• En la película francesa, Bárbara y Nicolás tienen una beba, Lea. “¿Por qué nadie me dijo nada?”, se queja ella a partir de las transformaciones que sufren su cuerpo y su vida. “Un suceso feliz”
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19.07.2012 | El lado B de ser mamá

Para las mujeres, quejarse de sus bebés dejó de ser un tabú

Muchas ya se animan a hablar mal de la carga que implica la crianza. El tema también se refleja en el cine y el teatro. Y hay cada vez más libros que abordan este costado “incorrecto” de la maternidad.

Mariana Iglesias / Clarín - Sociedad
miglesias@clarin.com
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“Quiero un bebé tuyo ... hagámoslo”; “Me siento poseída, habitada por un alien”; “El no puede imaginarse ... soy un huracán hormonal”; “No puedo ser infeliz, la maternidad es hermosa ¿verdad?”; “Me siento tan sola ... estoy confundida”; “No siento ningún placer ... estoy agotada” . Bárbara y Nicolás recorren el circuito más convencional del amor: se enamoran, se van a vivir juntos, buscan un bebé. Pero nunca nada es tan lineal, y esa etapa, imaginada como perfecta, no lo es. De eso trata la película francesa “Un suceso feliz”. Muestra que la maternidad, siempre edulcorada y puesta en el casillero de la felicidad, tiene otro costado, mucho más denso y oscuro. De la mano de un puñado de películas, obras de teatro y libros, de a poco, “el lado B de la maternidad” va dejando de ser tabú.

Son miles las recomendaciones y opiniones que escucha una mujer desde el instante mismo en que ventila su embarazo, pero entre las incontables sentencias jamás se cuela lo negativo, como si nadie osara estropear algo sagrado.

Casi indignadas por esta falta de información previa y la sorpresa que despierta ese nuevo ser, las periodistas Ingrid Beck y Paul Rodríguez publicaron “Guía inútil para madres primerizas”, donde dicen cosas como: “Durante nuestros primeros meses como madres primerizas, nos topamos con un cúmulo de frases hechas y supuestas verdades sobre la maternidad. Descubrimos una gran hipocresía y falta de tolerancia hacia las mujeres –desde la absoluta incapacidad de los ambientes laborales para adaptarse a la vida de una madre de un niño menor de un año hasta la descalificación permanente de todo lo que a una le pasa y siente, con el famoso y condescendiente ‘estás nerviosa’– y notamos la escasa inclinación de todo el mundo para reconocer que en verdad nadie sabe nada sobre cómo criar un hijo: una simplemente lo hace, como mejor le sale y más o menos adentro de lo que considera sus parámetros normales, ideológicos, intelectuales o lo que sea”.

“Lo que más me angustiaba era no saber cómo hacer para retomar mi vida laboral, mis proyectos, cómo hacer para compatibilizar eso con criar un bebé. Creo que una se calla esa angustia o no se muestra infeliz porque el tabú es ése: no sentirse feliz. Lo de “nadie me avisó”, creo que refiere a la sorpresa de ver que las cosas no son tan felices. Es una felicidad un poco más compleja”, dice Paula a Clarín. “Nadie te lo cuenta como realmente es. Por piedad o por sadismo, te lo ocultan”, agrega Ingrid.

Otra periodista que se sentó a escribir es Sonia Santoro. El título de su libro es elocuente: “Y un día me convertí en esa madre que aborrecía”. El comienzo, también lo es: “Recuerdo el primer año de la maternidad como una larga resaca. Tan negra como una temporada de consumo intenso de drogas”. El prólogo es de otra periodista, Sandra Russo, que dice: “Mi hija nunca durmió más de tres horas seguidas hasta su año y medio. Fue un período de mi vida en el que me recuerdo mala, resentida e irascible. Me sentaba en la cama a la madrugada, después de haberme levantado ya dos o tres veces para hacerla dormir, y fabulaba con la idea de armar una valija y escapar. Me dormía pensando en hacer abandono de hogar...”.

Encima la mujer sigue sumando actividades y es muy poco lo que resta, aunque tenga un marido. Por suerte, lo dice un hombre: “La mujer gesta, la mujer pare, la mujer tiene un puerperio, la mujer amamanta, la mujer trabaja, la mujer deja un trabajo si el hijo está enfermo, la mujer deja su vida social, la mujer no duerme, la mujer..., la mujer..., la mujer... El hombre no gesta, no pare, ni amamanta, no deja su trabajo, disminuye apenas su cantidad de descanso, modifica ligeramente su vida social y, en todo caso, pierde su vida sexual. En nuestra sociedad, seamos honestos, los hombres prácticamente no modifican su vida por el nacimiento de un hijo”, escribió Mario Sebastiani en el libro “¿Por qué tenemos hijos?”. Este obstetra del hospital Italiano es de los que avisan, al menos en sus publicaciones: “Embarazo, ¿dulce espera?”; “Claroscuros del embarazo, el parto y el puerperio”; “Lo que nadie te contó del embarazo y del posparto”. Un título similar lleva la obra de teatro de la terapeuta familiar Laura Gutman: “Postparto. Nadie te dijo que iba a ser así”.

Nadie avisa... Dice el psicoanálisis que una mente sana tiende a olvidar los malos recuerdos. Será por eso... Y porque vale la pena.


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