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      La Malinche: la historia secreta de la esclava que enfrentó al hombre más poderoso de su mundo

      Esclava e intérprete de dos mundos, fue acusada de traidora al pueblo azteca. La historia menos conocida de una mujer que se construyó a sí misma.

      La Malinche: la historia secreta de la esclava que enfrentó al hombre más poderoso de su mundoLa Malinche, por el mexicano Diego Rivera.

      Malinalli fue bautizada por su abuela paterna, pues la tradición indicaba que debía hacerlo la partera que había traído la hembra al mundo. La ceremonia se realizó a la hora en que salió el sol. La niña estaba ataviada con un huipil y unas alhajas pequeñas que su abuela y su madre habían elaborado personalmente para ella. (...) Pasó el incienso por debajo del cuerpo de la nieta, quien era sostenida en vilo por las manos de sus padres, que la ofrendaban al viento. La pequeña figura, recortada sobre el azul del cielo, pronto se cubrió con el humo del copal, signo de que había comenzado su purificación”. Fragmento de la novela histórica, La Malinche (2006), de Laura Esquivel.

      Cuando Malinalli Tenépatl nació, aproximadamente en 1502, el extenso territorio al que había llegado Cristobal Colón 10 años antes y al que los europeos llamaron América tenía una población aproximada de 80 millones de habitantes. El continente estaba integrado por pueblos que pertenecían a distintos grupos étnicos que hablaban diferentes lenguas. La diversidad de estos pueblos originarios también se observa en los distintos tipos de organización social, política y económica.

      En el momento del desembarco de los españoles, existían dos Estados muy poderosos: el Imperio Inca y el Imperio Azteca, del que el pueblo de Malinalli era súbdito. Una tercera sociedad, también muy avanzada, era la de los mayas. A su vez, en zonas cercanas a estas culturas existían muchos pueblos de agricultores, pero aún no habían alcanzado un grado de desarrollo del nivel de las anteriores. En tercer lugar, en América habitaba un gran número de pueblos que vivían de la caza, la pesca y la recolección de alimentos.


      La esclava que se enfrentó al hombre más poderoso de su mundo

      Malinalli nació en Oluta, al sur de Veracruz, actual México. Acerca de la niña que nació libre, pero cuando tenía entre 8 y 12 años, fue vendida o regalada como esclava, se han tejido muchas suposiciones, debido a la falta de fuentes históricas de su niñez. Muchos creyeron que al morir su padre, siendo Malinalli muy pequeña, su madre volvió a casarse y su hija pasó a ser una molestia en la nueva vida. Por esto, se dijo que la vendió a traficantes de esclavos.

      “Este argumento no tiene sentido, lo más probable es que la eligieron porque su madre era la concubina de un noble, que como tal no tenía ningún poder, y la mayoría de las veces, se elegían para entregar como rehenes al enemigo. En general se ofrecían las hijas de alguien que no tenía el poder para defenderlas. Incluso podría ser que simplemente fuera secuestrada o tomada por la fuerza, pero esto parece poco probable. Lo más factible es que su propia gente la hubiera entregado en un esfuerzo para lograr la paz y evitar la guerra con algún pueblo”, opina la doctora Camila Townsend, profesora de historia de la Universidad de Rutgers, Estados Unidos.

      En los pueblos originarios, era una costumbre tradicional que se ofrecieran mujeres para pactar con el enemigo, de modo que el vencido regalaba una mujer para ampliar la tribu, sellar una alianza y evitar el conflicto militar.

      Lo cierto es que Malinalli perdió su libertad cuando la entregaron en son de paz, o la compró un hombre noble, en el mercado de Xicalango. La niña pasó a ser una tlacotli (esclava) en la localidad de Potonchán, un territorio maya. Era la sirvienta y concubina de un hombre importante, despojada de todos los derechos, su vida transcurría entre el trabajo y la sumisión. Sin embargo, desde el lugar más bajo del estrato social de un pueblo que no era el suyo, aprendió la lengua maya, una herramienta poderosa que iba a cambiar su aparente destino esclavizado.

      El sueño de la Malinche (1939), de Antonio Ruiz. La pintura muestra elementos arquitectónicos y naturales inspirados en la ciudad de Cholula, considerada la más antigua de América. Crédito: MALBA.El sueño de la Malinche (1939), de Antonio Ruiz. La pintura muestra elementos arquitectónicos y naturales inspirados en la ciudad de Cholula, considerada la más antigua de América. Crédito: MALBA.


      El encuentro con el conquistador español y futuro padre de su hijo

      En 1519, el español Hernán Cortés exploró las actuales costas mexicanas. Pronto llegaron los rumores, también a Potonchán, de estos “hombres extraños, dioses o demonios”, que venían del otro lado del mar. Al poco tiempo, el futuro conquistador y su tropa derrotaron a los nativos en Centla, quienes le “regalaron” a los extranjeros 20 mujeres; entre los “regalos” se encontraba Malintzin que, en un abrir y cerrar de ojos, había cambiado de dueño. Esta vez, “la suerte” cayó del lado de los invasores: ahora era la esclava de otro pueblo extraño.

      Las nativas, que tenían sus propios dioses, y su propio bautismo, fueron rebautizadas bajo los ritos de la religión católica, algo tan ajeno a ellas como sus nuevos dueños. Malinelli fue bautizada como Marina. “Como a los aborígenes les costaba pronunciar la ere, la llamaban Malina; y como era la portavoz del grupo, la percibían como alguien importante, para honrarla le agregaron tinz y empezaron a llamarla Malintzin. Posteriormente, los españoles corrompieron su nombre a la Malinche”, dice la profesora Townsend.

      En ese período, la violencia y la conquista del imperio, por el lado de los españoles, recién empezaban. Moctezuma, el tlatoani del Imperio azteca, sabía del avance de los invasores; mandó emisarios en busca de información e intentar disuadirlos por medio de regalos.

      Cuando se produjo el encuentro, un náufrago español que había sido prisionero de los mayas podía oficiar de traductor. Pero la lengua de los aztecas era náhuatl, un lenguaje completamente desconocido para el traductor Aguilar. Era evidente que no podrían comunicarse. En ese momento, para sorpresa de los hombres, surgió algo imprevisto.


      La intérprete de mundos

      La lengua nativa de Malintzin era el náhuatl y, como había aprendido maya, fue el eslabón entre los dos mundos. Comunicó a los españoles que los emisarios eran mexicas, enviados por el tlatoani Moctezuma de Tenochtitlán. Para ella, los mexicas eran sus enemigos, los opresores a los que su pueblo rendían tributos.

      Con la doble traducción, españoles y aztecas pudieron comunicarse: Aguilar traducía del español al maya y “Marina”, del maya al náhuatl. Con el tiempo, ella también aprendió español, y acompañaba a Cortés en todas las negociaciones, a tal punto que al conquistador le decían “el Malinche”.

      La estrategia más fuerte de Cortés para avanzar hacia Tenochtitlán, capital del Imperio azteca, y actual Ciudad de México, era formar alianzas con los pueblos bajo el dominio imperial. Con la colaboración de Marina, como intérprete, se lograron alianzas de nativos, como los tlaxcaltecas y totonacas, que fueron el número más importante en el ejército de Cortés.


      El arribo a la mágica Tenochtitlán

      Cuando el 8 de noviembre de 1519 los conquistadores llegaron a la capital del imperio se quedaron maravillados con la imponente ciudad palaciega, construida sobre islotes en el lago Texcoco, por lo que Cortés la comparó con Venecia.

      En el encuentro de los dos hombres que en ese momento eran el símbolo de mundos diferentes, Marina era el puente que analizaba e interpretaba la conversación. Todos los súbditos tenían prohibido mirar a los ojos al tlatoani, pero aquella “descarada” no sólo lo miraba, sino que hablaba de tú a tú con el hombre más poderoso de su mundo y en representación del extranjero del que era su esclava.

      Moctezuma, finalmente, decidió no luchar. Sin embargo, después que los españoles asesinaran a un grupo de aztecas, en ausencia de Cortés, el emperador decidió dar batalla.

      En la matanza de la llamada “noche triste”, Moctezuma murió, los españoles se retiraron de la ciudad.

      Luego de reorganizar su ejército, Cortés volvió a la carga. Se dice que Malintzin intentó convencer al nuevo emperador y a funcionarios de alto rango que se rindieran, pero era demasiado tarde.

      El 13 de agosto de 1521 los mexicas perdieron la batalla; Tenochtitlán, la ciudad mágica, fue destruida junto con sus templos, palacios y símbolos. Sus habitantes abandonaron la capital del imperio, atrás quedaban sus vidas y el patrimonio cultural que supieron conseguir. Sin embargo, las ruinas de esta cultura aún siguen asombrando al mundo y en 1987 la UNESCO declaró al sitio Patrimonio de la Humanidad.


      El vínculo ¿amoroso? entre la nativa y el conquistador

      Después de la caída del Imperio azteca, Malintzin y Cortés pasaron juntos un tiempo más. Tuvieron un hijo, Martín, y fue, en Mesoamérica, el primer mestizo “oficial” entre una nativa y un conquistador. Aún siendo muy pequeño, su padre lo llevó con él a España. Se cree que para Marina éste fue el golpe más triste de su vida.

      El historiador Federico Navarrete dice con respecto al vínculo íntimo entre ambos: “Hay varias novelas que han hablado de romance profundo y tal, yo creo que, en ciertos momentos de la historia, sexo y amor no tienen nada que ver. En una situación de tanta desigualdad, de tanta diferencia cultural, yo no apostaría nada por los sentimientos de la Malinche ni de Cortés. Para ella, también, establecer la relación sexual con Cortés era la manera de consolidar un status social diferente al de las demás mujeres”.

      Por su parte, la profesora de Historia de América Prehispánica Izaskun Cuartero opina “yo creo que Cortés utilizó a la Malinche porque era otro paso más para poder estructurar toda la conquista”.

      La Malinche, injustamente, fue acusada de traidora al pueblo azteca por los hombres que escribieron la historia después de la Independencia de México. En la actualidad, su figura está siendo reivindicada como el arquetipo de la mujer que se construye a sí misma y evoluciona. La Malinche, una mujer del futuro que personificó por adelantado la figura intermedia entre las dos culturas. Ni más ni menos que la esencia de la identidad mexicana.

      Por Patricia Lasca, profesora de historia.


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