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      El voto de las pasiones tristes

      La campaña electoral se inscribe en un "clima de época" en el que se combinan la vivencia de un fin de ciclo político, la inquietud por la crisis socio-económica y la incertidumbre sobre lo que vendrá. ¿Votaremos compelidos por esta realidad acuciante?

      Mariano Vior

      Vivimos tiempos en los que dominan las pasiones tristes. Lo afirman, en dos libros recientes, los ensayistas Francois Dubet (La época de las pasiones tristes, Siglo XXI) y Mauricio García Villegas (El viejo malestar del nuevo mundo, Ariel).

      Y aunque no se refieren específicamente a la Argentina, su descripción refleja el clima de época en el que transcurre esta campaña electoral con vistas a la elección presidencial de octubre. Un clima de época en el que se cruza la vivencia de un fin de ciclo político y la incertidumbre e inquietud sobre lo que vendrá.

      Estos autores refieren a una idea de Spinoza: en todas las sociedades, como en las personas, existe una tensión entre las emociones tristes y las emociones amables o plácidas. Toda sociedad necesita pasión para avanzar en proyectos colectivos y para brindar progreso y seguridad a sus habitantes. Necesita incluso de indignación, y a veces de rabia, para no dejar impune la injusticia.

      Pero necesita, también, reglas para evitar que esa pasión desborde, pierda su curso, se dirija contra la propia sociedad o una parte de ella y termine provocando estragos.

      Y lo que hoy prevalecería, sobre todo en el ámbito de la política, sostienen, son los sentimientos malsanos: el odio, el resentimiento, la venganza, la envidia, la amargura, la malevolencia o el miedo.

      Un desafuero emocional que no es hoy algo exclusivo de América Latina sino que está afectando a las democracias liberales en su conjunto y a lo que contribuyen diferentes razones.

      Entre ellas, la alta desigualdad social, la precariedad institucional y la capacidad administrativa desbordada o colapsada arman combos explosivos frente a una sociedad que proyecta sus identificaciones colectivas en las pantallas de teléfono móvil.

      Las redes sociales y en general la tecnología de las comunicaciones han creado una nueva manera de intercambiar impresiones, de discutir y de zanjar diferencias, más volátil, más impersonal, más irresponsable y más pasional, que desafían las instituciones representativas y la cultura tradicional.

      En esta lógica, la moderación política se diluye y los liderazgos populistas, con su dogmatismo “de salvadores de la patria”, prenden como regueros de pólvora, ocupando con facilidad todo el espectro de la política.

      “En eso estamos -concluye García Villegas- con los peligros del pasado redoblados por los peligros del presente, sin saber cuál va a ser el desenlace de todo esto, pero, eso sí, siendo conscientes de que, si no recuperamos el valor de la cultura de la convivencia, con sus pasiones mansas, y de las instituciones, con su capacidad para enfriar los furores, será difícil evitar un desenlace catastrófico”.

      De esto trata también el consultor Antoni Gutiérrez-Rubí, contratado para la campaña de Sergio Massa en Gestionar las emociones políticas (Gedisa, 2023), libro prologado por Jaime Durán Barba. "Si las emociones siguen siendo ignoradas y despreciadas por los demócratas -dice allí- serán los autoritarios de la pospolítica quienes la explotarán en beneficio propio". Está escrito.

      El viejo malestar del Nuevo Mundo, libro del colombiano Mauricio García Villegas (Ariel, Planeta, 2023)El viejo malestar del Nuevo Mundo, libro del colombiano Mauricio García Villegas (Ariel, Planeta, 2023)



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      Fabian Bosoer
      Fabian Bosoer

      Editor jefe de la sección Opinión fbosoer@clarin.com

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