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      Carla Quevedo, la Alicia Muñiz de la serie Monzón: “No sé quién soy”

      La actriz asegura que la actuación le permite esconderse.

      Carla Quevedo, la Alicia Muñiz de la serie Monzón: "No sé quién soy"La actriz Carla Quevedo también es poeta. Lee a los melancólicos Pessoa y Pizarnik. / Andres D'Elia

      Carla Quevedo (31 años) vio “una oportunidad muy grande” en la serie Monzón (2019). “Me parecía que era muy importante revisitar el femicidio de Alicia Muñiz en este contexto histórico, en 2019, porque viendo cómo se lo tramitó en la justicia, en la sociedad, en los medios de ese momento, podemos ver cuáles son los problemas que todavía hoy en día nos proponemos superar”, amplía.

      Su actuación como la mujer asesinada por el boxeador fue impactante y le valió buenas críticas. Hace diez años encarnó a otra víctima de un femicidio en su primer papel: fue Liliana Coloto en El secreto de sus ojos (2009). Como sabemos, el filme ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera, lo cual le permitió viajar, estudiar, actuar y radicarse en el exterior (ahora está en Buenos Aires, pero pronto regresará a los Estados Unidos).

      Ese ir y venir tiene que ver con una identidad errante que le genera tanto placer como angustia: “Desde que empecé a laburar, que voy y vengo: Los Angeles, Nueva York, Buenos Aires. Desde afuera parece magnífico, pero, en realidad, habla de mi incapacidad de estar en un lugar. Nunca es: ‘Quiero volver a’. Es ‘Me voy a otro lado’. Este último tiempo digo ‘Me voy a Mexico’. La gente que me rodea me dice: ‘Carla, claramente no podés estar con vos en ningún lado, en México o en la China; lo que tenés que resolver es otra cosa’”.

      Carla Quevedo tiene una vida errante, entre Argentina y Estados Unidos. Foto: Andres D'EliaCarla Quevedo tiene una vida errante, entre Argentina y Estados Unidos. Foto: Andres D'Elia

      Máscara e identidad

      Sobre sus primeros vínculos con la actuación recuerda un escena puntual de su infancia que define como “la primera vez que me sentí cómoda en una situación”, ya que de niña, cuenta, era muy tímida y le costaba el contacto con los otros.

      Recuerda: “Cuando tenía diez años mis papás compraron una cámara de video, estas VHS de 8 milímetros, y con eso empezaron a filmar todos los eventos importantes familiares (cumpleaños, Navidad, Año Nuevo). En paralelo, empecé a borrar la historia familiar y a filmarme a mí misma sobre esas grabaciones. Me sentía cómoda con la cámara. Había algo en el no sentirme juzgada, en el poder explorar cosas delante de ese objeto que guardaba un registro. Me filmaba bailando, cantando, hacía monólogos medio youtuber (risas) y personajes. De golpe, me sentía más cómoda encerrada en un cuarto con una cámara que en una habitación llena de gente”.

      A pesar de tener un vínculo temprano con la interpretación, Quevedo nunca se visualizó como actriz y dicha confesión ha sido título de varias entrevistas suyas: “Nunca quise ser actriz. No es que de chica soñaba con actuar. Por alguna razón nunca lo pensé como una profesión”. A esto se le suma que su llegada al mundo de la actuación profesional se debió a una suma de casualidades o, al menos, eso cree.

      Manejo un nivel de exigencia que a veces es un poco insoportable para los que están a mi alrededor. Pero hace que,  después, lo que se ve tenga verdad.

      Carla Quevedo, actriz


      “Es un poco esta historia que hemos escuchado de ‘acompañé a un amigo a un casting’. Y me llamaron”, sentencia.

      Sea casual o no, hay un trasfondo más profundo: “Siempre sentí que la profesión me había elegido a mí. También hay una búsqueda de validación externa más o menos consciente y algo del ocultarme. Actuando, con un personaje, no tengo ningún problema de hacer nada. Ahora me ponés a mí, Carla, me querés sacar una foto y no sé qué hacer. No sé quién soy. Me cuesta mostrarme. Creo que hay algo de la actuación que te permite esconderte detrás de los personajes para explorar cierta conexión con lo que le pasa a uno y al mundo”.


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      Poesía y publicidad

      Con la escritura busca encontrarse a ella misma. Lee y escribe mucho. Este año publicó su primer libro de poesía, Me peleé a los gritos con el manager del Spa, bajo el sello independiente Trópico. “Hay una canción de una banda que me encanta, Mejor Actor de Reparto, que dice: ‘Es una pena que tengas que irte tan lejos para encontrarte’. Esa podría haber sido una frase para abrir el libro”.

      Allí escribió en español y en inglés: “Necesité de otro idioma para decir ciertas cosas que en mi lengua materna no me animaba a decir”.

      Empezó trabajando en publicidad (su primer casting fue para un anuncio de Sprite) y como extra durante tres años. Ganaba cien pesos por día (“un montón de plata para mí en ese momento”).

      Recuerda aquellos años con inocencia: “Me gustaba porque laburaba, eran doce horas, creo, por contrato, pero no hacías nada. Me llevaba libros y, en mi imaginario, sentía que me pagaban por estar ahí leyendo. En un momento me avivé y dije: ‘Loco, yo estoy la misma cantidad de horas que los actores y ellos ganan mucho más’. Con una inocencia de no pensar que hay que tener herramientas para eso. Pensé: ‘Me divierte estar de fondo, estar en primer plano va a ser más divertido y voy a poder actuar más’”.

      Su segundo casting “en serio” –como ella les dice– fue para el filme dirigido por Juan José Campanella.

      “Me acuerdo que me llegó la propuesta y, tan acostumbrada al trabajo publicitario, estaba convencida de que era para La Campagnola, la salsa de tomate, y no le di ni pelota. Hasta la noche siguiente, que volví a entrar al mail, vi que había un guión adjunto y empecé a leer ‘escena de violación’ y bla bla blá. Me dije: ‘Ah, tengo un casting de verdad. Para una película’. Creo que esa inocencia con la que fui me ayudó”.

      Carla Quevedo en el rol de Alicia Muñiz en la miniserie Monzón.Carla Quevedo en el rol de Alicia Muñiz en la miniserie Monzón.

      Estudios y viajes

      Luego se instalaría en los EE.UU. para estudiar. Admite que le gusta el estudio, pero nunca se sintió muy cómoda en la situación de clase. “Entra la cuestión social y me sentía muy incómoda. Además, sentía cierto prejuicio para conmigo porque venía de la publicidad”, explica.

      Sobre su formación, cuenta: “Mi escuela fue el trabajo. Con cada experiencia fui aprendiendo. Estando en un set, siempre presté mucha atención a la parte técnica. Un poco sigo sin entender cómo llegué hasta acá y por qué hago lo que hago. Intento ser muy sincera. No la careteo. En el momento en que siento que hay algo falso, corto y digo: ‘Esto no me lo creo’. Y si no me lo creo yo, no me lo cree nadie. Manejo un nivel de exigencia que, a veces, es un poco insoportable para los que están a mi alrededor. Pero creo que hace que, después, lo que se ve tenga verdad”.

      En EE.UU. actuó en producciones prestigiosas, como Show Me a Hero (HBO). Sobre esta experiencia admite que “es una bendición y una maldición. No quiero sonar tilinga. No es que es mejor Hollywood. Me importa un cuerno. Como en casi todo los aspectos, la cuestión económica en este mundo que vivimos, capitalista, afecta a todo (los vínculos humanos, el ámbito profesional) y la realidad es que la mayor diferencia es el capital que se invierte en el producto. Acá se labura más rápido. Me malcrió un poco, si se quiere, laburar tanto afuera. El desafío es, obviamente, poder laburar cómoda acá y bien. Creo que lo estamos logrando. Monzón, por ejemplo, no tiene nada que envidiarle en calidad a ninguna serie extranjera”.

      En Monzón fue Alicia Muñiz, la esposa asesinada por el campeón mundial de boxeo en 1988. El hecho sacudió a la opinión pública y poco a poco se comenzó a hablar de “violencia de género”.

      ¿Cómo te preparaste para hacer ese papel?

      Una abarca lo que puede y se agarra de lo que puede. A mí toda esa parte tan violenta de Carlos Monzón para con Alicia me generaba mucho miedo. Entonces lo que hice fue...¡estudiar danza árabe! O sea, nada que ver, y así voy atravesando las cosas. Tenía una sola escena en la que tenía que bailar danza árabe y estudié dos meses. Soy muy exigente y no me gusta hacer las cosas a medias.

      "Mi escuela fue el trabajo", dice Carla Quevedo."Mi escuela fue el trabajo", dice Carla Quevedo.

      ¿Y para lograr la dimensión más profunda del personaje?

      En un punto, me agarré de las cosas que sí podía practicar. Estuve laburando la voz, porque no quería que sonara igual que yo. Miré muchos videos de la época, me leí todo lo que había en Internet de ella y lo estudié. Confié en que el miedo, el horror frente a la violencia iba a ser algo que surgiría laburando con Jorge (N.de la R.: Román, quien hace de Monzón) y con Jesús (N.de la R.: Braceras, director) en el set y atravesando esas escenas juntos. En ese sentido, traté de reconstruir una versión de Alicia. Ella era hiper-esotérica, entonces reconecté con esa parte de ella. Para tratar de tener a ella en su entereza. Porque si no, caemos en que Alicia fue la víctima y nada más. ¿Quién era? ¿Cómo amaba? ¿Cómo era con sus amigas, con su familia, en el laburo? Alicia fue un montón de cosas.

      Privilegios y depresiones. El rodaje, cuenta Quevedo, la movilizó: “Más que con lo actoral, tiene que ver con la noción de que Alicia fue una mujer real a quien Monzón asesinó de una manera brutal, Nosotros estábamos recreando todo eso que no era ficción, le había pasado a una mujer de verdad y que también le pasa a una mujer cada veintisiete horas en la Argentina. Había algo en lo emocional que se me quedaba en el cuerpo porque afectaba a Carla, y soy una mujer que vive en este país”.

      ¿Creés que como actriz tenés un rol social importante?

      Creo que soy una persona privilegiada. Hay que mirar más allá de uno. Cuando se me da una voz y vienen a hacerme una nota está todo bien: yo puedo hablar de mi perro, de los viajes, un montón de cosas que me parece que, en definitiva, no son más que satisfacer la curiosidad cholula de mucha gente. No lo veo mal, pero creo que si tengo una voz tengo que usarla para comunicar cosas que le pasan a gente que, por ahí, no tiene ese lugar. Por ejemplo, para hablar sobre la violencia de género o temas de salud mental, que me preocupan un montón porque es algo que me pasó a mí (N.de la R.: ha sufrido trastornos de depresión y ansiedad). Pienso que me habría formado de otra manera si se hubiera hablado con menos tabú de ciertas cosas en los medios. Si la voz de uno se escucha, uno tiene que usarla para cosas que nos sirvan a todos y no quedarse en la cuestión individual o ególatra.


      Sobre la firma

      Pablo Díaz Marenghi

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