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      El cambio climático y la crecimiento de la construcción agravan el impacto de los incendios en Estados Unidos

      La costa oeste está siendo devorada por el fuego. En California han ardido ya 900.000 hectáreas, la mayor superficie quemada registrada en un año en el estado.

      El cambio climático y la crecimiento de la construcción agravan el impacto de los incendios en Estados UnidosImagen del puente Bidwell Bar sobre el Lake Oroville de California. Foto AP

      Desde el estado de Washington, en la frontera con Canadá, hasta San Diego, a las puertas de México, la Costa Oeste de Estados Unidos está siendo devorada por el fuego.

      Agravados por los vientos y la sequía, la actual serie de incendios forestales es de una amplitud sin precedentes. Pero, por terribles que sean las cifras de este inicio de la temporada de incendios, sin cambios en las políticas actuales todo indica que simplemente serán mejores que las de los años por venir. “Me gustaría que los incendios del 2020 fueran una anomalía”, pero “por desgracia son un barómetro del futuro”, advierte la gobernadora de Oregón, Kate Brown.

      En California han ardido ya 900.000 hectáreas, la mayor superficie quemada registrada en un año en el estado, y la temporada de incendios no ha hecho más que empezar. Solo el August Complex Fire , un megaincendio compuesto por 37 fuegos diferentes que comenzó el 17 de agosto con la caída de un rayo en el bosque de Mendocino, ha arrasado más de 300.000 hectáreas. Se han contabilizado 15 víctimas mortales, pero las autoridades temen que el recuento empeore ya que hay amplias zonas devastadas a las que aún no se ha podido acceder.


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      En Oregón 40.000 personas han sido evacuadas. Las llamas han devorado cinco ciudades enteras al sur de Portland y medio millón de personas más están preparadas para abandonar sus casas en cualquier momento. Entre las decenas de miles de evacuados en California están los residentes del condado de Butte, escenario del incendio que en el 2018 redujo a las cenizas Paradise, dejando 86 muertos a su paso.

      Rosas chamuscadas tras el paso del fuego en la población de Talent, Oregón. Foto APRosas chamuscadas tras el paso del fuego en la población de Talent, Oregón. Foto AP

      El fuego es parte del paisaje de California. Con más intensidad en los últimos años como consecuencia del cambio climático, siempre vuelve. La diferencia es que cada vez se encuentra más casas y personas a su paso. Pero donde hace un siglo vivían menos cuatro millones de personas, ahora viven 40 millones. Una de cada tres viviendas construidas en el estado desde 1990 está en áreas proclives a los incendios forestales, según un estudio de la Universidad de California. Unos 11 millones de personas viven en zonas de interfase urbano forestales, según el Departamento Forestal y Protección contra Incendios.

      Aunque ahora están desbordadas por la amplitud y el coste humano y financiero de los incendios en estas áreas, han sido las propias administraciones las que durante décadas han impulsado estos desarrollos urbanísticos en paisajes naturales salvajes para paliar los problemas de vivienda en Los Ángeles y la bahía de San Francisco.

      Algunos autores denuncian la “obsesión” de los estadounidenses con las casas unifamiliares y el coche a pesar de su impacto ecológico. “Quizás el sueño suburbano siempre ha sido eso, un sueño que solo puede seguir sin tener consecuencias mientras sigamos dormidos al volante”, afirma Gernot Wagner, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de Climate shock , en un análisis sobre la coincidencia de las crisis del clima y la vivienda titulado La pesadilla de California .

      La devastación de los últimos años ha llevado a California a replantearse su relación con el fuego. En cuestión está sobre todo la política de supresión de incendios iniciada en EE.UU. hace un siglo, después del traumático incendio que en 1910 cruzó varios estados del oeste del país y provocó 85 muertos (76 de ellos eran bomberos). Las dimensiones de aquel fuego, sin embargo, son menores en amplitud e intensidad que los de estos años.

      Panorama desolador en la zona afectada por el fuego en Detroit. Foto APPanorama desolador en la zona afectada por el fuego en Detroit. Foto AP

      La eficaz política de supresión de fuegos alrededor de las ciudades redundó en pocas décadas en una enorme densidad forestal. En los años ochenta se empezó a ver que podía ser problemática, puro combustible. Las extremas condiciones climáticas de los últimos años han exacerbado el impacto de los incendios. Tímidamente y a golpe de tragedias, las quemas controladas, una herramienta ancestral de control del fuego, empiezan a incluirse en las políticas de gestión forestal.

      Pero tanto estas prácticas como las talas selectivas y otras medidas de control y mitigación recomendadas por los científicos, incluido el endurecimiento de las normas de construcción, cuentan con escasos incentivos, muchos detractores y apenas presupuesto. En California el recurso al buen fuego se ha visto obstaculizado por el fuerte desarrollo urbanístico y los recelos de la población ante sus riesgos y la contaminación ambiental que producen.

      Tras dos temporadas de incendios desastrosos, California decidió en el 2018 triplicar la cantidad de terreno forestal que debería ser quemado de forma controlada, unas 50.000 hectáreas al año. La cifra es muy inferior a lo que debería ser, unas 800.000 hectáreas anuales, según algunos estudios.

      En la Costa Oeste la amenaza es el fuego. En el sur de EE.UU. y Florida en particular, la zona cero del cambio climático en el país norteamericano, el agua. Y como en el estado sureño, las compañías aseguradoras quieren desentenderse de los clientes que viven en zonas de riesgo. California, decretó en diciembre una moratoria de un año para impedir que hasta 800.000 personas se quedaran sin cobertura. No está claro qué ocurrirá después, aunque el estado ya ofrece pólizas especiales para ciertas áreas.

      La bajada de las temperaturas dio ayer una pequeña tregua a los 20.000 bomberos que luchan contra las llamas en los diferentes estados de la región. En California, los vientos han amainado y el denso humo que ha teñido de un color naranja apocalíptico el cielo de San Francisco ayudó también a bloquear los rayos de sol, lo que ha ayudado a la caída de las temperaturas.

      Humo y cenizas en  Detroit, Oregon, por los incendios. Foto APHumo y cenizas en Detroit, Oregon, por los incendios. Foto AP

      Se ha acabado debatir sobre el cambio climático. Vengan al estado de California y obsérvenlo con tus propios ojos”, ha declarado el gobernador del estado, Gavin Newsom, en medio de un paisaje calcinado. “No es algo ni siquiera debatible. Lo que vivimos es lo que mucha gente ha vaticinado hace décadas. Este es el futuro de todo el país si no actuamos rápidamente contra el cambio climático y nos quitamos de encima todas las sandeces que ha difundido un pequeño grupo de personas”, afirma.

      El cambio climático es sin embargo un tema ausente de la campaña electoral de las presidenciales de noviembre. “La ciencia es clara, el cambio climático es una amenaza existencial a nuestro modo de vida. El presidente Trump puede negar la realidad, pero los hechos son innegables”, dijo ayer el candidato demócrata, Joe Biden. Trump, que visitará el lunes California para ser informado de la situación, se niega a incluir el cambio climático entre las causas de los devastadores incendios de los últimos años. “¡Tienen que limpiar el suelo!”, ha dicho en un mitin reciente.

      Beatriz Navarro. La Vanguardia

      PB


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