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19.02.2013 | Disfrutá de a dos

Antídotos para una sexualidad aburrida

Diana Resnicoff, psicóloga y reconocida sexóloga clínica, comparte con nosotras un puñado de consejos para condimentar la pareja y devolverle la pasión que se esfumó. Empezá por vos y seguí por él, sin pausa hacia el placer.

Lic. Diana Resnicoff
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En medio de la pasión de una relación nueva, aun aquellos que habitualmente duermen ocho horas se contentan con dos o tres relaciones. Las ansias sexuales son incontenibles y la pasión llena cada momento. Pero toda esa energía puesta en el deseo no es eterna: tarde o temprano las relaciones maduran brindando un grado de comodidad y predictibilidad a los amantes. Comenzamos a pensar de maneras más prácticas y, en lugar de noches con velas, serenatas y descubrimientos, empezamos a examinar con lupa la relación. Encontramos defectos aún en el más soñado de los amantes, nos preocupamos por las finanzas conjuntas, vuelven las preocupaciones laborales individuales y la luna de miel se termina.

Es en este punto en el cual algunas parejas encuentran que, independientemente de lo mucho que se aman, la pasión está en un punto bajo. El sexo, aunque no desaparece, disminuye, y el aburrimiento se mete en la cama.

Las cosas cotidianas los alejan de la sexualidad, la gimnasia del domingo a la mañana se convierte en más importante que desayunar juntos en la cama y mirar tele es más atractivo mimarse en el living o pasear juntos a la luz de la luna. Ocurre, y mucho. Pero las cosas no necesariamente tienen que ser así. El sexo en una pareja que convive no tiene por qué ser aburrido, y el desgano no tiene por qué ser el destino obligado de toda relación duradera. ¿Cuál es la solución? En principio, usar la cabeza y la imaginación, y probar con estos consejos:


1) Concentrarse en los sentimientos placenteros y disfrutarse mutuamente

La falta de concentración en lo que está pasando puede ser un síntoma sutil del aburrimiento sexual. Cuando no nos concentramos quedamos fuera de la escena y cuando quedamos afuera, es fácil sentirse aburrido. El buen sexo requiere poder concentrarse en la situación con el otro y trascender la frontera del sí mismo.

Observarse a uno mismo interfiere con el abandono necesario para disfrutar. Muchas cosas pueden distraernos: culpa, vergüenza, las preocupaciones sobre el propio cuerpo, los conflictos del poder, el resentimiento, etc. La mejor manera de desprenderse de las distracciones es reconocer que están y dejarlas ir. Imaginemos que esos pensamientos distractivos se elevan en una nube que se va por el aire.


2) Tocarse y acariciarse más a menudo

Un buen primer paso es recrear mentalmente aquellos primeros encuentros apasionados y compararlos con lo que está pasando ahora. Encontrar cuáles son las diferencias y localizar qué está faltando. Proponerse un masaje sensual que permita contactarse con todas las partes del cuerpo y no dejar pasar la ocasión de acariciar, besar y tocar, aún cuando se esté en situaciones que no permitan un encuentro erótico.


3) Hacé una lista

Imaginá tu última relación sexual. Concentrate en todos los detalles de lo sucedido. Luego, hacé una lista de tres columnas: en la primera, poné las caricias que disfrutás y querés conservar; en la segunda, una lista de caricias descartables y, en la tercera, una lista de las cosas que faltan y que te gustaría introducir en su vida sexual. Invitá a tu pareja a hacer lo mismo y, luego, conversen ambos sobre los resultados. Prestá atención a tus propios deseos y a los de tu compañero y traten ambos de incluir estos nuevos pedidos en las próximas relaciones.


4) Disfrutá de los placeres de la vida

Pensá en convertir pequeñas cosas cotidianas en pequeños placeres sensuales. Elegí una actividad cada día tratando de convertirla en lo más sensual posible. En lugar de bañarte rápidamente, hacelo de modo de sentir el contacto del agua en tu cuerpo y todo el placer que ello despierta. Lo mismo puede lograrse tomando un té, caminando, etc. Focalizar en una actividad placentera todos los días puede ampliar la gama de placeres.


5) Cuidá y redescubrí tu cuerpo

Tomate un tiempo todas las semanas. Es tu tiempo: aprovechalo para mirarte al espejo, ver qué cosas necesitás hacer para sentirte más linda, mas cómoda en él. Encremate, relajate y cuidate. Sentirte bien con vos misma te va a ayudar a sentirte bien con el otro.


6) Dejá que la mente vuele

Poné una música suave: cerrá los ojos y dejá que tu mente se llene de imágenes eróticas. Las fantasías sexuales nos ayudan a relajarnos y a disfrutar del placer sexual. En la medida en que experimentes con diferentes imágenes, vas a encontrar que algunas son más excitantes que otras. Las fantasías pueden tomar diferentes formas: desde muy románticas hasta muy explícitas. No son peligrosas; fantasear no significa concretarlas en la realidad. Pero son un potente afrodisíaco que tenemos a nuestra disposición.


7) Date permiso para sentirte sexy

Los sentimientos sexuales son una fuente de energía positiva. Si nos desembarazamos de viejas culpas, prejuicios y tabúes es posible que dejemos salir a la mujer sexy que existe en todas nosotras. La gente sexy busca oportunidades para estimular su erotismo, mantener relaciones sexuales y divertirse con el sexo. Por qué no quedarse en la cama una mañana del fin de semana disfrutando de la mutua compañía, ver juntos una película erótica, escaparse un fin de semana sin chicos o dormir alguna noche en un lugar diferente.


8) Contándonos un cuento

Compartir historias sexuales es una de las tantas actividades divertidas que podemos hacer en pareja. Los cuentos pueden ser inventados y disfrazados, propios o ajenos. En principio, buscar los más divertidos. Se puede empezar por situaciones infantiles y adolescentes. No asustarse si en el transcurso aparecen escenas dolorosas o complicadas que también es positivo compartir. Es interesante que sean breves e intercambiar historias. Que el otro también nos cuente.


9) Jugá

Sin juego el sexo pierde su creatividad y ciertamente se torna aburrido. ¿Qué es jugar? Jugar es divertirse, hacer cosas infantiles, cosas que sólo la intimidad permite, ponerse ropas distintas, jugar a ser una persona diferente, recrear personajes. A algunos les gusta jugar al "doctor", otros prefieren ser la "profesora y el alumno", etc., etc., etc. Son también interesantes los juegos fuera del dormitorio, que no son específicamente sexuales pero permiten a una pareja divertirse, reírse, hacerse trampas, competir, como jugar a las cartas, al tenis, al golf, etc.


10) Los afrodisíacos verbales

El lenguaje del amor es una parte importante del juego sexual. Los hombres y las mujeres nos excitamos a menudo con palabras diferentes. Culturalmente los hombres están acostumbrados a palabras fuertes que a veces nos resultan incómodas, expresiones más directas o nombres vulgares de genitales y de partes del cuerpo. A muchas de nosotras nos excitan frases más románticas, piropos y cosas que nos halaguen. Esto no quiere decir que siempre suceda así y que no podamos encontrar un lenguaje común, excitante para ambos. Los sonidos del amor, susurros, jadeos, suspiros son excitantes para mujeres y para hombres. Por otro lado, al producirlos también aumenta nuestra excitación.


11) No te olvides del romance

Construir un romance es repetir las cosas que hacen los enamorados. Las cosas del amor cotidiano, la notita, los besos, las invitaciones especiales, la comida exótica, el llamado telefónico, etc. Mantener el clima del afecto y la seducción a veces da trabajo pero el resultado es muy gratificante. Coquetear y seducir, avanzar y retroceder, crea escenas y espacios para un nuevo encuentro. Dale, decí basta y devolvele la pasión a tu pareja.


Lic. Diana M. Resnicoff. Psicóloga y sexóloga clínica.


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