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      “La realidad social me pega”

      Ex líder de Attaque 77 y hoy al frente de Jauría, el cantante más famoso del punk latino se atreve por primera vez a confesar por qué dejó a sus antiguos compañeros de banda. Acaba de salir su segundo CD con Jauría, “Libre o muerto”: más testimonial, frontal y rockero que el anterior.

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      Redacción Clarín

      Como si lo hubieran sometido al tratamiento Ludovico, Ciro Pertusi parece retorcijarse cada vez que se le menciona la palabra “violencia”. Obviamente, el líder de Jauría no tuvo que pasar por el experimento que cambió los hábitos del protagonista de La Naranja Mecánica, pero en sus palabras se percibe el rechazo que le genera la actualidad. Lo que Ciro había proyectado en Karmagedón (2007), aquel último disco que grabó con Attaque 77, se proyecta de manera nítida en Libre o muerto, segundo trabajo del grupo que hoy tripula junto a Ray Fajardo, y los hermanos Mauro y Seba Ambesi.

      Nómade por convicción, durante la última década, Pertusi vivió en Córdoba, Buenos Aires y Bahía Blanca. Hoy, visitante ilustre de Caballito, el creador de Hacelo por mí le da otro envión a una trayectoria que ya cuenta con más de 25 años. Desde ese mismo barrio que lo vio mutar de cartero a ícono del punk rock latino, el músico planifica la flamante etapa de Jauría con su pasión renovada. En una charla tan sincera que roza el paroxismo confesional, este hombre devoto de las utopías y de fuertes convicciones, ratifica que aún tiene mucho para decir y, lo que es mejor, lo dice.

      El nuevo material es más rockero que el anterior… ¿Les salió así o fue intencional?


      Es intencional y lo que nos sale. Sentimos que tenemos una deuda con “el estandarte del rock” que viene de las bandas que nos gustan: The Who, Kiss, The Cult, Black Sabbath… Nos gusta tener un guiño hacia ese lado y cumplir con ello. Después, nos sale así, siempre se nos ensucia, se nos pone heavy todo. De hecho, el disco anterior es más blando, más pop que éste, y en vivo se pone muy duro. Nos sale por naturaleza. En un momento, nos miramos y dijimos: “¡Cómo nos gusta meterle y apretar el acelerador, ya sea para la velocidad o la distorsión!” (risas).

      “Libre o Muerto” es un título realmente épico…


      Sí, es épico. “Sanmartiniano”, en un punto. También, viene del Live free or die de las tribus motoqueras. Para mí, resume un espíritu de estar buscando ese estado de libertad permanente y que, si tenés que morir en el intento, morirás. A pesar de que suene tan determinante o absolutista, es una idea romántica.


      Las letras denuncian la violencia en sus todos sus aspectos: psicológico, físico, televisivo…


      Es así. Por ejemplo, la frase “convenceme de que merecemos algo aún mejor”, está inspirada en ese dicho aberrante de “Nos tratan como animales”. Si partimos de la base que los animales son dignos de matar o de maltratar, entonces nos tiene que volver algo de todo eso. Después, se abre a cosas más personales. Ya el primer tema, que dice “Es un tiempo crítico para los corazones de cristal”, habla de los corazones sensibles que están dando vuelta en este clima caníbal.

      ¿De qué te nutrís, del contacto con la calle o de la televisión?

      La calle me nutre más. Salir al mundo es mucho más fuerte. La televisión te trae algo elaborado para que vos leas cierta cosa. Hoy, se acentuó más el amarillismo para generar rating momentáneo. Salen periodistas por la televisión llorando por una chica que mataron o violaron… ¡Se hacen los compungidos, y no les importa nada! Encima, en el camino, ensucian gente, hacen mierda a cualquiera… ¡Quieren sangre, vender!

      Al denunciar causas sociales, sos un personaje tentador para ser utilizado por los medios…


      Sí, pero me cuido de eso, de no quedar pegado a ciertas situaciones. Me llaman de todos lados porque hay muchas problemáticas o cosas no resueltas… Con una mano en el corazón, me tengo que proteger, porque me quedo sin tiempo para mis necesidades básicas. Hasta León (Gieco) mismo, que es un tipo muy brindado a muchas causas, tuvo que guardarse, meterse adentro de una caja fuerte para que no le hinchen más las pelotas, porque es totalmente agotable.

      Por tus ideales, el calibre de tu denuncia o tu manera apasionada de expresarte, alrededor tuyo se creó un aura de artista idealista, que pelea por utopías…


      No me gusta, porque después te tildan de que tenés “complejo de Peter Pan”, y nada que ver. Tengo mi manera de sufrir, de padecer o de parir las cosas. La realidad social me pega, la asimilo de una manera y la largo de otra. Si bien me considero un trabajador, un obrero del arte, soy un artista que, a pesar de toda la dureza que pueda llegar a tener, tengo sensibilidad y constantemente me estoy adaptando al mundo, a lo que está ocurriendo. Entonces, mi manera de traducirlo, mi antídoto, es ése. Uno ve a (Ricardo) Iorio y la gente se cree que ensaya y arma ese personaje. ¡Pero él es así! Es el resultado de un tipo que tiene una sensibilidad y le pega de esa manera. Veo en él a una persona súper sensible que, con una edad y una historia bastante brava, lo resolvió de una manera particular. Y en él se ve a un tipo que sangró. Después, sin ánimo de ofender, te encontrás con Piti (Álvarez) que resuelve de una manera más “tóxica”, o Charly García resuelve de otra manera, o (Ricardo) Mollo que es mucho más bajo perfil y presenta las cosas de otro modo… En definitiva, el artista es un tipo que pasa por la vida asimilando el mundo que lo rodea.


      Pero, en tu caso, te convierte en un “artista enojado”. ¿Te lo planteas al momento de escribir?


      Sí. A veces, me genera conflicto el hecho de que alguien piense: “¡Uy, este chabón otra vez, siempre le pasa algo!”. No lo puedo evitar, llega el momento de la noche, de la almohada, y siempre me encuentro escribiendo sobre lo que más me quema.

      Libre o Muerto tiene que ver con “Serás lo que debas ser o no serán nada”. Denunciando lo que estoy sintiendo, encuentro quién soy. Tampoco somos un grupo de protesta por la protesta misma. Siempre hay una reflexión, una esperanza, una salida. Sigo pensando, ingenuamente, que la música puede generar algún efecto…

      ¿El ideal hippie de que una canción puede cambiar el mundo?


      No sé si puede cambiar el mundo, pero creo que puede mover algunas cosas.