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18.05.2012 | Pareja con HIV

“Se puede vivir con esta enfermedad”

Al esposo de Carolina (28), le detectaron el virus hace dos años. Ahora, ya recuperado, buscan otro hijo. Una historia de infidelidad, compañerismo y amor.

Georgina Dritsos / Especial para Clarín Mujer
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Carolina (así a secas, porque prefiere no dar su apellido), es de esas mujeres que sorprenden por su madurez, por su entereza para enfrentar los escollos de la vida. En su caso, se podría decir que le tocó de rebote, como compañera de ruta de su marido, quien hace dos años casi se muere por un problema grave de salud, causado por el virus HIV, que no sabía que tenía en su organismo.

Caro, como le dicen, es licenciada en Ciencias Económicas, tiene 28 años y trabaja de lo suyo en Capital. Está en pareja desde hace diez años y casada desde hace cinco, con Marcelo, de 42, profesional también, sencillo y muy deportista. Tienen una nena de casi cuatro años y viven en una casa en Provincia de Buenos Aires.

Unos síntomas inexplicables

Un día, en 2009, Marcelo comenzó a sentirse mal. “Todo empezó cuando mi hija tenía un año recién cumplido. Él empezó a tener unas heridas ulcerosas en la cara y manchas en la piel. Fue a ver a un dermatólogo, le dieron cremas y lociones para los granitos, pero no le hacían nada. Pasaban los días, cada vez estaba peor, y empezó a tener fiebre de 40 grados a toda hora, que no le bajaba con nada”, recuerda Caro.

La salud de Marcelo empeoraba. Él, que siempre había sido muy activo, había dejado de comer, de hacer deportes y de trabajar en carpintería, un hobby que lo apasiona. “La enfermedad estaba en un grado muy avanzado, y yo tenía miedo de que se muriera”, dice.

Marcelo fue derivado a un médico clínico para tratarse por “un cuadro de infección generalizada”. Le hicieron una tomografía computarizada del cerebro para descartar alguna lesión interna y también un estudio general. La tomografía salió bien, pero los análisis de sangre dieron que era HIV positivo. Marcelo recibió el diagnóstico solo, mientras Carolina se comía las uñas esperando en su trabajo.

La noticia

“Yo sabía a qué hora le entregarían los estudios, así que lo llamé. Me dijo que se iba a quedar internado porque tenía las defensas un poco bajas, pero que no era nada grave. No le creí”, recuerda Caro. Su marido le pidió que fuera a la clínica para hablar allí. Ella le rogó que le dijera la verdad: “´A nadie dejan internado porque tiene las defensas un poco bajas, no mientas´, le dije. Y ahí me tiró la bomba. Corté el teléfono y me fui corriendo para la clínica”, agrega.

En esas primeras horas tuvo miedo de todo: de perder a su compañero, y de que su hija y ella también estuvieran infectadas. Ella se había hecho dos estudios de HIV para la época en que había nacido su hija, y ambos habían dado negativos. Ante la noticia de que Marcelo era portador, el pediatra de la nena descartó que estuviera infectada. Ese mismo día también le hicieron el estudio a Caro y dio negativo, pero tenía que esperar un año más para descartar el contagio del todo. Afortunadamente, todos los estudios dieron y siguen dando negativo.

“Según el cálculo de los médicos, mi marido ya tenía el virus cuando yo me quedé embarazada. Yo había perdido un primer embarazo a los seis meses de casada y seis meses más tarde volví a quedar y ahí nació nuestra hija. Así que en realidad es medio ‘como un milagro’, así, entre comillas, que no me haya contagiado, porque los dos embarazos fueron concebidos con él teniendo HIV”, cuenta.

Ella explicó en su trabajo que su marido estaba internado y el motivo, ya que iba a tener que pedir una licencia para ocuparse de todo. A los tres días de recibir el diagnóstico, la pareja decidió contar todo a sus familias. “Yo necesitaba apoyo, no podía mentir. Le pedí permiso y les dije la verdad para que empezaran a darme una mano, porque realmente la necesitaba”, comparte.

Temple de acero

Durante dos meses, Marcelo entró y salió. Posteriormente pasó un período en una internación domiciliaria. “Yo tenía muchísimo miedo porque de golpe desarrolló una meningitis y empezó a delirar y a decir cosas incoherentes. Llegó a estar realmente muy mal”, recuerda.

Entonces, los dos sacaron a relucir un verdadero temple de acero. O, simplemente, una sensibilidad profunda y humana que los fortaleció. Al final, Marcelo se sobrepuso a la meningitis y pudieron sentarse a hablar -en particular sobre su infidelidad- y replantearse cómo seguir.

Decidieron sostener la vida cotidiana y las rutinas de la familia. “Seguimos haciendo las mismas cosas que antes, charlando lo mínimo indispensable, no para ocultar el tema sino para enfriarlo un poco”, cuenta Carolina.

En la época en que él se enfermó, estaban planeando un segundo embarazo. Ese proyecto quedó en el freezer. “Yo soy muy ansiosa, y veía por delante un año lleno de tensión: esperar a que él estuviera bien y que dieran negativos mis tests. Me di cuenta de que me iba a volver loca, entonces empecé a cursar una maestría en Económicas. O sea, busqué un proyecto en algo productivo, que me hiciera bien”.

Sexo, infidelidad, amor

Al mismo tiempo, empezaron a ir a los talleres para parejas serodiscordantes de la Fundación Huésped. Allí encontraron un espacio ideal: “Esta enfermedad te genera muchas preguntas. Por ejemplo, qué se puede o no hacer en el plano sexual. El taller fue ideal para encontrar respuestas y para compartir experiencias con otras parejas en la misma situación. Todo eso nos ayudó a comprender que la vida sigue, que se puede vivir con esta enfermedad”, asegura.

Pero Carolina admite que en los primeros tiempos la sexualidad de la pareja se vio afectada. “Obviamente, hubo un período de frialdad en la pareja porque es muy difícil manejar el tema, sobre todo para el que es HIV positivo. Mi marido sentía que en vez de estar haciéndome el amor, me estaba atacando, me estaba matando. Psicológicamente es muy difícil superar esa barrera”.

Con inteligencia, demostrándose mucho amor y paciencia, ellos lo lograron: “es importante respetar y esperar los tiempos del otro. Cada persona tiene los suyos”, opina. Para llegar a ese punto, Carolina tuvo que volver a enamorarse del hombre que estando en pareja con ella contrajo el virus.

“Yo creo que esta experiencia valió la pena, porque hoy estoy enamorada de un Marcelo de carne y hueso que comete errores, que mete la pata y yo creo que en ese sentido nos dio un amor mas auténtico. Al principio fue duro pensar que yo había sido fiel y él no. Pero fue un instante; si uno realmente quiere al otro, resiste, tolera. Si yo quiero que sigamos juntos, ¿entonces de qué me sirve estar enojada con él?”, se pregunta.

Ampliar la familia

Hoy, definitivamente recuperada la rutina familiar, Marcelo toma tres píldoras diarias con antirretrovirales para mantener el virus controlado y altas las defensas. Además, se hace estudios cada cuatro meses y una vez por año, ve a su médico infectólogo.

Por estos días, la pareja retoma el proyecto de tener un segundo hijo y van al Hospital Muñíz, donde hay un servicio público y gratuito de concepción asistida para parejas serodiscordantes. La idea es realizar una inseminación artificial. Sí: ahora se plantean ampliar la familia.

En el único lugar en donde no contaron que Marcelo es portador fue en su trabajo: temen que se torne un problema porque es un ambiente “muy conservador”. “Es importante terminar con el prejuicio hacia esta enfermedad. Si es agarrada a tiempo, no es grave en el sentido físico, pero es grave socialmente, porque se discrimina, se margina al portador. Hay que saber que la vida no cambia; se toma la medicación como un diabético insulino-dependiente o como un hipertenso y ya está, eso es todo. Me parece que adquirir esta mirada es importante para la gestación de una sociedad más libre de prejuicios”, dice.

Carolina sabe de qué habla. ¡Ah!, y está contenta: sólo debe la tesis para completar su maestría en Económicas.


Datos útiles

* Fundacion Huesped: www.huesped.org.ar, 0800-222-4837.
* Red Argentina de Mujeres Viviendo con Sida: www.ramvihs.org.ar
* Fundación Buenos Aires Sida: www.fbas.org.ar, (011) 4637 4472.
* Coordinacion Sida Ministerio de Salud: (011) 4323 9029 l 9053. Carlos Pellegrini 313, 9º piso, Ciudad de Buenos Aires.
* Hospital Muñiz: (011) 4305 0954. Uspallata 2272, ex sala 29, 1º piso, Ciudad de Buenos Aires.


¿Vos harías lo que hizo Carolina? ¿Estarías dispuesta a perdonar una infidelidad y, además, mantener una relación con alguien con VIH?


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