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      Murió Pascual Condito, un incondicional del cine, tano gritón y querible

      Fue distribuidor de filmes como "El sabor de la cereza", "El viaje de Chihiro", "Trainspotting" y del cine argentino independiente.

      Murió Pascual Condito, un incondicional del cine, tano gritón y queriblePascual Condito, en su mítica oficina de la calle Riobamba, en pleno barrio del cine. Foto Archivo Clarín

      Era un incondicional. Un tipo que sentía el cine en sus venas, que hablaba a los gritos, efusivo como buen tano, enérgico y verborrágico. Así se lo va a recordar a Pascual Condito, distribuidor y productor de cine independiente, el hombre que pasó de estrenar filmes casi pornos a El sabor de la cereza, de Abbas Kiarostami.

      Pascual Condito, a quien un cáncer de colon lo alejó de sus hijos este jueves 17 de marzo, había llegado junto a su familia a la Argentina a los 5 años, proveniente de su pueblito natal en Catanzaro, Italia, donde nació el 18 de agosto de 1948. Inquieto, le gustaba el cine, repartía volantes de películas en los vagones o estaciones del tren por unas monedas cuando su padre decide internarlo en el Colegio Don Bosco. Tenía 12 años, y bien pronto sería el encargado de programar las proyecciones de las películas en el colegio.

      Pasó el tiempo y, a los 31 años, en 1979, abrió su propia distribuidora, ItalSur. Eran épocas de la dictadura militar, y en el Instituto de Cine el Ente de Calificación lo manejaba Néstor Paulino Tato, sentado en la calle Lima desde la época de María Estela Martínez de Perón. Las películas se prohibían o cortaban, pero Pascual se las arreglaba para que los títulos eróticos o pornosofts que compraba en el extranjero tuvieran su salida comercial en alguna sala de Lavalle, la por entonces Calle de los cines, como el Arizona, o el Rose Marie, que eran reductos del cine “prohibido” y subido de tono.

      Pascual distribuyó y vendió más de 120 películas argentinas al exterior. Foto Juan Manuel FogliaPascual distribuyó y vendió más de 120 películas argentinas al exterior. Foto Juan Manuel Foglia

      Cuenta la leyenda que fueron sus hijas las que le pidieron que dejara de estrenar ese tipo de películas.

      Bueno, formó Primer Plano Film Group, que tenía su sede en la calle Riobamba, en pleno barrio del cine a la vuelta de donde estaban las distribuidoras “majors”, como Fox, Warner, Columbia y UIP, que por entonces distribuía solo a Paramount y Universal. Y Pascual les peleaba salas de estreno con cine de arte, independiente. Primero, europeo, luego, nacional.

      En la calle Riobamba

      Entrar a Primer Plano era como ingresar a una dimensión desconocida, un cambalache del mundo cinematográfico. Era un enorme caserón en Riobamba, entre Lavalle y la avenida Corrientes, que en el hall y lo que debía ser el ambiente principal colgaban afiches de películas, nuevas y viejas.

      Y al llegar a la oficina de Pascual -mínima, en comparación con el resto del lugar- siempre se lo encontraba a él, sentado a su escritorio en el que difícilmente se pudiera apoyar los brazos. Papeles, gacetillas, fotos, videocasetes, recortes de críticas de diarios, revistas, facturas y remitos eran el mantel del escritorio. Para los que hacía poco comenzábamos a recorrer por las distribuidoras, para enterarnos qué se estrenaría en breve, charlar con Pascual era como estar en un oasis.

      Hablaba fuerte, Pascual. Pedía a los gritos a sus asistentes lo que fuera, su vaso de Coca o que llamaran a alguien. Generoso, ofrecía copia de sus películas recién editadas en videocasete. Uno salía de Primer Plano con más de lo que había entrado, sobre todo, anécdotas.

      "El sabor de la cereza", de Abbas Kiarostami, llenaba el cine Lorca, en la Avenida Corrientes. Foto Archivo Clarín"El sabor de la cereza", de Abbas Kiarostami, llenaba el cine Lorca, en la Avenida Corrientes. Foto Archivo Clarín

      Pascual fue quien se jugó y compró los derechos de distribución de El sabor de la cereza, de Abbas Kiarostami. Fue él quien impuso la “moda” del cine iraní, estrenando la película galardonada con la Palma de Oro en Cannes 1997, en el 50º aniversario del Festival. Y la estrenó cinco días antes de él mismo cumplir 50 años, el 13 de agosto de 1998. Fue un éxito descomunal, que obligaba al boletero del Lorca, en la Avenida Corrientes, a colgar el cartelito de No hay más localidades.

      Antes y después, Pascual compró y estrenó en la Argentina Trainspotting, Secretos y mentiras, Sostiene Pereira, Buena Vista Social Club, Tocando el viento, El tren de la vida, Recursos humanos, La cena, La lengua de las mariposas, La virgen de los sicarios y Bajo la arena, entre muchas otras.

      Ya en su oficina en la avenida Elcano, Pascual bregó por el cine. Siempre. Foto Juan Manuel FogliaYa en su oficina en la avenida Elcano, Pascual bregó por el cine. Siempre. Foto Juan Manuel Foglia

      Y también comenzó a distribuir, primero, y a producir después, cine argentino. Garage Olimpo, de Marco Bechis, Esperando al mesías, de Daniel Burman, e Historias mínimas, de Carlos Sorín, integraron el catálogo de Primer Plano, lo mismo que Nos sos vos, soy yo, y Pascual coprodujo El viento se llevó lo qué, Conversaciones con mamá y Las mantenidas sin sueños. Estrenó las animadas Ico, el caballito valiente y Petete y Trapito. Y hablando del cine de animación, Condito fue quien trajo Todos los perros van al cielo, Mamá soy un pez y El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki, que ganó el Oscar a la mejor película de animación.

      Con la crisis de 2001 tuvo que reinventarse, porque ya no era tan sencillo traer cine extranjero. Y a partir de 2002, se encargó de exportar cine argentino. Estaba él mismo en su stand en Cannes, atendiendo compradores, siempre hablando con su acento italiano, que nunca se le esfumó.

      Su sueño también era estar del otro lado del negocio, y verse en una pantalla, por lo que estudió actuación con Norman Briski y pudimos verlo, en papeles secundarios, a veces cameos, a veces más protagónicos como en El perro, de Carlos Sorín, o en El Camino de San Diego, también de Sorín, Lifting del corazón, de Eliseo Subiela, Sofacama, de Ulises Rosell, Cara de queso y Vino para robar, de Ariel Winograd, o El rey del Once, de Daniel Burman.

      Su última aparición, si no me equivoco, fue en Inmortal, de Fernando Spiner.

      Su vida fue de película, o al menos mereció un documental biográfico: a Tras la pantalla (2015), de Marcos Martínez, siguió precisamente la miniserie Vida de película, en la que Luis Machín lo personificó y se vio en la Televisión Pública en 2017, dirigida por Matías Bertilotti, con guiones de Jorge Maestro.

      Pascual tenía un tatuaje. En su brazo izquierdo se había tatuado al pequeño Totó, el personaje de Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore. Quiso el destino, como una vuelta cinematográfica, que este mismo año 2022 partieran Pascual y Damiano Berlingieri, mítico proyectorista del cine en la Argentina, también nacido en Italia y devoto como nadie de Cinema Paradiso. Seguro que allá arriba estarán hablando y discutiendo de cine.


      Sobre la firma

      Pablo O. Scholz
      Pablo O. Scholz

      pscholz@clarin.com

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