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09.01.2013 | Psicología

¿Ser desordenada tiene sus bondades?

Hay especialistas que aseguran que cierto grado de descuido no es sinónimo de desastre, sino que puede ser un reflejo de la creatividad. Pretender un orden total nos hace perder calidad de vida. Encontrá un equilibrio.

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Pitágoras decía que el orden es el más hermoso ornamento de una casa, pero Baudelaire reclamaba el desorden como uno de los derechos básicos del individuo. Entre ambos extremos, entre el caos y la obsesión, hay un amplio abanico de opciones. Veamos.

El orden no debería tener más secreto que colocar cada cosa en su sitio. Suena sencillo, pero para muchas personas resulta una hazaña difícil de lograr: aún cuando una encuesta de la Universidad de Columbia asegura que el 59% de las personas tiene un juicio negativo de los desordenados y un sinfín de investigaciones afirman que los hogares caóticos entorpecen el desarrollo cerebral en los primeros años de vida (los niños criados en ambientes más desordenados sufren más estrés y tienen un peor desarrollo de sus capacidades cognitivas), son muchos los que viven en un verdadero caos.

¿Es un defecto? El caos tiene poco de saludable, pero un cierto desorden tiene su lado positivo. El psicólogo Sam Gosling, de la Universidad de Texas, analizó 500 casos y tuvo que admitir que aquellos escritorios con restos de comida, calendarios atrasados, papeles revueltos y libros a medio abrir pertenecen a personas más felices, menos conflictivas y con un carácter más abierto. Además, encontró que hay cierto desorden que es paradójico: a pesar de su apariencia caótica, hasta el más insignificante papel tiene su lugar en la mente de sus propietarios.

Ya lo decía Max Weber: "La razón desencanta al mundo y el orden diluye la vida". A tono, el escritor Paul Claudel sentenció: "El orden es el placer de la razón, pero el desorden es la delicia de la imaginación". De hecho, muchos intelectuales ven en el desordenado a un inconformista y sostienen que las mejores ideas surgen en entornos de libertad.

A su vez, la obstinación por el orden muchas veces habla más de obsesiones y fobias que de salud mental y bienestar psíquico. Todo lo ventajoso que puede llegar a ser el afán por el rigor y la pulcritud, sobre todo en ciertas actividades, puede volverse inservible (y hasta patológico) si el individuo no tolera el "desorden" natural del mundo y de la conducta humana, y pretende controlar hasta lo incontrolable. En ese punto, según los psicólogos, la pretensión de orden total sería un intento vano de negar y controlar lo impredecible de la vida.

El psiquiatra madrileño Eduardo García-Camba dice que ciertas manías por el orden traspasan el límite de la sensatez para entrar en el terreno de lo patológico. El experto explica que organizar la vida según patrones que siguen una precisión milimétrica y perseguir la perfección no es sinónimo de equilibrio sino una conducta que se roza con lo enfermizo y que perjudica la vida cotidiana de quien lo padece. Se puede tratar de un trastorno obsesivo compulsivo, algo que provoca ansiedad y sufrimiento, y que requiere intervención médica para aliviar la ansiedad.

Por lo tanto, ni un extremo ni el otro. Encontrá tu propio equilibrio.


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