Noticias hoy
    En vivo

      “En la raíz de toda tradición anida una pequeña revolución”

      Actor, director, dramaturgo, habla de su obra, del miedo en relación a los finales, y de cómo es su vida entre sus seminarios en el exterior y sus nuevas piezas. Además, cuenta por qué el cine le interesa sólo como actor.

      "En la raíz de toda tradición anida una pequeña revolución"Rafael Spregelburd. Actpr, director y dramaturgo. FOTO: GERARDO DELL'ORO

      Rafael Spregelburd volvió a estrenar en su tierra. En el Teatro Argentino de La Plata, en la sala TACEC, presenta Tres finales (compuesta por un tríptico de obras breves) interpretada por su compañía El Patrón Vázquez. Spregelburd es actor, director, y dramaturgo. Desde La escala humana, escrita junto a Javier Daulte y Alejandro Tantanian, pasando por La Heptalogía de Hieronymus Bosch, un cuerpo de textos integrado por La estupidez, El pánico, La paranoia, entre otras, generó una de las obras más importantes de la dramaturgia argentina de los últimos veinte años. Fue reconocido por sus trabajos como actor en cine (El crítico, El hombre de al lado, Días de vinilo.) Sin embargo, el teatro sigue siendo su lugar más personal en términos de creación y contenidos. Recientemente ha estrenado Spam y Apátrida, obras que tienen una continuidad conceptual con Tres finales que se presentará esta tarde por última vez, luego de una brevísima temporada platense.

      La idea de final es algo que venís trabajando, por ejemplo, desde "La Heptalogía de Bosch". En “Tres finales”, ¿también hay un acercamiento al tema?

      La idea de final era más vaga en La Heptalogía.... Lo que estaba allí más presente era la pérdida de los valores erigidos por la modernidad y la falta desesperante de un nuevo sistema de valores universal y duradero. Pero las piezas de La Heptalogía... se nutren especialmente de la vitalidad de lo caótico, de la convivencia con la complejidad. Tres finales, en cambio, se orienta con sorna hacia cierta zona del anuncio apocalíptico que siempre acompaña a las crisis cíclicas del capitalismo. Anunciar el fin de algo, de la historia, del arte, de la familia, del euro, de lo que quieras, tiene siempre utilidades secundarias muy precisas: permanecer en el miedo.

      Después de "Apátrida” y “Spam”, ¿cómo evolucionó la indagación sobre la música o las líneas sonoras en tus obras?

      Yo no hablaría de “evolución” en ningún caso que tuviera que ver con intenciones artísticas. En todo caso, hablaría de persistencia, de repetición, de sistematización. El aspecto musical de mis obras crece tal vez en la misma medida que decrece mi interés por lo visual. Tal vez porque viví en mis primeros años un sacudón de eso que se llamaba teatro de imagen y ahora se me antoja como una posición esteticista y un poco vacua. Hace tiempo que mis obras hacen música con las palabras, que es lo que pretende toda poesía, no sólo cuando aparecen explícitamente sostenidas por las músicas de Zypce (el músico que lo acompaña). Tanto Apátrida como Spam son música de sólo leerlas. En Tres finales hay música barroca, en algún caso, intervenido.

      ¿Por qué llegás a interesarte en el cine primero como actor y no como guionista o director?

      El cine es fabuloso, pero no podría pensarme dentro de él más que como actor. Tengo una necesidad urgente de producción, me gusta estar en movimiento, pensando, es mi manera de estar en el mundo. Y para hacer una película necesitaría al menos entre 5 y 8 años para concebir y desarrollar un proyecto, juntar el dinero, los socios, los créditos, etc., para llevarlo a cabo. Me resulta impensable.

      ¿Cómo son hoy tus etapas de escritura?

      Están atravesadas, por un lado, por lo improbable, y por otro, por lo sistemático. Lo sistemático suele ser que recibo pedidos de escritura que me estimulan y que provienen de muy diversas fuentes, sobre todo de instituciones y teatros europeos. Es la manera de financiar mis propias producciones aquí en el circuito independiente, que es riquísimo pero que adolece de todo tipo de falencias a la hora de pagar tus cuentas. Así es que trabajo mucho dando seminarios afuera y reutilizo esas investigaciones en proyectos concretos, que luego fantaseo siempre con montar en mi ciudad. Esa es la parte sistemática y ordenada de mi supervivencia en el arte. La otra, la improbable, tiene que ver con lo azaroso: nunca sé del todo bien qué imagen, qué idea se va a cruzar con qué destino concreto.

      ¿Escribís a partir de una idea, una estructura, una imagen?

      Siguiendo a mi maestro (Mauricio) Kartun, primero está siempre la imagen. La imagen no “quiere decir”; ella simplemente “dice”, y su manera de hablar es singular, está rebosante de matices, no se la puede lexicalizar fácilmente, y por eso incita al creador a buscar una forma que la transmita. Así que me dejo guiar por mis caóticas imágenes. El puñado de imágenes iniciales puede resultar siempre medio flaco a la hora de leer la pieza terminada: en Tres finales son un cuadro mal restaurado en un pueblito en Zaragoza, los “Angry birds”, una plaquita recordatoria de un incendio en un teatro…


      Mirá también

      ¿Hay que desprenderse de las tradiciones y la recreación trunca de los clásicos para que subsista cierta vitalidad de la escena?

      La tradición suele ser la coartada perfecta con la que la cultura atrapa al arte. Su tensión es dialéctica: es buena y mala al mismo tiempo. No sirve rendir pleitesía a la tradición y revivir con instrumentos nuevos las formas muertas, como suele hacer Europa con sus clásicos sin chistar; pero tampoco es buen proceder desconocer sistemáticamente los pasos de quienes nos han precedido, como habitualmente sucede en la Argentina con sus artistas notables, Armando Discépolo, Florencio Sánchez. Creo que lo más equilibrado es comprender que en la raíz de toda tradición anida una pequeña revolución, y es ésta la que hay que descubrir. Cada clásico lo es a su manera porque ha roto algo que lo precedía. Y eso es lo que deberían enseñarnos esas obras monumentales. La tradición bien puede ser la de la ruptura de lo anterior, dado que el arte sigue buscando eternamente las soluciones para los mismos problemas del hombre.

      Acabás de ser padre por segunda vez. Y una de las preocupaciones de tus obras siempre es el lenguaje. ¿Cambió tu mirada sobre la lengua al ser testigo del aprendizaje de tus hijos?

      Por supuesto. Siempre di a la lengua por sentada. Convivir con tus hijos, sobre todo cuando ellos aún no tienen lengua, es una experiencia fascinante. Aprender a hablar es aprender a estar en el mundo. Es una experiencia conmovedora. En El fin de la realidad (una de las obras breves de Tres finales) hay un pequeño homenaje a un momento muy especial que viví con mi hijo Antón. Cuando tenía un año era todavía incapaz de tomar una cuchara y meterse la comida en la boca sin hacer un desastre. Sin embargo, podía tensar la gomera en el juego Angry Birds y arrojar unos pájaros contra unos cerdos que les habían robado sus huevos. El argumento es demencial. Mi hijo, que nunca tendrá una gomera en sus manos, conocerá la sensación del elástico tensado antes en la virtualidad que en la vida real. Estas experiencias son las que constituyen el lenguaje. Y en eso pensará mi hijo cuando diga “gomera”.


      PROYECTOS SPREGELBURD

      Rafael Spregelburd sigue con las funciones de Apátrida, con Zypce, todos los lunes, a las 21, en El Extranjero (Jean Jaurés 858). En mayo estrenará en Bruselas su obra Philip Seymour Hoffman, por ejemplo con el grupo Transquinquennal. Además, prepara la secuencia completa de “finales” en una obra de tres noches de duración que se llamará El fin de Europa. La estrenará en el Théâtre National de Caen, en Francia, luego en Génova y enLiege a partir de septiembre de 2017.

      PROGRAMACIÓN TACEC 2016

      El TACEC (Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino) continuará su programación 2016  el 5 y 6 de julio con  Joseph, obra de Alessandro Sciarroni, director y performer italiano. El 14 de agosto, debutará El viento que arrasa, con libro y dirección de Beatriz Catani. Y el 26 de octubre Romina Paula estrenará Cimarrón






      Sobre la firma

      Juan José Santillán
      Juan José Santillán

      jsantillan@clarin.com

      Bio completa

      Tags relacionados