar de que hace reír a otros, se define como un tipo serio.

María Laura Santillán / Clarín Mujer
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¿Cuando uno está casado se achancha un poco?

Obvio.

Hace unos diez años me dijiste: “Tengo alma de niño o me siento un niño”.

¿Sabés qué me regalaron para el Día del Padre? Un skate. Yo andaba en skate de chico y hacía mucho que no me subía a uno. Así que ahora tengo mi propio skate. Quiero andar por la calle, me fascina.

¿Solo?

Sí. ¿Vos creés que tengo amigos de 45 que quieran andar en skate? Y yo acabo de cumplir 46.

Me olvido de que pasa el tiempo.

Los chicos crecen. Yo siento que los chicos me alcanzan, pero yo no crezco (risas). Ayer abracé al de 18 en la cama, le dije que lo quería mucho pero que no lo podía abrazar parado porque estaba muy grandote, mide 1.87.

¿A qué lo atribuís?

A mi deseo de que sea grandote.

¿Acá paramos o sos una máquina de hijos?

No es que esté buscando el quinto, pero me gustaría tener otro hijo.

¿Y hay consenso?

No dijimos nunca más. Ella es joven, tiene 37. Está en la mesa, o se lo lleva el mozo o lo comemos.

¿Vas a tener tiempo para cinco hijos?

Sí, porque los grandes ya son muy independientes, tienen 21 y 18. A pesar de que hago un montón de cosas con ellos, me ocupo, los atiendo. Pero la opción cuando son grandes es que les podés decir: “Bueno, andá solo”. Cuando son chicos no podés hacer eso. Los más grandes viven día por medio conmigo y Tadeo, de 14, con la mamá. Y Tommy, de 8, vive a full con nosotros.

¿Hay libertad para que elijan?

Sí, pero los días están pactados y eso se respeta. Me gusta levantarlos con la leche, esas cosas de mandarlos a dormir, a bañarse. Es un plomo porque los chicos no se quieren bañar o lavar los dientes, pero me parece que es la parte que deja huella y marca una relación. Yo me levanto a las siete para que el más chico vaya al colegio. Lo visto, toma la leche, se lava los dientes.

¿Sos un poco mamá?

Sí, soy muy mamá. Suena raro decirlo. Por ejemplo, los carnets de vacunación de los chicos los tengo guardados yo. El pediatra me dice que no puede creer que un padre tenga todo eso en ese estado.

Sos una buena madre.

Creo que soy mejor madre que padre (risas). Soy menos de poner límites y más de hacer otras cosas. Eso no es bueno para nadie, ni para los hijos, ni para la madre ni para nadie, pero me sale así.

¿Y quién pone los límites?

Los pongo yo, pero es algo que tuve que aprender. Lo otro me sale solo. La terapia y la experiencia te van enseñando a poner límites. Como tuve hijos cada cuatro años, nunca los chicos estuvieron en malón. Pensá que ahora tengo una de 21 y uno de 8 en la misma mesa. Entonces hay que tener cuidado de qué se habla, cómo se habla. A veces puedo hablar de los errores con mi hija, me refiero a esos que uno cometió con sus hijos y decirle que eso que les enseñó está mal. Ella puede hacer lo que quiera. Pero al menos uno tiene la chance de decírselo.

¿Son claramente lo más importante de tu vida?

En mi vida, sí. Pero siempre con la teoría de que vean un padre feliz, porque si ellos no veían un padre alegre nunca iban a poder serlo. Siempre traté de buscar la felicidad.

¿Y sos feliz?

No existe para mí responder esa pregunta. Soy feliz con los intentos de ser feliz.

¿Seguís haciendo terapia?

Retomé hace un año. Me tomé dos o tres años de vacaciones. Pero hago desde los 14. Ahora hago terapia, meditación y yoga. Tiene que ver con querer estar bien. La terapia es más desde lo conciente, la meditación desde lo inconciente y el yoga, junta todo un poco. La terapia es más un acto voluntario de decir “tengo este problema y quiero resolverlo”. Hace 32 años que hago terapia.

Es un número, una inversión.

Sí, pero me parece que está bueno. Aparte corro, trabajo, viajo, ando en bicicleta. Ahora estaba entrenando bastante, corría dos o tres veces por semana y andaba en bicicleta, pero el frío me paró un poco.

¿Por qué es lindo correr?

Porque te sentís muy bien cuando terminás. Además me gusta comer, y correr me permite comer lo que se me ocurra, no tengo que hacer dieta.

¿Hay tiempo para tener amigos? La verdad...

La verdad es que por suerte mis amigos saben que no hace falta verse todos los días. Pueden pasar días y hablamos y es como si hubiéramos hablado ayer.

¿Qué tiene tu mujer, Bárbara, que no tienen otras?

Todo (risas). Es así. Todo lo que me hace falta, no sé si es mucho o poco, pero a mí me sirve. Y lo que le falta es poco y no me importa. Tiene alegría, dulzura, amor, picardía, es re-madraza, es re-femenina. Es todo. La veo de lejos y digo: “¡Qué linda mina!”.

¿Planeás a largo plazo?

Me ocupa tanto el presente que no puedo pensar en el futuro. Es como que me preguntes qué tengo ganas de comer en un mes. Ni idea. Yo estudié para ser actor, no conductor. Es más, empecé a actuar y trabajar y jamás me imaginé que iba a ser famoso. No era un objetivo, después una vez que entrás te das cuenta que es parte del círculo.

Son muchos años de presente.

Sí, no me sale otra cosa.

¿Qué te queda pendiente?

Me encantaría hacer una comedia. Algo como "Grande, Pá", por decir algo. Pero no viudo. Algo para la familia, divertido. La diferencia entre actuar y conducir es que actuar no necesita letra propia; en cambio conducir es una responsabilidad densa, la mayor. Como actor sos un personaje, como conductor sos vos mismo. Para mí actuar es algo natural. Es mentirle al otro y hacerle creer en eso que digo. En la vida real no miento, me cuesta mucho mentir. Sí digo mentiras piadosas, no es que soy un santo. Pero no puedo jugar al truco, por ejemplo.

¿Qué cosas te hacen reír, Julián?

Los bloopers de la vida cotidiana, una persona a la que se le cae un vaso, eso. No me gusta ver sufrir a nadie. Pero el tropezón, esas cosas me causan gracia. Con Marley me divierto mucho. Es bueno de verdad, yo parezco bueno.

Vos sos medio chinchudo.

Yo me tomo las cosas en serio. Por eso parezco enojado. Me tomo todo en serio y no me da lo mismo. A mí cuando me cagan, no me da risa, me lo tomo en serio. Marley se mata de risa. Y tengo mucha memoria, entonces no me olvido de nada ni de nadie.

Como Mirtha Legrand.

(Risas). Yo veo pasar una persona y digo: “Ese chico a los ocho años me dijo tal cosa e hizo tal cosa”.

¿Qué dice tu terapeuta?

Que soy así. Cuando me olvido de algo, me pongo contento. Yo no me puedo olvidar. Pero me decís ahora "llamame a este número" y me olvido.

Porque el chip se llenó. Vacialo.

Ojalá pudiera. Me acuerdo del ferretero que me vendía herramientas cuando yo tenía seis años, tenía un mostrador de madera y un gato. La gente cree que como uno es famoso se olvida de todos. Cuando conduzco maratones me acuerdo de los nombres de la gente porque la reconozco de otras carreras. Es involuntario. Me acuerdo de tantas pavadas (risas).

¿Después de los chicos qué es lo más importante?

Me gusta el equilibrio. No me gusta el exceso de nada. Trabajo, familia, salud. Me gusta estar en mi casa, estar con los chicos, trabajar, tener tiempo libre, poder decidir qué hacer y no estar atado a algo que no me gusta. Hasta ahora es así. Me cuesta bastante porque la sociedad no te deja hacer lo que querés cuando querés.


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