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      De cuando el funk, funkaba

      Hace unos años, el funk llenaba teatros... ¿Qué pasó en el medio?

      De cuando el funk, funkabaCLAIMA20150612_0012 Archivos del Suple Sí! Willy Crook y su era dorada.

      No fue, nunca lo es tratándose del funk, combustión espontánea. Pero en aquel lejano año del Señor las prédicas de los Illya Kuryaki tenían sustento local: el Padrino del Funk, el mismísimo James Brown, visitaba por primera vez Buenos Aires, igual que (en otra veta más suave y blanca) el best seller Jamiroquai también tenía estreno argentino. Pero había más: el ex Redondos Willy Crook (modelo de tapa de la edición del Sí! dedicada al fenómeno) se paseaba orondo con sus Funky Torinos cantando en cocoliche y conquistando una audiencia que lo hacía llenar teatros.  El género, puro o en las rocas, se bailaba en boliches como Chakira y el C.O.D.O., de la mano del inefable DJ Nico Cota y hasta te mandaba a dormir, cuando en el programa Duro de acostar, conducido por MC Roberto Pettinato, te ibas o venías de la pausa con una all star band llamada La Groovísima. Todo, sucediendo al mismo tiempo, mientras la propaganda del Gran DT de entonces ponía al frente a un futbolista con (recién estrenada) porra funk que le avisaba a sus compañeros de equipo: “No me pidan que cabecee”.Antes de volver al ghetto (o a los conservatorios), el género tuvo ese auge y se desvaneció, casi como un coletazo del menemismo. Antes, el rock argentino había incluído guiños en algunos licks de guitarra de Claudio Gabis en Manal (No Pibe), en los más complacientes de la progenie jazz-rockera, en personajes proto-disco como Néstor Briyo, en hits ochentosos de García (Funky), Calamaro-Makaroff (Loco por ti) y en momentos de Fricción y el Soda Stereo de Doble Vida.


      Sobre la firma

      José Bellas

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