• Clarín. El Golden. Uno de los clásicos del porno, para mujeres. Clarín. El Golden. Uno de los clásicos del porno, para mujeres.
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23.09.2011 | Exclusivo para mujeres

Cuando ellas consumen “porno”

Estos ámbitos, dirigidos al público femenino, abordan el juego erótico con estéticas cuidadas y propuestas casi teatrales. Cómo son y qué pasa en los shows, que atraen desde jovencitas hasta abuelas.

Carolina Pierro / Clarín Mujer
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Muchos tienen la fantasía de que esto es un cabaret, porque para ver un show de mujeres generalmente hay que ir a un cabaret. Pero esto es como un teatro”, explica Juan Carlos, una de las estrellas del show exclusivo para mujeres que se presenta viernes y sábados en el Golden. Desde el mismísimo baño de los strippers del mítico club, quizás sin saberlo, perfila lo que muchos quisieran que no exista: el porno para mujeres, que no es lo mismo que el porno al que estamos habituados.
“¡Atención! Nuestra sociedad tiende a ignorar el porno, a considerarlo algo privado que no interfiere en otros aspectos de la vida. Y no es cierto, hay que tener cuidado porque el porno no es sólo porno, es un discurso, una manera de hablar sobre sexo. Es una manera de ver y entender lo masculino y lo femenino”, declara la productora audiovisual, periodista y escritora sueca Erika Lust en su manifiesto, donde lucha por un nuevo cine para adultos, inteligente, femenino y feminista.
Las características específicas del porno dirigido al público femenino, son variadas. Por un lado está el factor estético: es más cuidadoso en su estética, menos violento, más delicado, se anima a incluir humor y cuenta historias. En el Golden, por ejemplo, hay un presentador que introduce cada cuadro con un texto breve sobre la historia que se desarrollará a continuación en el show erótico. “La idea es crear un clima, un ambiente, para que no sea algo seco y chato. Así las chicas se hacen la cabeza del bombero, por ejemplo, que las rescata del fuego. Pasa por llevarlas a un estado, un clima”, dice Diego, mientras se escuchan las palmas y gritos desde abajo. El show ya empezó.
En un espectáculo para hombres, el espectador busca más lo sexual, una chica que haga lo que ellos quieren y, además, pagarle para que la cosa no quede ahí. “Las chicas quieren un show para divertirse en grupo, y, en el caso de las despedidas, tener un recuerdo que no tenga que ver con lo sexual”, agrega.
Una de las constantes es la concurrencia grupal. “A diferencia de lo que siempre dicen, que las más zarpadas son las mayores, para mí las más eufóricas siempre son las más jóvenes, que se tienen más confianza, y más toman”, agrega Juan Carlos. Además del público habitué, que asiste mínimo una vez por mes, el salón se llena de despedidas de soltera, cumpleaños, festejos varios, e incluso divorcios. Las extranjeras que pasan por el club coinciden en que nunca vieron un show tan erótico, cálido y divertido. “Las chilenas se desbocan”, continúa. “Es que allá las tienen cortitas y acá se van para el otro lado”.
De fondo suena What is love; aparecen los strippers. En una esquina del salón, un grupo que vino a festejar los 80 años de una de ellas, aplaude, grita y ríe sin parar. Empieza la coreografía. Desde la segunda fila, una chica que se despide de su soltería, entre risas, les grita: “Sacate todo”. Sus amigas, e incluso las chicas de las mesas vecinas, festejan el atrevimiento. La canción termina con los muchachos desnudos, de espaldas al público. “Hoy vas a tirar la chancleta, soñar, y dar rienda suelta a todas tus fantasías eróticas”, dice el presentador.

Para madres, hijas y nietas
En el entreacto, la cumpleañera con más experiencia del salón confiesa que la trajeron engañada. “Cuando llegué me gustó. Es lindísimo. Al entrar, me vino a la mente tener 50 años menos”, confiesa. La idea fue de su nieta, también presente, junto con su hija, nuera y el resto de las mujeres de la familia. “Hay que modernizarse, ¿qué te parece? A veces miro alguna película porno y me río. Pero, a esta altura, ¿te vas a asustar de esas cosas?”, cuestiona divertida.
Su hija, más que contenta con la decisión de festejar el cumpleaños de esta manera tan atípica, resalta que el lugar está pensado para mujeres, tiene una estética agradable, el personal es muy atento y correcto, pero que décadas atrás no se hubiera atrevido a venir. O no se lo hubiera permitido su marido. “Ahora, después de veinte años de casados, ¿qué nos vamos a ocultar? La pornografía no es algo malo, es algo gráfico nada más. Está quién sabe mirarlo y quien no. Con mi marido alguna he visto, y está bárbaro. El sexo puede ser divertido, bien practicado, con seriedad y responsabilidad”, dice. Y agrega: “Acá, uno se libera”.

Un mundo de fantasías
En la otra punta del salón, una mujer de 51 que por primera vez se atreve a entrar, concuerda con la reflexión: “Las mujeres vienen acá a liberarse, y están todas felices. Esa liberación que a lo mejor no tienen con la pareja, por falta de diálogo o de confianza. Ojalá que esa liberación que siente acá la tengan también con su pareja”. Confiesa que tiene la sensación de liberar endorfinas por los poros, y que al llegar a su casa, aunque su marido no sea como los chicos del show, seguramente hará el amor soñando con uno de ellos. “La fantasía siempre es buena. Es como una chispa en la mente, que aumenta la libido”, piensa en voz alta. Sostiene que entre cuatro paredes todo vale, solo hay que tener la franqueza de confesar lo que a uno le gusta, hablarlo.
Sobre la barra, un grupo de mujeres en sus 30 festeja un divorcio. “No venimos a buscar nada, ni a cumplir fantasías sexuales. Sólo a reírnos mucho, pasarla bien entre amigas, tomar algo”, dicen. Con el índice de tabú en menos diez, dicen ver al resto de las mujeres en una situación similar. “Pueden tener un poquito más de tabúes, pero cuando está entre mujeres, la mujer cuando es auténtica. Acá queremos que nos muestren un poco de abdominales duros, cola parada, un miembro lindo. Pero para mirarlo, reírnos un rato, pasarla bien, bailar y nada más”, sintetizan entre trago y trago. Confiesan que el grupo va a shows de strippers una vez cada tanto, pero consumen más que nada productos de sexshops. “Todo lo que es pornografía, películas, tal vez no calienta tanto como cuando tenés un juguetito comprado, lencería hot, que en algún momento podés utilizar con tu pareja”, concluyen.
En plena pista de baile, un grupo de veinteañeras de Uruguay confiesa haber venido para divertirse de incógnito. “Festejamos que una amiga se casa, sin que nadie se entere que estamos acá. No es que allá esté mal visto. Se usa ir a un bar de strippers: Subterráneo Magallanes. Pero todo el mundo se conoce, entonces no tiene sentido. La idea, aquí, es que nadie te reconozca”, cuenta una amiga de la novia.

El personaje de la noche
Según los strippers, las mujeres tienen la misma fantasía con ellos que con los actores: creen que son inalcanzables, que nunca les llevarían el apunte. “La fantasía pasa más que nada por la vestimenta, por estar con un stripper, y el personaje que le vendés: el mecánico, el guerrero salvaje, el bombero. El negro, por ejemplo, es un clásico, y lo exótico de nuestro show. En Sudamérica, el rubio no es un hombre que despierte muchas fantasías. Pero ante la pregunta ¿le gustan los morochos?, las chicas gritan como locas”, comentan desde el camarín. Y es cierto, el moreno del show es un hit, pero porque baila bien y es simpático.
Abajo, mujeres liberadas, normales, bailan y se divierten. La cierto es que el show levantó el ánimo de más de una. “El fin no es tanto llegar al erotismo, sino a la diversión”, dice Daniela desde la barra. “Lógico que hay cosas que ves acá que no se ven en otro lado, hay chicos muy expresivos. Es un erotismo divertido, gráfico, y las mujeres quizá no somos tan gráficas. No es como todos piensan: las chicas vienen a divertirse, y a calentarse si quieren”, remata.
Es que no todas las chicas se excitan realmente con el nudismo o el erotismo en escena, pero sí les divierte ver a un hombre con un cuerpo escultural duchándose en escena exclusivamente con la intención de que lo miren las mujeres del salón. Y de eso se trata el show erótico y, sin ir más lejos, el porno para mujeres: que ella disfrute de un acto consentido, estético, con una pizca de humor y muy hot.

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