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      Coronavirus en Estados Unidos: Nueva York da comida gratis a todos los residentes por el impacto del desempleo en la ciudad

      Los afroamericanos son los más afectados, pese a representar sólo el 26% de la población de EE.UU.

      Coronavirus en Estados Unidos: Nueva York da comida gratis a todos los residentes por el impacto del desempleo en la ciudadUna larga fila en un local de comidas en Brooklyn, Nueva York. Bloomberg

      Algunos vecinos del edificio han desaparecido. Han dejado sus apartamentos del Upper West Side de Manhattan y se han mudado a sus segundas residencias. La ciudad de Nueva York es el epicentro del coronavirus​ y muchos de sus habitantes se sienten más seguros poniendo más distancia de la social.

      El sin techo del barrio, sin embargo, sigue ahí. Lleva años y años residiendo en ese mismo lugar, a la intemperie, y parece indestructible. Por su actitud, no muestra más preocupación de la habitual. Tal vez porque esa regla básica de la distancia social para evitar el contagio la cumple desde hace tiempo a rajatabla y sin pretenderlo: nadie se le acerca. Que lo esquiven es la constante de su existencia diaria.

      Coronavirus en Estados Unidos



      Johns Hopkins University Infografía: Clarín

      Justo ahora aparca al oeste de la calle 86, a la puerta de la iglesia, el tráiler del banco de alimentos. Al cabo de un rato montarán un par de carpas y se organizará una larga cola de gente que va a recoger la manutención. Hay indigentes, sí, pero también familias que han caído aún más en la pobreza por la pérdida de sus ingresos.

      El Ayuntamiento ha intervenido. Al cerrarse las escuelas públicas, mantuvo las tres comidas al día a los escolares sin otro recurso para su alimentación. Se abrieron más de 400 puntos de recogida. Desde el pasado viernes, este servicio está abierto a todos los neoyorquinos que lo precisen. El programa se expande para ayudar al más de medio millón de personas que ya han perdido su trabajo. “Estamos viendo que numerosos residentes se han quedado sin dinero y necesitan comer”, recalcó el alcalde Bill de Blasio.

      “Mi primera preocupación –añadió el alcalde– es que hay mucha comida en las estanterías y también mucha gente que no se la puede permitir”. Resulta fascinante la cantidad de colas que se organizan en la ciudad. Las hay de la miseria, en esos puntos oficiales o en iglesias y organizaciones sin ánimo de lucro, pero también las hay de la abundancia ante los supermercados. En estas segundas se marca claramente la distancia, utilizando señales en la acera, y se facilita el acceso en pequeños grupos y controlados cada diez minutos. Estos clientes suelen salir cargados como si el mundo se acabara mañana.


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      Es indiscutible que el contagio es universal y no distingue clases sociales. Pero, en su prevención y cura, no es nada igualitario. “El impacto más devastador recae en la clase trabajadora y en los pobres, que tienen peor acceso a la atención médica. Su salud, para empezar, es peor y el castigo económico de la distancia social es más profundo”, escribe Kim Phillips-Fein, historiador de la Universidad de Nueva York.

      Ese castigo consiste en la pérdida de los empleos en la escala más básica, la que engloba a los que no pueden trabajar desde casa. En este contexto, hispanos y, sobre todo, afroamericanos son los principales perjudicados por el cierra masivo de comercios.


      Johns Hopkins University Infografía: Clarín

      En Chicago, según informaciones locales, el 70% de los muertos por el patógeno son negros. En Michigan la cifra se sitúa en el 40%. Los afroamericanos representan el 26% de la población en Estados Unidos. El mayor foco de fatalidades en la Gran Manzana se registra proporcionalmente en el Bronx, en especial entre bloques de viviendas sociales, donde familias numerosas se amontonan en pequeños apartamentos. A esas viviendas las denominan “factorías del virus”.

      Los ricos se van de Manhattan –pese a contar menos difuntos que Queens, Brooklyn y Bronx– y vienen los sin hogar. Al barrio regresó uno que pasa aquí la época de buen tiempo. Exhibe el mismo cartel que la temporada anterior, pero resuena más: “Un poco de amabilidad significa mucho”.

      Francesc Peirón. LA Vanguardia


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