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13.06.2012 | Tercera edad

El envejecimiento de los padres

Vamos creciendo y el ciclo de la vida nos presenta situaciones nuevas, difíciles de transitar: asistir al envejecimiento de los padres es un momento que nadie transita sin contradicciones. La licencinada Mariana Kesselman reflexiona sobre el tema.

Georgina Elustondo
gelustondo@clarin.com
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¿Cómo se sienten los padres con la vejez?

La vejez es una etapa vital cuyo comienzo se sitúa entre los 60/ 65 años, y que finaliza con la muerte biológica. Como en las demás etapas de la vida, es una etapa de cambios permanentes, con situaciones que implican pérdidas, crisis y reorganización de un proyecto. Los cambios en la vejez son biológicos (dificultad en la locomoción, menor resistencia a las infecciones, se resienten la vista y el oído, etc.), psíquicos (se reduce la capacidad de aprendizaje, hay más cansancio y una progresiva pérdida de la memoria reciente) y sociales (la pérdida de coetáneos y la jubilación, principalmente). Pero el impacto que la vejez tiene en cada persona depende de su personalidad y de las condiciones en que vive: hay personas que toman la vejez como una oportunidad para desarrollar proyectos postergados o disfrutar de la vida con otros tiempos; y otras que la viven con un fuerte impacto psicológico, creando muchas veces un estado de disminución de la autoestima, con inseguridad y extrañeza de la identidad.

¿Es un momento de crisis a nivel psicológico?

Sin duda. Es un momento de crisis y fragilidad personal, porque las pérdidas ocupan la primera escena. Hay que dar de baja muchas cosas, fundamentalmente, la juventud. Según cómo sea esa persona, se encontrará apartada, ensimismada o irritada. 

¿Cómo afecta a los hijos el envejecimiento de los padres?

Ver a los padres envejecer no es fácil. Por un lado, los padres dejan su papel “central” en la familia y los hijos pasan a ocupar el primer plano. La aceptación de esta inversión de roles requiere padres que puedan ir legando en sus hijos este protagonismo e hijos que puedan y quieran ir tomándolo. Esto se dificulta en familias con padres con un liderazgo importante y genera miedos e incertidumbre. Por otro lado, en nuestra cultura hay una imagen desfavorable de la vejez, que se asocia con enfermedad, carencias económicas, decadencia física o psíquica, por lo que el envejecimiento despierta en padres e hijos, sentimientos encontrados. A veces los hijos niegan todos estos procesos y tratan a los padres como si fueran eternamente jóvenes, demandando en exceso y obviando la necesidad de cuidado. Si estos sentimientos se incrementan o perpetúan en el tiempo, puede señalar una dificultad en asumir la realidad y es aconsejable la consulta con un profesional.

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestros padres en esta etapa de su vida?

En principio, hablar con nuestro familiar sobre las dificultades de este momento. Poner en palabras lo que está sucediendo alivia a padres e hijos. Es importante generar un ámbito donde se puedan poner de manifiesto los sentimientos. En caso de que no se pueda hablar (porque el familiar no quiera o pueda, por falta de cultura familiar al respecto), se le puede sugerir una consulta con un profesional. También es importante acudir al médico de cabecera o médico geriatra, que ayude a comprender mejor la situación y asesore en cuanto a recursos disponibles.

Otro tema fundamental es la reorganización del ámbito cotidiano. Ayudar a acondicionar el hábitat en función de las necesidades de cada momento: si hay disminución visual, mejorar la iluminación; reducir los obstáculos en el camino de la cama al baño para evitar tropiezos nocturnos; tornar más seguro el cuarto de baño, donde suelen producirse la mayor cantidad de caídas (poner barrales en la ducha y pisos antideslizantes).

También es importante, en caso de ser necesario, hablar con su familiar acerca de la conveniencia de contar con una persona que pueda auxiliarlo en algunas tareas o acompañarlo  durante el día o la noche.

En el caso de que el familiar presente una enfermedad importante, hay que tener un diagnóstico preciso. Busque un profesional de cabecera que lo haga sentir conforme y contenido. Pregunte las características de la enfermedad, su evolución y pronóstico, y las modificaciones que puede conllevar a nivel de la personalidad y las emociones. Tomar conciencia de los distintos aspectos permitirá una mejor planificación familiar. En determinadas enfermedades con trastornos cognitivos, como el Alzheimer, Parkinson, demencias y determinadas patologías tumorales, las conductas que presentan los enfermos son involuntarias. La actitud negativa, la pérdida de memoria, la pasividad, los trastornos de comportamiento son sólo síntomas de la enfermedad. No lo tome como algo personal.

Puede recurrir a servicios e instituciones especializadas en el cuidado de los mayores: cuidadores domiciliarios, clubes, hogares u hospitales de día, residencias geriátricas de estadía parcial o total, grupos de apoyo a familiares, asociaciones que se ocupan de enfermedades específicas, etc.

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