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05.07.2011 | ¿Vivís a mil?

Cuando no podemos parar... ¡Tenemos que poder!

Las mujeres tendemos a hacernos cargo de muchas cosas. Nos entregamos a las presiones y a la velocidad y desatendemos nuestras necesidades y nuestro mundo emocional. Es clave escuchar cuando el cuerpo pide bajar un cambio y volver a conectarse con lo que realmente importa.

Alicia López Blanco
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Cuántas veces sentimos que la vida nos pasa por arriba, que no podemos parar, que hemos perdido el registro de lo prioritario. El estímulo parece venir de afuera pero, luego, el movimiento se retroalimenta y perdemos el control, como si el fenómeno cobrara vida propia.

Por nuestra naturaleza femenina, dependiente de la fluctuación de las hormonas, las mujeres, cíclicamente, tendemos a atravesar períodos de desequilibrio. Nos salimos de nuestro eje y nos dejamos arrastrar por la autoexigencia, el perfeccionismo, las necesidades de los otros, la creencia de que podemos controlarlo todo, o de que somos capaces de dar siempre a los demás lo que esperan o reclaman.

Paulatinamente vamos llegando a un punto en el que las exigencias a las que estamos sometidas superan nuestra capacidad de atención y afrontamiento. Las señales de agotamiento, irritabilidad, tensión y síntomas somáticos variados nos avisan del momento en que necesitamos retornar a nuestro centro y ordenarnos. Es clave escucharlas, atenderlas, porque si permanecemos mucho tiempo alejadas de nosotras mismas nuestra capacidad de avanzar por la vida tiende a disminuir.

Cuando llegamos a ese extremo, necesitamos realizar algún tipo de cambio en la dirección del equilibrio: si continuamos sometidas a la presión, podemos llegar a tornarnos insensibles a nuestras necesidades y a dejar de registrar el momento en el que lo que es excesivo, o lo que no es suficiente, rebasa nuestros propios límites y nos supera.

Tal vez estemos inmersas en una tarea que, aunque elegida, nos absorbe en demasía, alguna responsabilidad ha agotado nuestras fuerzas, un requerimiento afectivo nos pide más de lo que podemos dar, o recibimos menos de aquello que necesitamos.

Tanto por el exceso como por la falta podemos llegar a pagar un alto costo: una vez atravesado un límite, la energía comienza a mermar y la inquietud interior, a crecer. Esto nos lleva estar irritables y reactivas ante cualquier cosa que identifiquemos como presión.

Nunca es tarde para comenzar a seleccionar, ordenar, recomponer lo que sea posible, y descartar lo que ya no tiene sentido que permanezca. El prestar atención a la vigencia de nuestros deseos y necesidades personales es un buen comienzo para encontrar el camino de regreso a casa. Para esto necesitamos dejar de mirar para afuera y apartarnos de las distracciones del mundo exterior, las agradables y las que no lo son.

Cualquier recurso que nos convoque a estar con nosotras mismas en un diálogo interior, y nos ayude a restaurar la energía, puede servirnos para decir 'basta': leer un libro, visitar un lugar preferido, compartir tiempo con alguna persona especial, incursionar en una actividad artística, arreglar las plantas o el jardín, viajar, escribir, meditar, charlar con amigas, hacer terapia, caminar en soledad, jugar con la mascota, u otras experiencias que ayuden al objetivo de poner la mente en orden y a darle lugar a todas las ideas, incluso a las aparentemente absurdas.

Necesitamos aprender a reconocer, en lo cotidiano, lo que nos hace bien, y servirnos de ello para nutrirnos, curarnos, sostenernos en el camino y actuar en consecuencia, poniendo las cosas en su sitio, dejando vivir lo que tiene que vivir y permitiendo que muera aquello cuyo tiempo final ha llegado.

La práctica de la soledad elegida, realizada diariamente aunque sea por pocos minutos, constituye una verdadera herramienta de cura para los males del alma y el cansancio del cuerpo. Sólo requiere de aprender a aislarse aún en medio del bullicio, conectarse con las sensaciones corporales, la experiencia emocional y los pensamientos. Luego dar rienda suelta a la imaginación y dejar que nos lleve por donde desee. Esta breve vivencia permitirá que emerjan muchas respuestas esperadas y nos ayudará en lo cotidiano a estar en una mejor conexión con nosotras mismas.


Alicia López Blanco

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