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09.01.2012 | Cosmética fitness

Entrenar la piel

Cómo cuidarla cuando se realiza actividad física. Qué factores alteran su funcionamiento. Consejos para poner en práctica.

Jimena Barrionuevo / Clarín Mujer
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Hasta hace unos años se creía que a medida que uno envejecía perdía sus cualidades físicas, como la capacidad aeróbica, la fuerza y la flexibilidad. Hoy se sabe que el envejecimiento se produce como resultado de lo que hacemos y dejamos de hacer. Es decir, envejecer más o menos depende de nuestros hábitos de vida.

El ejercicio físico es un potenciador de emociones positivas. Y cada vez más gente realiza alguna actividad. De hecho, las dos principales cadenas de gimnasios del país tienen un millón y medio de socios.

Para estos deportistas, el aspecto físico, el emocional y la salud constituyen las preocupaciones principales. “Pero al considerar las agresiones a las que se encuentra sometida la piel durante el ejercicio físico, detectamos que no es justamente el bien más preciado por los atletas”, opina Paula Schaievitch, licenciada en Química y Directora de Icono, Ciencia y Estética, empresa de productos cosméticos.

La especialista investigó las características de la piel de los deportistas y presentó los resultados en el 1° Congreso Argentino de Dermatocosmiatría, organizado por la Sociedad Argentina de Cirugía Dermatológica y Dermoestética (AMA).

¿Sus conclusiones? El viento, la transpiración, la radiación solar y el agua son los principales factores que impactan sobre la piel cuando se está realizando ejercicio físico. Por eso, la incorporación de productos cosméticos a la rutina de cuidados diarios es fundamental para conservar la salud de la dermis.

La doctora Patricia Dermer, directora de Lidherma, empresa de medicina estética, confirma el pronóstico. Según la dermatóloga, las diferencias en la piel de una persona que practica deportes y otra que no se manifiestan de diferentes formas.

Por ejemplo, “en aquellos deportes activos como el hockey, en los que la transpiración es importante, la piel puede deshidratarse por una gran pérdida de humedad a través del sudor -explica la médica-. Mientras que en actividades como la natación, el agua clorada puede irritar y deshidratar la piel. Finalmente, en los deportes al aire libre, si la piel no está protegida, puede sufrir un enevejecimiento prematuro, que se manifiesta a través de manchas y arrugas, como consecuencia de la radiación solar”.

Marcelo Linck, licenciado en alto rendimiento deportivo y entrenador, coincide. “La experiencia de 20 años de practicar actividad física me ha demostrado que el deportista desconoce la fisiología de la piel. Su preocupación está focalizada en su rendimiento físico, en la alimentación, en la hidratación vía oral y en la ejercitación, pero no en las necesidades de la piel que cumple numerosas funciones durante la práctica”, asegura.

La piel en movimiento

La epidermis o capa exterior de la piel es la barrera del cuerpo que lo separa del ambiente externo. Tiene un grosor que va desde un mínimo de 0,1 mm en los párpados, a un máximo de 1,5 mm en las palmas de las manos y en las plantas de los pies. Recambia sus células por completo en un plazo de 30 días. En deportistas, este período se acorta por el desgaste continuo de esta capa.

La dermis, situada debajo de la epidermis, representa la segunda línea de defensa contra los traumatismos (su grosor es entre 20 y 30 veces mayor que el de la epidermis) y constituye un enorme depósito potencial de agua, sangre y electrolitos –encargados de activar los músculos y las neuronas-. Al hacer deporte, la dermis informa al cerebro sobre movimientos y cambios de frío y calor. Gracias a su gran cantidad de capilares, aporta nutrientes y agua a la epidermis.

El ejercicio físico aumenta la temperatura corporal. Para evitarlo, el organismo emite sudor a través de la piel: la evaporación del agua contenida en el sudor tiene un efecto refrescante. Sin embargo, también produce la pérdida de minerales que la mantienen hidratada. Como éstos no se reponen con facilidad, es importante ingerir aguas específicas durante y después del entrenamiento.

“Aunque muchas veces se sustenta esta necesidad a través del balance nutricional, es necesario incorporar el concepto del daño que estos procesos producen sobre la piel”, sostiene Schaievitch. Incorporar productos de aplicación tópica a los cuidados básicos permite evitar daños mayores.

Por su parte, la exposición a la radiación solar genera partículas llamadas radicales libres que desencadenan procesos de envejecimiento acelerados. Finalmente, el viento puede erosionar la piel ya que, como respuesta, ésta se torna más gruesa y adquiere un aspecto opaco y seco.

Cómo cuidarse según el deporte

Actividades como la bicicleta, el spinning o el running involucran una gran pérdida de agua. Por eso es importante hidratarse bien antes, durante y después de la rutina: de ese modo la piel compensará la humedad perdida.

En el caso del rostro, debido a la alta cantidad de toxinas que se liberan con la actividad física intensa, es recomendable limpiarlo, tonificarlo e hidratarlo con productos específicos una vez que haya finalizado la práctica.

Si se practica natación, es importante higienizar correctamente el cabello, el cuerpo y el rostro para eliminar residuos de cloro, sales y toxinas. La ducha con agua tibia debe ir acompañada de un champú rico en proteínas y vitaminas y un gel de baño neutro, con un poder detergente que permita eliminar la suciedad acumulada sobre la piel. Las tendencias actuales en geles de baño apuntan a formulaciones que, además del efecto limpiador, ofrecen hidratación, exfoliación, nutrición e incluso relajan y estimulan el sistema inmunitario. También es aconsejable aplicar, una vez por semana, una máscara nutritiva para el pelo.

Si la actividad física preferida tiene lugar en la montaña -como el esquí, el alpinismo o las excursiones-, hay que tener presente que el sol, el viento, el frío, los cambios bruscos de temperatura y la sequedad serán implacables con la piel. “Todos estos factores provocan una gran deshidratación y alteraciones cutáneas que se traducen en una piel seca, descamada y fisurada. A largo plazo esto supone un envejecimiento más acelerado de la dermis”, afirma María Laura Franco, Directora Técnica de laboratorios Galderma.

En estos casos es recomendable utilizar pantallas solares totales, ya que cada 1.000 metros de altura aumenta un 10% la radiación solar. Siempre que se prevea una intensa exposición solar resulta imprescindible la aplicación previa de productos con factor de protección solar alto (FPS 30-40) o muy alto (FPS 50+). Deben garantizar una permanencia, aun cuando el individuo esté sudando.

Es simple. Sólo se trata de cuidar la piel cuando se practica cualquier actividad física.


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