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      Salió a vender con un carro en Nueva York sin saber inglés y su producto se convirtió en un ícono

      Alejandro Rad fue a probar suerte. Actuó en una película y popularizó la marca de un snack con un olor característico.

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      Nació en Mendoza, fue a probar suerte a la Gran Manzana y cumplió el sueño americano.

      Las partículas de olor impregnan la nariz de los transeúntes que caminan por las calles de Manhattan y alrededores. "¿De dónde viene ese aroma dulce, tostado?", se preguntan aquellos que, interesados, lo huelen por primera vez. Otros, en cambio, ya saben la respuesta: proviene de un carrito apostado en la vereda. Allí se cocina un producto con historia, pero su creador no se ufana... dice que prefiere el anonimato. Claro, hasta ahora.

      Alejandro Rad existe. Con veintitantos, este argentino comenzó a vender garrapiñadas en Nueva York sin que pudiera comprender una sola frase en inglés. Después de muchos años, su marca representa un ícono de la ciudad. Y decidió contar su sueño americano. 

      Alex, así lo identifican sus íntimos, está casado y es padre. A los 53 años, reitera a cada rato que no le gusta la exposición. Afirma que no necesita alimentar su ego: "No busco luces, no busco reconocimiento". Sin embargo, cuando habla de su vida, pareciera que actuara en una película. Y de hecho, en una oportunidad, ofició de extra: apareció en Peanuts One Dollar, filme del director Sebastián Mónaco, con la participación de Norman Briski

      "En la vida, a vos te va bien cuando hacés lo que te gusta o pasás la mayor cantidad de días haciendo lo que se te cantan las pelotas. Yo hice lo que se me cantó las pelotas", contesta en conversación con Clarín. Así fue como, en los 80, voló de su Mendoza natal hacia tierras estadounidenses, con la excusa de "estudiar" el idioma.

      Niñez. En su Mendoza natal, cuando apenas era un chico. Foto: cortesía/Alejandro Rad.Niñez. En su Mendoza natal, cuando apenas era un chico. Foto: cortesía/Alejandro Rad.

      "En un comienzo, había mucha confusión en mi cabeza. Vengo de un hogar muy conservador (Alejandro repite dos veces 'muy' con énfasis). Mendoza es un pueblo, más allá del número de habitantes que tiene. Si sos conservador y venís de un pueblo... de repente, al arribar a Nueva York, se te produce un estado de crisis", relata. Esta situación no lo asustaba, sino que lo divertía. Disfrutaba de sus propios problemas.

      "Nueva York es para gente sin estructuras definidas. Te atrae, podés tener acceso a cosas en poco tiempo que nunca hubieras soñado. Cada cuadra, cada persona es un mundo aparte. Abriendo bien los ojos, ves mucha magia, tentaciones, desafíos", asevera.

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      Una vez, en la época en la cual "estudiaba" inglés en un instituto neoyorkino, optó por probar suerte en la calle. Sería una aventura sin final pautado, de esas que a él le gustan.

      Su primo Daniel, junto al socio Betinho, eran dueños de unos carros de venta de garrapiñadas. Ambos lo guiaron a Alejandro, que un día de 1989 salió a preparar y vender estos frutos secos confitados por un dólar la bolsa. Lo recuerda a la perfección: empujó el carrito hasta la calle 14, entre University PI y la Quinta Avenida.

      Juventud. Recién empezaba a vender las garrapiñadas en la Gran Manzana. Foto: cortesía/Alejandro Rad.Juventud. Recién empezaba a vender las garrapiñadas en la Gran Manzana. Foto: cortesía/Alejandro Rad.

      -¿Qué pasó ese día?

      -Fue una cosa... no me lo olvido más (larga una carcajada). Salí a vender con otro primo, quien falleció hace poco. Yo no entendía nada de inglés, veía pasar a la gente. Y tenía que vender de alguna manera. Ese día recaudamos 62 dólares. Como no tenía papeles, trabajaba con la licencia de un tercero. Ni siquiera era mi cara la del carnet. Esta fue la época del oscurantismo. 

      A Alejandro no le resultaban ajenas las garrapiñadas. Las comía siempre en la Fiesta de la Vendimia o en desfiles militares. "Venían en la bolsita de celofán finita y larga. Yo las prefería mil veces por sobre los pochoclos", expresa.

      -¿Qué es para vos una garrapiñada?

      -Es un snack sincero. En relación al costo y lo que te da, es una ecuación excelente. Una muy buena ecuación. La garrapiñada es fruto seco, agua y azúcar. No está hecha con aceite y tampoco aditivos químicos. Es honesta, sincera. Podés estar con la conciencia tranquila.

      -¿Y el olor?

      -El olor a la garrapiñada es como el olor al pan caliente. Algo que tiene que ver con una fiesta, una plaza, un partido de fútbol... un momento gratificante. El porcentaje de transeúntes que mira el carro es altísimo. El olor atrae, hay algo interno que te llama. Tenés que luchar con tu interior para no comprar.

      Cocción. El emprendedor prepara las garrapiñadas en uno de los carritos. Foto: captura/YouTube "Nuts4Nuts TV".Cocción. El emprendedor prepara las garrapiñadas en uno de los carritos. Foto: captura/YouTube "Nuts4Nuts TV".

      Tras ese primer día, continuó vendiendo en la calle durante los fines de semana bajo la tutela de Daniel. Cada vez que se le vencía la visa, se tomaba un avión a Argentina y luego regresaba a Estados Unidos. Con el transcurso del tiempo, Alejandro descubrió que el negocio de las garrapiñadas era lo suyo. Y se dedicó exclusivamente a eso.

      Al cabo de un tiempo, Alejandro se independizó de su primo, consiguió sus propios carritos y contrató a otros vendedores: "No podía estar bajo la tutela de alguien por muchos años, por mi espíritu aventurero. Era muy complicado para mí seguir el camino marcado por otra persona en condición de empleado".

      "La experiencia más espectacular de Nueva York es sentarse en la calle y ver a Nueva York pasar. Depende en dónde te sientes, vas a observar los diferentes rostros, las miradas, formas de caminar. Lo más lindo, feo, llamativo, chocante, seductor...", enuncia.

      "Jorge Aguirre padre (otro argentino) fue el pionero, el hombre que realmente trajo la garrapiñada a Nueva York con un carrito modesto. Bajo este modelo sencillo todos trabajamos por muchos años. Yo sería una especie de nieto de Jorge Aguirre, comercialmente hablando", advierte. 

      Maní confitado. "Es un snack sincero", lo define Alejandro. Foto: Facebook "Nuts4NutsUSA".Maní confitado. "Es un snack sincero", lo define Alejandro. Foto: Facebook "Nuts4NutsUSA".

      "Los carros, de acero inoxidable, no tenían marca. Estaban pelados (sin gráficas). Yo fui la persona que le dio una arista más profesional a este negocio, una visión distinta. Gasté dinero en estructuras, en carros, en darle un nombre", indica.

      En 1992, le puso un nombre a sus carros: "Nutsaboutnuts". "Apareció un ciudadano de Brooklyn que me demandó porque él ya tenía registrado ese nombre en NY. Y yo nunca lo había inscripto. Él llevaba adelante un negocio mayorista y minorista de frutos secos. Me hizo un juicio por 60 mil dólares, duró dos años y terminamos arreglando por mucho menos dinero", se explaya. Como consecuencia de la resolución judicial, Alejandro estaba obligado a cambiar de nombre.

      El oriundo de Mendoza -sí, también llegó a vender vinos en la Gran Manzana- empujó el carrito hasta 1995, año en que se cansó de los "quilombos" callejeros y eligió encargarse directamente de la "logística" del negocio. "En mi carrito paraban el diariero del barrio, el policía, un chofer de un poderoso de Wall Street o un vendedor del barrio. Me sabía los nombres de todos, conversaban conmigo de sus vidas. Yo ponía globos, música y tenía una fotito de Maradona. Era increíble todo", resume con pizcas de nostalgia.

      Piñas con egipcios y griegos

      En sus manos todavía conserva las marcas de las piñas que repartió sin discreción para "hacerse respetar", dice, por "cuestiones territoriales". 

      "Me peleé con griegos y egipcios, disputas eternas por lugarcitos en las calles. Discutíamos por quien conseguía estar más cerca de las esquinas, donde agarrabas el doble de tránsito de gente. Fui arrestado un par de veces. Y ya no quería más estos problemas. A mí los tipos me tenían miedo porque pensaban que yo estaba loco. Fue un momento muy heavy, tenías que tener las bolas bien puestas para pelear por lo tuyo", declara a Clarín

      Empresa. Fundó la compañía United Snacks, Inc. junto a su socio Cliff Stanton. Foto: cortesía/Alejandro Rad.Empresa. Fundó la compañía United Snacks, Inc. junto a su socio Cliff Stanton. Foto: cortesía/Alejandro Rad.

      A mediados de los 90 se hizo amigo del neoyorkino Cliff Stanton. Pronto, se convirtieron en socios: fundaron la empresa United Snacks, Inc. en 1996. Ese mismo año, Alejandro, según aclara, creó la marca "Nuts4Nuts" (un juego de palabras, "locos por los frutos secos" en español). En este caso, asegura, sí la registró

      En 1998, de acuerdo a su relato, obtuvo la propiedad intelectual de la marca para EE.UU. y Canadá. Dos años más tarde, el protagonista de esta historia recibió la ciudadanía estadounidense. La compañía United Snacks, Inc. (de Alejandro y Cliff) es dueña de "Nuts4Nuts".

      -¿Por qué creciste? ¿Cómo pasaste de empujar un solo "carro pelado" a tener tu propia marca?

      -Creo que fue, y esto debo decirlo con honestidad, por las mujeres. Tengo un lejano pasado: en mi juventud, era mujeriego. Siempre me escapaba de la responsabilidad, de las relaciones que tenía. Entonces estaba obligado a contratar gente. Si no quería perder presencia en esa zona de la ciudad, tenía que llevar a un empleado que ocupara mi lugar y luego yo ir a empujar otro carrito a otro lugar. Es tal cual lo que te estoy diciendo. Siempre me iba para nuevos rumbos.

      Amigos y socios. Cliff y Alejandro, por las calles de Nueva York. Foto: Facebook "Nuts4NutsUSA".Amigos y socios. Cliff y Alejandro, por las calles de Nueva York. Foto: Facebook "Nuts4NutsUSA".

      Un rumor sobre su historia

      En una época, cuando no existían las redes sociales, se corrió un rumor acerca de la historia de un emprendedor argentino que había tenido éxito vendiendo garrapiñadas. Se trataba, nada más y nada menos de Alejandro, aunque no se divulgaba su nombre. Y la información estaba distorsionada por el teléfono descompuesto de la gente.

      "Yo vivía en el barrio Greenwich Village, de fuerte presencia de la comunidad LGBT+. Una vez, viajé a Buenos Aires. Cuando bajé en el Aeropuerto de Ezeiza, me tomé un taxi. El taxista me preguntó: '¿De dónde venís?'. Le contesté 'de Nueva York' y me respondió: 'Qué ciudad esa. Vos sabés que a mí me contaron que un argentino con las garrapiñadas se volvió multimillonario y salió del clóset'. Me empecé a cagar de risa. Le confesé: 'Ese que decís vos soy yo. Pero no soy millonario, ni gay".

      Alejandro recalca que aquellos que con frecuencia recorren "La ciudad que nunca duerme", reconocen el olor característico de las garrapiñadas e identifican sus carritos. "La gente se saca fotos con los carros. Además, cuando en la industria de la música realizan videoclips, me llaman para pedirme que uno de mis carros aparezca en sus producciones", expone.

      Instante. Alejandro atendió al cineasta Michael Moore. Foto: Facebook/Nuts4Nuts.Instante. Alejandro atendió al cineasta Michael Moore. Foto: Facebook/Nuts4Nuts.

      Qué pasó con su marca

      La pandemia golpeó con fuerza su negocio, aunque aún se mantiene a flote. En estos días, hay más de 35 carritos desplegados por Nueva York, en las veredas y en los parques. Los vendedores callejeros abonan una renta mensual a "Nuts4Nuts" que incluye el alquiler del espacio de la calle, el carro y el derecho a usar la marca de Alejandro y Cliff. También, los comerciantes pagan la mercadería que les proveen. Es una franquicia.

      Por otro lado, Alejandro vende sus productos por encargo a través de la tienda online de la marca. Las garrapiñadas de "Nuts4Nuts" pueden ser de maní, almendra, castaña de cajú, nuez de pecán, avellana o coco. "Es una receta original mía porque soy el único que le coloca a la mezcla miel en polvo importada. Lleva agua, azúcar, el fruto seco y una miel orgánica en polvo traída de Japón", manifiesta.

      En la actualidad, "Alex" confiesa sentirse enfocado en otros negocios, inmobiliarios principalmente, real estate. Pero no descuida su marca: su corazón late en la calle, está ahí... con las garrapiñadas, sus vendedores y sus clientes. "Soy un hijo de Nueva York. Con saber que mi marca sigue viva en las calles, ya es suficiente para mí. Es un ícono de Nueva York y no lo va a mover nadie. De este negocio comieron y vivieron cientos de personas", reflexiona.

      Argentino. Tiene 53 años, está casado y es padre. Foto: captura/Nuts4Nuts TV.Argentino. Tiene 53 años, está casado y es padre. Foto: captura/Nuts4Nuts TV.

      Sobre la firma

      Alan Nápoli

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