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      Desmadre patético, tormenta perfecta

      Desmadre patético, tormenta perfectaLa redacción de Tiempo Argentino, destruida por una patota. Foto: Emiliana Miguelez

      Martín Sabbatella, jefe del partido ultra K Nuevo Encuentro, sostuvo ayer que “el Estado garantizó impunidad en el ataque mafioso a Tiempo Argentino y Radio América”. Afirmó que la patota empresarial que agredió a los trabajadores que ocupan esas redacciones “actuó con absoluta impunidad y se fueron escoltados por la Policía”. Otro ultra K, el diputado camporista Eduardo De Pedro, tuiteó que “el gobierno debe dar una respuesta ante este gravísimo hecho”.

      Lo que ninguno de ellos mencionó, al repudiar ese hecho repudiable, fue que Tiempo Argentino y Radio América formaron parte de la cadena propaladora kirchnerista. Que quien era su dueño, el empresario Sergio Szpolski, sólo en 2015 recibió más de 420 millones de pesos en propaganda oficial. Que en cuanto los K perdieron la elección huyó por tirante, vació las empresas y dejó a los trabajadores en la calle. Y que el aparente comprador de ese desastre empresario, un señor llamado Mariano Martínez Rojas, ayer mismo fue imputado por una fiscal de la Ciudad por haber encabezado la banda de patovicas que agredió a los trabajadores y provocó destrozos de todo tipo.

      La senadora provincial Mónica Macha, miembro de Nuevo Encuentro y esposa de Sabbatella, sumó otra declaración distraída. “Desde la dictadura hasta hoy no habíamos sufrido este tipo de ataques” dijo. Y aludió a un supuesto “violento clima de época alentado por sectores políticos hoy en el gobierno”. Le contestó desde el Partido Obrero el dirigente Gabriel Solano, quien recordó que “Mariano Ferreyra es uno de los 23 asesinados bajo el kirchnerismo por participar de la protesta social”. Otra oportunidad desperdiciada para ajustarse a los hechos.

      A decir verdad, Sabbatella, De Pedro y Macha son sólo discípulos. La verdadera maestra en los artilugios para evitar el ingrato cotejo con la realidad es Cristina. Toda su presentación telefónica en la pantalla amiga de C5N, el domingo por la noche, persiguió ese objetivo. Son muchos los que todavía creen en su relato. Pero son muchísimos menos que antes. El retroceso desordenado y el desmadre patético de su fuerza política resultan la prueba más consistente de su declive.

      Cristina, fiel a su estilo, ironizó sobre las acusaciones por el saqueo sistemático del Estado. Se le dio por minimizar las cifras. “¿Alguien puede pensar que en un monto de obra pública multimllonario alguien va a hacer maniobras de corrupción a través del alquiler de uno, dos o tres inmuebles? Son cifras irrisorias”, dijo.

      Bonita alusión a la obra pública, hidra de una sola cabeza que siempre miró al Sur y que fue alimentada entre otros por un tal señor José López; que alcanzó triste fama hace tres semanas cuando cayó tratando de esconder casi nueve millones de dólares en efectivo en un convento de confianza.

      En cuanto al alquiler de inmuebles, tan inocentemente aludidos, se recordará que Cristina está involucrada en causas judiciales por las operaciones comerciales de sus hoteles en vinculación con pagos fantasmales de los empresarios Lázaro Báez –ya preso y procesado– y Cristóbal López.

      A propósito del asunto, en su largo discurso de defensa individual Cristina dijo que iba a pedir que se hiciera una auditoría sobre la obra pública. Será porque no detecta los cambios políticos producidos, o porque la fatiga tanta necesidad de defenderse, la cuestión es que dejó la pelota picando. Desde Vialidad Nacional y la Auditoría General le recordaron que muchas auditorías ya se hicieron y que se encontraron sobreprecios promedio del 50%.

      Para el mecanismo del relato, que tanto y tan bien trabajó sobre la vivisección de las palabras de quienes consideró sus enemigos, ahora puede ser una cruel sorpresa comprobar que otros trabajan desmenuzando los dichos de su Jefa. Y hacen conocer el resultado de tales saludables ejercicios.

      Por eso, quizás deberían buscar comparaciones más felices dirigentes ultra K como Gabriela Cerruti, quien buscando al mismo tiempo defender y complacer a Cristina, la llamó como a la blonda protagonista de la exitosísima serie Game Of Thrones. Con pretensión epica la calificó, en Twitter, como Madre de Dragones. No faltará quien busque cacofonías posibles entre “dragones” y “ladrones”.

      Aunque en arriesgarse a equívocos nadie le ganó ayer a Adrián Maloney, abogado de Julio De Vido. Tratando de despegar a su cliente de la mancha venenosa de José López –tarea imposible si las hay– el hombre declaró que salvo el caso Sueños Compartidos no hay conexión posible entre ellos. Y no se le ocurrió mejor figura defensiva que decir: “Hay gente que no sabe qué hace su mujer. De Vido tampoco debería saber qué hacía López”. Que se sepa hasta ahora, no es ése el tipo de relación que unía al ministro con su número dos.

      El juez Claudio Bonadio, quien disfruta cada ataque que los ultra K derraman sobre él, sigue avanzando sobre Cristina. La citó mañana, para que se notifique del procesamiento por la causa de dólar futuro que –ahora se sabe con precisión– le costó al Estado la fabulosa cifra de 53.000 millones de pesos. La Doctora deberá concurrir a los tribunales de Comodoro Py en horario similar al que están citados a declaraciones indagatorias De Vido y Lázaro Báez. Cero casualidad. Tormenta perfecta.

      Un dirigente que tomó definitiva distancia de los ultra K asegura que en abril, cuando aterrizó en Comodoro Py y habló ante una masiva demostración de sus seguidores, “Cristina vino a despedirse, pero se terminó enamorando de su jugada”. Por eso, sostiene, siguió con reuniones y convocatorias unos días más antes de volver a su retiro patagónico.

      López todavía no había trasnochado con sus dólares en el convento.

      Ahora, después de escucharla en televisión, el kirchnerista decepcionado reafirma su impresión: “Está retirada, no va a conducir nada que no sea su propia defensa”. El vacío político que deja la deserción de Cristina es ocupado ahora por la dispersión del peronismo y el sálvese quien pueda de quienes se le mantienen fieles.

      Esta historia todavía no terminó.


      Sobre la firma

      Julio Blanck
      Julio Blanck

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