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24.06.2011 | De trampa

Las causas de la infidelidad masculina

¿Por qué a mí?, te habrás preguntado alguna vez. La respuesta es obvia: el problema no sos vos sino ellos. Los hombres engañan, por diversas razones, pero siempre engañan… Con humor, la autora de la nota nos cuenta qué los lleva a “meternos los cuernos”.

Ana von Rebeur
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Sabemos que, de todas las preguntas que te hacés al saber que te están engañando, la más importante de todas es la de “¿por qué?”. De todas las demás – cuándo, dónde, cómo, con quién – no vas a aprender nada  pero el “¿por qué?” es la única pregunta que nos diferencia de un animal.

Entonces, analicemos las causas de la infidelidad en los hombres. Hay una verdad: lo hacen porque si. Sabemos que un 40% de los hombres tiene un gen que puede inducirlo al pecado si no es muy civilizado, que lo hacen en momentos de crisis, por someterte, o por sentirse más vivos que vos. Pero hay más razones… 


Por una crisis de la mediana edad. Hay un momento en la vida de un macho en que de golpe se da cuenta de que se está quedando sin pelo, sin fama y con algunos kilos demás. Esto los asusta y quieren retroceder el tiempo para ver dónde dejaron la billetera.  No les gusta ver que el tiempo pasa y que con él, las oportunidades de conocer, por ejemplo, a Pamela Anderson, se reducen estrepitosamente. Para el cuarentón traumatizado es muy importante sentir que puede atraer a una jovencita, aunque sea a través de la banda magnética de su tarjeta de crédito. Que una jovencita les de cinco minutos de pelota a ellos los hace sentir que les crece el pelo donde más le falta, y se les depilan las canas mágicamente. Por eso, esta situación se conoce como “tirar una cana al aire”.


Para romper la rutina. Hay hombres que creen que la vida debe ser una aventura sin fin de acontecimientos excitantes que los llenen de adrenalina. De estas personas, algunas se dedican a las carreras de autos; las que tiene menos dinero se deslizan montaña abajo trepados a un carrito de supermercado; y, los que tiene menos dinero aún, meten los cuernos. Finalmente logran su cometido: nada brinda más adrenalina y rompe tanto la rutina como una esposa furiosa.


Por un ataque de romanticismo agudo. “Simplemente, me enamoré” es el justificativo por excelencia, como si fueran víctimas del destino. Con el pretexto de que el amor lo justifica todo, el romántico valida su  aventura disfrazando lo que es simple sexo en amor puro. Algunos confunden aún más las cosas diciendo que con ella “había química”, cuando lo que los unía no era químico sino físico. 


Para aumentar su autoestima. A veces los hombres están tan preocupados por medir su performance sexual fuera del lecho conyugal, que hacen lo imposible por tratar de levantarse a una mujer a la que puedan mostrar como trofeo sexual, que les haga sentir su valía como conquistadores y les restituya la seguridad en la total integridad de su verdadera hombría, haciéndoles sentir que su virilidad está sana y en pie, que él sigue siendo un atractivo ejemplar macho, un importante semental de admirable potencia y un apetecible latin lover para cualquier mujer ya que conserva todo su sex appeal en plena forma. A esto, ellos lo explican como “Bah, no significó nada”. 


Para buscar compensaciones en la vida. Son los que se ponen en posición de víctimas y sienten que la vida les debe algo, cuando en realidad es su primo Octavio el que les debe dinero. Pero como Octavio no tiene una moneda partida al medio, mejor pedirle a la vida lo que le debe Octavio. Ahora bien, Octavio les debe dinero…pero los hombres confunden todo. Lo que siente el infiel es que en esta vida él merecía ser Donald Trump con el cuerpo de Brad Pitt, una novia como Naomi Campbell y cinco Rolls Royce en la puerta de casa. Creen que el destino les dio la espalda y, como no están en condiciones ni de comprarse una bicicleta, de puro resentidos ellos van y se acuestan con la primera que pasa y lo explican como “mi mujer no me comprende”.


Para tener un premio. Dicen los expertos que hay que vigilar de cerca a los maridos ascendidos en el trabajo, porque todo ascenso, promoción o cambio fuerte de status social lo hace sentir un hombre con derecho a más hembras. Hay que explicarle al marido que él no es un mono para ser un  Macho Alfa. Si se trepa a un árbol mientras se lo decís, es que no lo ha entendido del todo.


Para tener un secreto. Cuando un tipo dominado quiere vengarse de una mujer, lo primero que hace es ocultarle cosas y mentir de modo tal de probarse a él mismo y demostrarle a ella que él puede hacer lo que se le antoje. En esta situación lo que más les interesa es tener un secreto al que ella no tenga acceso, pues un secreto da una especie de poder: algo sucede a espaldas de ella, y ella lo ignora. Muchos maridos se conforman con el secreto de ser los únicos que conocen su clave para entrar al mail; otros se conforman con ser el único que sabe dónde hay chocolate en la casa. Los que no tiene computadora ni aprecian el chocolate, se buscan una amante.


Por falta de sexo en la pareja. Debatiendo dos hombres si las mujeres tiene sexo por amor o por interés, uno le dijo al otro:
- La mía lo hace por amor...
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Porque lo que es interés, no pone ninguno.

El sexo es jugar con el cuerpo del otro con cierto grado mínimo de entusiasmo. Es decir, quien  no siente ganas de hacer una ensalada por diversión, no se molestará en intentar el sexo, que es algo más condimentado. La cama es un lugar donde se suele saldar cuentas con alarmante frecuencia. A veces de manera inconsciente, uno termina vengándose del otro a través de una forzada abstinencia sexual, que puede llevar a que quien lo hacía poco, que acabe olvidando hasta cómo se hacía.


La infidelidad es uno de los mayores misterios de la naturaleza. Una  esposa engañada me decía: “Yo no entiendo cómo, si mi marido es incapaz de encontrar las cosas más imples de la casa, la sal, sus llaves, sus anteojos, sus medias, una  lapicera… ¿Cómo es capaz de encontrar una amante?” 

En fin,  hay mil motivos locos más para  meter los cuernos, como buscarse una amante espantosa para poder idealizar y valorar más a la esposa, tratar de probarse  a sí mismo que es más macho que su padre, buscar amantes que sean iguales a mamá o, simplemente, hacerlo porque su esposa lo permite, porque ya sabe que si su marido se siente culpable, acabará reparando la persiana rota.

Triste pero real: en definitiva, la infidelidad es muy útil para reparar persianas.  

 

Si alguna vez te enteraste que tu hombre te engañó, ¿descubriste por qué lo hizo? Y vos, muchacho, ¿por qué engañaste? ¡Contanos la verdad!


Ana von Rebeur , autora de “¿Por qué cuernos me engañaste?” Ed. Norma – http://porquecuernosmeenganiaste.blogspot.com

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