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05.04.2013 | Género

¿Existe el instinto maternal?

Algunas mujeres parece que "nacen" para tener bebés. Otras ven a la maternidad como algo posible, pero no obligatorio. Y siempre están las que (aún sin tener hijos) sabrían a la perfección cómo cuidarlos, cuándo darles de comer, qué hacer si lloran... En fin, ser mamá: ¿es una cuestión de instintos?

Lic. Laura Gutman
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El “instinto” de proteger, cuidar, nutrir y amparar a un hijo sólo puede manifestarse en la medida que ese hijo exista y tengamos una relación amorosa con él.

Ahora bien, ¿necesitamos el instinto materno para quedar embarazadas? No, definitivamente no tiene nada que ver una cosa con la otra. Quedamos embarazadas porque somos fértiles, porque hemos tenido contacto sexual con un hombre y porque hace parte de la naturaleza humana. El instinto aparece más tarde, cuando el niño nace. A partir de ese momento, hay un bebe necesitado de cuidados maternos que despierta nuestra capacidad de amar.

Pero, una vez que el niño ha nacido, ¿siempre aparece el instinto materno? ¿Por qué muchas madres no sentimos “eso” en relación a nuestros hijos?  Porque nuestra capacidad de protegerlo y ampararlo depende de la represión sexual que hemos vivido a lo largo de toda nuestra vida, del desamparo en el que hemos permanecido sometidas durante nuestra infancia y de la moral, el autoritarismo afectivo y la rigidez que aún hoy persisten y hacen parte de nuestra manera de ser.

Una vez que tenemos al niño real en brazos nos encontraremos con nuestra capacidad o incapacidad de cuidarlo, según nuestra historia emocional pasada, de la que generalmente no tenemos un claro registro. De todas maneras, la función materna se puede aprender buscando referentes externos, siempre y cuando reconozcamos que nos resulta difícil responder a las demandas del niño pequeño.

En todos los zoológicos del mundo se sabe que cualquier mamífera hembra criada en cautiverio tendrá pocas chances de concebir y dar a luz a su cría. Luego, si lo logra, difícilmente “la reconozca” como propia y posiblemente tenga dificultades para amamantarla y protegerla. Pero los cuidadores del zoológico la ayudarán y la cría normalmente sobrevivirá. Lamento estas comparaciones, pero a las mujeres nos sucede algo parecido: atravesamos los embarazos totalmente despojadas de nuestro saber interior y luego parimos en cautiverio: atadas, pinchadas, amenazadas y apuradas.

Entonces, después de producido el nacimiento, nos sucede que desconocemos a nuestra cría. Las madres tenemos que hacer un esfuerzo intelectual para reconocer a ese hijo como propio, con la culpa y la vergüenza de pensar internamente que quizás no tenemos ese valioso “instinto materno”.

¿Puede una madre tener una fluidez extraordinaria para responder intuitivamente a las necesidades del bebé? Sí, claro, ¡pero tiene que provenir de una infancia ideal! Si hemos recibido suficiente amparo, contacto corporal, palabras cariñosas, mirada exclusiva, pechos, disponibilidad emocional y explicaciones a lo largo de toda nuestra infancia, es mucho más probable que respondamos instintivamente a las demandas del niño pequeño. Caso contrario, necesitaremos apoyos externos que nos guíen hacia el amor,  y nos liberen de los prejuicios.


Por Laura Gutman, psicoterapeuta familiar especializada en la atención de madres, fundadora y directora de "Crianza". www.lauragutman.com.ar


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