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23.01.2012 | Mito o realidad

2012: ¿el fin del mundo o el comienzo de una nueva era?

Cargado de expectativas negativas y “mala prensa”, comenzó un año polémico y esperado. Para algunos, representa un reinicio que llama a redescubrir las emociones; para otros, la destrucción total. ¿Qué dice la psico-astrología en  relación a esta recurrente tendencia humana de armar fantasías del final del planeta?

Beatriz Leveratto
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Lo vimos en películas y lo leímos en infinitas predicciones. El año 2012 viene cargado de pronósticos y expectativas poco halagüeñas. Para muchos, representa el fin del mundo, una teoría que, lamentablemente, cada tantos años, debemos volver a soportar.

Sin embargo, no hace falta un astrólogo o un vidente para darnos cuenta de que estamos ante el final de una forma de paradigma social, ante un gran cambio de la humanidad.

Es notorio que estamos en un tiempo de crisis, de modificación de creencias, una época que invita a superar y a superarnos en nuestras propias convicciones.

Seguramente, cada uno ha modificado con el paso de los años las visiones con respecto a la religión, a la familia, a la sexualidad, a los derechos y a las obligaciones del ser humano. Por eso, hoy estamos en una época  muy diferente en valores a como “nos educaron”. Vivimos un período quizás desorientado pero, por cierto, muy libre y creativo.


Tiempo de cambios

-El modelo de humano que hemos construido en los últimos siglos se esta agotando. Nos hemos dedicado a decir que somos “coherentes y civilizados”, en un mundo plagado de hambruna y de guerra.

-Hemos híper valorado a la ciencia. Lo hicimos para superar la mentalidad romántica, la mirada mágica y subjetiva con la que nos movíamos hasta la revolución industrial.  Es esta mirada científica, sin embargo, la que recurrentemente anuncia “finales del mundo”,  pues no logra explicar desde sus herramientas racionales como “comenzó” la vida. Y esta misma mente que cree que debe haber un “inicio en la vida”, es la que piensa que debe haber un final. No puede pensar la vida como un continuo, como un universo infinito que se recicla continuamente.

-El ser humano se fue quedando solo con su ciencia en una mundo sin sentido trascendente. Este mundo está ocupado solo en construir, desarrollarse, desear y continuar generando. Busca siempre protegerse a sí mismo de los peligros de “finales” que vive fantaseando.

-Hemos construido al “homo sapiens”. Es un ser inteligente, racional y culto, bien discriminado de aquel antiguo humano de hace varios siglos que, aunque aterrado, infantil, lleno de plagas y de fantasías de “dioses buenos y dioses malos”, tenía una mirada espiritual del mundo.

-Pareciera que cuanto más hemos logrado comprender o “explicar racionalmente” al universo, menos sentido éste parece tener. Hemos llegado a la paradójica conclusión de que: “El hombre está solo en la inmensidad insensible del universo que surgió casi por casualidad”. Logramos sentir que, como individuos tenemos genuinos derechos, máxima potencia y libertad personal… Paradójicamente, a medida que se autonomiza el yo, se desencanta el mundo. Creemos vivir en un universo sin mente y sin alma en cuyo interior el humano paradójicamente, es la única forma de vida que tiene conciencia.

-Para la mente moderna, sentir que el universo comunica intención e inteligencia es ser considerado poco culto, ingenuo o loco. El pensamiento lógico es altamente valorado, sin embargo concibe al “yo” alienado y alejado de su entorno. El pensamiento racional no puede incorporar tanta inmensidad de la vida, no logra  explicar un sentido a  la enormidad del cosmos que contiene el misterio de nuestro origen.

-En la comprensión del cosmos moderna, el alma no tiene hogar. El individuo parece estar al margen de lo creado, el yo es una isla en un vasto universo sin significado espiritual. Este cosmos desencantado empobrece nuestra psiquis colectiva, pervierte la moral y banaliza lo espiritual. La dimensión espiritual del universo es negada y nos sumergimos en una adictiva búsqueda de bienes materiales para intentar llenar nuestro vacío interior.


Emociones y sensibilidad: la clave

En el 2012 habrá muchos movimientos en el cielo, ese cielo que nos cuesta incluir, nos se estará pidiendo que lo recordemos, que resonemos con quienes somos, reconectándonos con nuestro origen estelar. Nuestra tierra es un pedacito de cielo. El cielo y la tierra están hechos de los mismos componentes. Los movimientos planetarios de este año sugieren un tiempo de crisis, un período de cambios pero, al mismo tiempo, de grandes oportunidades para abrir nuestra limitada y excesivamente racional percepción de la vida.

En febrero de 2012 se anuncia un tiempo de máxima sensibilidad que invita a darle crédito a lo irracional e intuitivo, ya que el planeta Neptuno vuelve (luego de 164 años) a su signo regente, Piscis, y da inicio a un período en el que la ciencia deberá abordar lo inexplicable. Comienza una época para reencontrarnos con nuestra espiritualidad olvidada, para intentar religar mundos científicos y sensoriales desde una nueva forma inimaginable para nosotros. El universo empezará a percibirse como un todo unitario e interconectado, dotado de una inteligencia creadora, recordándonos el principio hermético de “como es arriba es abajo”. Si hay inteligencia y amor en el humano también la hay en el resto del universo y en las estrellas.

Este año comienza un nuevo gran ciclo de la humanidad en donde será necesario superar el concepto inconsciente de creernos independientes y superiores al resto de los seres de la tierra, pues esta mirada nos ha dejado solos, desalmados y desorientados. Estamos en un proceso de iniciación hacia una forma más resonante de entendernos, ya no desde la idea de “vencer” o someter a otros seres, sino desde la genuina necesidad de dejar de ser “máquinas de ganar, de imponer desde una mayor astucia o inteligencia” para convertirnos en hombres y mujeres con conciencia amorosa.


Beatriz Leveratto es astróloga y tarotista, www.beatrizleveratto.com.ar

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