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      El pueblo y el crimen

      Un asesinato irrumpe con tal brutalidad que paraliza no solo a los deudos sino a toda una comunidad. Pasa ahora en La Costa, que se mira en un espejo deforme.

      Santa Teresita. Calle 1 y 40 Playa donde comenzo la pelea que termino con el asesinato del joven Tomás Tello Ferreyra. Foto Federico Lopez Claro.

      El triple crimen de General Rodríguez. El cuádruple crimen de La Plata. El crimen de Villa Gesell. El crimen de Santa Teresita. Antes siquiera de poder asumir la brutalidad desmesurada de un asesinato, la comunidad se ve lanzada con horror delante del espejo deforme de la violencia. Ese nombre, el del pueblo, pasa a imbricarse a una fórmula dolorosa, que es propia y que no lo es al mismo tiempo.

      El ataque a Tomás Tello (18) en la playa de Santa Teresita.El ataque a Tomás Tello (18) en la playa de Santa Teresita.

      El primer día del año, Santa Teresita quedó frente a ese espejo. No era la primera vez. El 24 de marzo de 2008, entre las ramas de los tamarindos que construyen el borde de la playa, a la altura de la avenida Costanera y calle 36, apareció el cuerpo de una chica de 16 años: había sido violada y asfixiada con los cordones de sus zapatillas.

      Se llamaba Mara Mateu y no era nacida y criada en el pueblo: había llegado poco antes con su familia buscando un lugar más tranquilo para vivir. Pero lo que encontró fue a una dupla de asesinos.

      Dos manifestaciones

      Cuando la noticia se desparramó entre esa comunidad de unos 15 mil habitantes entonces, la rabia estalló. Se decía de iban a liberar a los sospechosos. Se decía que uno de ellos tenía "contactos". Se decían muchas cosas. La reacción fue violencia sobre violencia: decenas de vecinos cercaron la comisaría, tiraron piedras contra los vidrios e intentaron quemar la delegación.

      En 2008, los vecinos atacaron la comisaría de Santa Teresita. En 2008, los vecinos atacaron la comisaría de Santa Teresita.

      También el pasado 1 de enero hubo una manifestación frente a la comisaría. La mayor parte de los ahí congregados eran amigos y familiares del adolescente Tomás Tello, emboscado por una patota apenas a tres cuadras del lugar en el que fue hallado el cuerpo de Mara en 2008: a la altura de la Carabela.

      Santa Teresita se mira ahora en un espejo que refleja la rotura de lazos sociales y un desborde de violencia e irracionalidad. También refleja familias pobres aunque todos trabajen, chicos a los que la escuela les soltó la mano, las muchas caras de la precariedad y mecánicas de funcionamiento (públicas y privadas) en las que abrevan la indolencia y la corrupción. Y la droga, claro. Una pieza en el rompecabezas del país.

      La playa de Santa Teresita. Foto Federico Lopez Claro.La playa de Santa Teresita. Foto Federico Lopez Claro.

      Pero el pueblo es también otra cosa. Una localidad pequeña edificada (en sentido literal) por decenas de inmigrantes y argentinos que llegaron sobre todo en los años 70 y aprendieron a vivir de manera estacional: de la hiperactividad del verano a la modorra aburrida del invierno. Es un remanso en el que se encuentran grupos de chicos cada enero para ir a la playa y tomarse un helado en la peatonal.

      Santa Teresita todavía es una localidad en la que es posible sentirse reconocido y abrazado por el otro, donde "todos se conocen", donde los vecinos intercambian las llaves de casa, por las dudas. Todo eso que el espejo de un crimen no muestra permanece en ese rincón de la costa, a 326 kilómetros de Buenos Aires.


      Sobre la firma

      Débora Campos
      Débora Campos

      Editora de la Revista Ñ y Cultura decampos@agea.com.ar

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