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      El Big Stick de Donald Trump y el laberinto de Europa en Irán

      La ruptura unilateral del acuerdo atómico de Viena y la reimposición de sanciones a Teherán complica los negocios europeos en ese país y agrega el temor de una guerra que encienda totalmente Oriente Medio. 

      El Big Stick de Donald Trump y el laberinto de Europa en IránTheodore Roosevelt. El ex presidente norteamericano del gran garrote. Espejo de este presente?

      Si aquel legendario crítico de la “quimera ideológica” del atlantismo, Charles De Gaulle, estuviera hoy entre nosotros celebraría, aunque con previsible cautela, el abismo que acaba de crear Donald Trump entre EE.UU. y Europa. La cancelación unilateral del acuerdo atómico con Irán construyó un extremo de disidencia entre las dos orillas atlánticas que no se veía desde 2003. Entonces, la mayoría de las naciones de Europa se alzaron contra la invasión a Irak y la narrativa falsa de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein con la cual Washington buscó justificarla.

      Recordemos que en esos años el actual premier israelí Benjamín Netanyahu defendió como cierta en el Congreso de EE.UU. la fábula del arsenal del dictador de Bagdad. Del mismo modo que acaba de revelar que Irán ha construido un programa clandestino para producir cinco bombas nucleares y esgrimió para sostenerlo antiguos archivos con biblioratos y cd’s expuestos como secretos de alto espionaje en una dramática presentación televisiva.

      Donald Trump y sus decretosDonald Trump y sus decretos

      Pese a esa extravagancia la información formó parte de los fundamentos de Donald Trump para avanzar contra el pacto de Viena firmado por su país y otras cinco potencias en 2015 para congelar el desarrollo atómico de Irán. Su flamante canciller Mike Pompeo la dio como cierta también y del mismo modo el nuevo asesor de Seguridad Nacional John Bolton, uno de los históricos defensores de la noción de las armas de destrucción masiva de Hussein y quien llegó a denunciar la existencia de laboratorios de armamento químico en Cuba. Ese desdén por lo que es o deja de ser explica que en su discurso, Trump haya argumentado que Irán es un Estado terrorista que -- como todo el mundo sabe--, fue el patrocinador de Al Qaeda, la red a la que se acusa de los atentados en Nueva York. Una desmesura que equivaldría a sostener que la URSS y EE.UU. eran socios en la Guerra Fría o que el ISIS es una guerrilla castrista.


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      El derrape más serio de esta movida es el de reponer sanciones contra la potencia persa cuando los organismos especializados de la ONU sostienen que el pacto de Viena se esta cumpliendo. Es lo que también señalan los gobiernos europeos, aliados de Washington. Es decir se penaliza sin que esté el delito con el agravante de que EE.UU. acaba arropando al régimen persa que es castigado pese a haber cumplido. La paradoja es que Irán consigue una sociedad estentórea con los mayores socios estratégicos de Washington.

      El presidente iraní Hassan RohaniEl presidente iraní Hassan Rohani

      Es una desprolijidad, por decir lo menos, a la que se opuso el jefe del Pentágono Jim Mattis (“ningún problema en Oriente Medio será sencillo de resolver con un Irán con armas nucleares”) y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Joseph Dunford, ambos sin ser oídos. Trump pasa por encima de esas disidencias porque lo que busca es garantizar una victoria a Israel y a Arabia Saudita que reduzca la autonomía de la teocracia de Teherán sobre Siria, Líbano y Yemen. Pero también, escribir su marca sobre los legados de su antecesor Barack Obama.

      Esta ruptura del atlantismo (“La época en que podíamos contar con EE.UU. ha pasado”, sentenció Angela Merkel) es de una magnitud aun superior a la que se verificó en 2003. Entonces España y Gran Bretaña se enfilaron junto a la aventura de Washington en Irak. Pero ahora la unidad de Europa es completa, incluyendo a Londres. Irán puede presumir que logró reunir lo que el Brexit había dividido e incluso disparar un aislamiento sin precedentes de la potencia norteamericana.


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      Las sanciones que ha anunciado Trump tienen el agregado de penalidades secundarias que se extenderán a cualquier empresa del mundo que negocie con Teherán. La medida guarda reminiscencias del primer Roosevelt, Teddy. En su corolario de 1904 a la doctrina Monroe se reservaba el derecho a intervenir a cualquier nivel y en cualquier país donde se considerara que estuvieran en peligro los intereses estadounidenses. Para los europeos es el regreso inadmisible de un big stick. “EE.UU. no puede otorgarse el papel de gendarme de la economía del planeta”, aviso el ministro de Finanzas de Francia Bruno Le Marie, quien llamó a Europa no convertirse en “el vasallo de Washington”. Los tonos y las palabras importan aunque parezcan, -o quizá por eso mismo, el eco de otros tiempos.

      Europa puja en dos niveles para suturar la herida que ha abierto Trump. Por un lado serenar el escenario ante el riesgo de que Oriente Medio se despeñe a una guerra de magnitud y perfil internacional. Si ese destino se verifica lo será frente a las puertas del Continente. De eso hablaba Merkel cuando el último jueves remarcó que “Siria tiene fronteras prácticamente con la UE al estar cerca de Chipre”. El segundo nivel es el de la libertad de negociar de las empresas europeas en Irán donde han aprovechado al máximo las ventanas que abrió el pacto de 2015. Ese acuerdo que impulsó Obama pretendía, precisamente, que la modernización y crecimiento de la potencia persa derramara el efecto de apagar sus perfiles más primitivos. La teoría quedaba probada con la instauración de un presidente moderado como Hassan Rohani.

      Para ambos objetivos, Bruselas necesita flexibilizar al régimen persa y el camino para ello es el de la garantía de las inversiones como contraprestación. Fuentes iraníes desde Teherán dijeron a esta columna que el pacto de 2015 no será revisado: “Nuestros vecinos no son Alemania o Austria...”, afirmó en relación a su desarrollo misilísticos. Pero hay mucho “por discutir de cuestiones regionales”, un término de intencionada amplitud. Se espera una tregua inminente en Yemen, señalaron, lo que de producirse sería una señal de esta détente. Respecto de Siria, Teherán busca que se regrese a la conferencia de Ginebra entre el régimen de Bashar al Assad y la oposición sin descartarse nuevas elecciones. La cuestión del país árabe es clave para explicar esta ofensiva. Irán consolidó ahí su poder y lo extendió al resto de la región a caballo de la guerra que es lo que se busca revertir con estas medidas.

      El atlantismo. Charles de Gaulle en una foto de 1941. APEl atlantismo. Charles de Gaulle en una foto de 1941. AP

      Irán pretende que se mantenga el status quo actual. “Europa deberá hacer algo legal para preservar sus inversiones. De eso queremos saber, no solo palabras, algo que sea tangible”, dijo el informante. “De nuestra parte estamos coordinando las Bolsas de Irán con las europeas y eludimos el uso de dólares, con pagos directamente en oro, por eso esta subiendo el metal en Irán”, agregó. La UE tiene alternativas para preservar los negocios a través del Banco Europeo de Inversiones. No es claro si las empresas tomarán ese sendero. En cualquier caso, la impactante ofensiva militar de Israel de este jueves sobre blancos iraníes en Siria expone hasta qué extremos se intenta evitar ese desarrollo y presionar a Irán, especialmente a sus sectores nacionalistas, a que se lancen a esa gran guerra que obligue a Bruselas a alinearse con Israel.


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      Por ahora Teherán no entró en ese juego, pero la crisis ya tiene su propia dinámica. Netanyahu comparó en Moscú a Irán con el Tercer Reich de Hitler y avisa que está dispuesto a golpear tanto a Siria como a la república persa. Hace quince años otro gobierno moderado iraní que lideraba Mohammad Khatami y tenía como funcionario negociador del capítulo nuclear a un más joven Rohani, chocó contra la negativa de George W. Bush a avalar una propuesta de abrir a inspecciones el programa atómico y negociaciones comerciales con Francia y Reino Unido.

      Poco después se supo el motivo de ese rechazo. Bush anunciaba el ataque a Irak y ponía en el blanco del eje del mal a Irán (y Corea del Norte). La noticia fortaleció a los ultranacionalistas que ganaron el poder, rompieron toda previsibilidad y fueron el pretexto del resto del mundo para condenarlos. La historia no se repite pero rima, decía quizá irónico Mark Twain.w CopyrightClarín2018


      Sobre la firma

      Marcelo Cantelmi
      Marcelo Cantelmi

      Editor Jefe sección El Mundo mcantelmi@clarin.com

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