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06.12.2011 | Sexología

Los ingredientes de una buena escena sexual

Muchos factores atentan hoy contra el placer y la satisfacción a la hora de la intimidad. Las corridas, las presiones, el temor a la entrega. La Lic. Diana Resnicoff enumera un puñado de ingredientes que podemos sumar para enriquecer el vínculo con nuestra pareja.

Lic. Diana M. Resnicoff
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La escena sexual no se arma mágicamente cuando él y yo nos acostamos juntos. Se prepara mucho antes. Muchas veces empieza con una mirada, un gesto, un contacto fugaz con el cuerpo del otro. A veces, un recuerdo compartido, un perfume, una melodía que nos sugiere cosas. Algo se pone en marcha entre los dos. Y el deseo se enciende, nuestros cuerpos entran en calor. Seduzco, me dejo seducir, charlamos nos hacemos mimos y vamos armando la escena.

Pero la relación sexual no sólo se produce entre dos personas sino también en los límites de un espacio físico y de un tiempo en general breve. El apuro quizá resulte comprensible en una pareja de adolescentes, apremiados por el frenesí y la falta de experiencia, pero muchos adultos atraviesan el acto sexual con el reloj puesto.

Si queremos enriquecer nuestra sexualidad explorando todas las posibilidades que nos ofrece, debemos concederle un tiempo propio. Un tiempo para que podamos "sintonizarnos" el uno con el otro. Es el tiempo que la pareja se toma para llegar a amarse, a reconocerse, a re-encontrarse y así mantener encendido el deseo. Es tiempo dedicado a uno y es un tiempo muy necesario —como los minutos y horas de conversación o de silencio — para desplegar el ritual erótico.

Muchas veces, para que una caricia en los genitales sea tan efectiva como (teóricamente) se supone que debe ser, es preciso un tiempo previo ocupado con otras caricias que pongan esa zona, fisiológica y psicológicamente, en condiciones de recibir y responder. La expectativa también acrecienta las sensaciones. ¿Cuánto más podemos vibrar si sabemos que nuestro compañero está llegando lenta, placenteramente, hacia el lugar donde más deseamos sentir su mano?

Todos y cada uno de nosotros utiliza, para comunicarse sexualmente con los demás, un lenguaje de palabras, miradas, signos y gestos que revelan lo que sentimos, deseamos, rechazamos.

Esos códigos varían de una persona a otra y de una cultura a otra. Conductas como besarse en la boca, que a nosotros nos resultan placenteras, son consideradas antihigiénicas y desagradables en otras sociedades. También operan códigos que cada una aprendió en su ámbito de crianza, y la historia personal pesa y está presente: ¿qué significaba en mi familia estar desnudos o besarnos?

Muchas veces, los códigos aportados por los miembros de una pareja no coinciden. Nos quejamos del modo de actuar de nuestro compañero sin darnos cuenta que es esa la respuesta que él aprendió. Sin embargo, es importante tener claro que esas conductas son aprendidas y se pueden modificar, se pueden volver a aprender juntos para que nos resulten más cómodas y más gratificantes.


Lenguaje sexual, un mundo de dos

En el lenguaje del sexo es muy importante que se nos entienda. No cualquier tipo excitación da lo mismo, no cualquier estímulo nos lleva a las situaciones que queremos. Conocer y hacerle saber exactamente a mi pareja qué me gusta, qué quiero ese día, es básico para mantener un diálogo amoroso. No pongamos al otro en el papel de experto infalible que todo lo sabe y todo lo puede. Tampoco es real que nosotras no sabemos nada y por ello nos entregamos a la voluntad del otro. Nadie sabe más que yo sobre mi propio cuerpo y es justo compartir ese conocimiento abiertamente con mi compañero.

Dentro de los lenguajes sexuales, el de las palabras es quizá el que más difícil nos resulta a las mujeres porque fuimos criadas en un ambiente en el cual estaba totalmente prohibido nombrar a nuestros genitales. Como consecuencia de aquella prohibición, a muchas les resulta totalmente desagradable el lenguaje explícito de los varones, quienes desde pequeños aprenden a nombrar sus genitales.

La educación recibida por hombres y mujeres ha sido muy diferente. Nosotras estamos acostumbradas a utilizar eufemismos, y ellos a nombrar con términos directos. Es importante llegar a un lenguaje propio y personal que permita con una mirada adulta nombrar los genitales propios, los del otro y las situaciones sexuales con palabras coloquiales, no necesariamente científicas, pero que no produzcan incomodidad.

El lenguaje amoroso usado dentro de las situaciones sexuales suele adquirir distintos significados: algunas mujeres se excitan cuando les dicen frases cariñosas, a otras les excita que les hablen de la acción que está transcurriendo. Es necesario e importante que una pareja explore ese lenguaje, el lenguaje de ellos.


Ingredientes de la escena sexual: aportá lo tuyo

* Intimidad para compartir nuestras emociones de la misma manera que compartimos nuestros cuerpos y poder así sentirnos física y espiritualmente cerca de nuestro compañero.

* Honestidad para mostrar nuestros deseos y necesidades, no fingiendo lo que no sentimos.

* Sensibilidad para captar lo que a nuestro compañero le agrada y preguntarle lo que necesita.

* Confianza, como sentimiento necesario hacia el otro y hacia uno mismo para tener una buena relación sexual.

* También es clave compartir, hacerle saber al otro cuando estoy bien con él y agradecerle cuando recibo algo bueno.

* Darse tiempo, porque las relaciones rápidas pueden ser buenas una vez cada tanto, pero no sirven para formar una sexualidad entre dos personas.

* Generosidad: cuando ambos nos preocupamos por darle al otro lo que necesita las cosas son mas gratas.

* Espontaneidad para contactar con los propios sentimientos sexuales no temiendo expresarlos al tiempo que permitimos que nuestros deseos y fantasías fluyan.

* Seguridad, porque la cama es un lugar muy especial para la igualdad de derechos. Si una se siente sexual y si el vinculo y la confianza lo permiten, no evitaremos hacer el primer movimiento para acercarse.

* Creatividad para dejar que surja lo diferente.

* Experimentar, ya que el ingenio es la clave del buen sexo.

* Jugar y explorar, pues la sexualidad es para el placer, no para el sufrimiento.

* Reírse y divertirse juntos.

* Amar porque el amor es un factor muy importante en una buena relación sexual. Colorea todo con un matiz único. Cuando nos enamoramos, los encuentros sexuales nos permiten expresar lo que sentimos. Es y seguirá siendo el mejor afrodisíaco.

 

Lic. Diana M. Resnicoff. Psicóloga clínica. Sexóloga clínica. Autora del sitio www.e-sexualidad.com

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