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      Qué une a Borges, Xul Solar y Pistoletto: una muestra recupera el rol de los laberintos en el arte

      Partiendo del mito de Teseo y el Minotauro y transitando por diversas culturas a lo largo del tiempo, Fundación Proa inaugura este sábado la exposición "Laberintos".

      Qué une a Borges, Xul Solar y Pistoletto: una muestra recupera el rol de los laberintos en el arteEl laberinto de Michelangelo Pistoletto y un guiño al mito de Narciso. Foto Germán García Adrasti

      Laberinto político. Laberinto económico. Laberinto social, literario o artístico. Futbolístico, burocrático o religioso. El laberinto ha funcionado desde siempre como metáfora para expresar las complicaciones del mundo y ha sido un motivo siempre presente a lo largo de la historia. ¿El laberinto es salvación o perdición?

      No ajena a esta complejidad conceptual, Adriana Rosenberg, presidenta de Fundación Proa, tuvo la idea y la iniciativa de hacer una exposición con eje, precisamente, en los laberintos. En dupla, las curadoras Cecilia Jaime y Mayra Zolezzi tomaron el concepto y comenzó la investigación. Lo que encontraron se tradujo en una serie de ejes artísticos que ahora dan forma a Laberintos, la nueva exhibición que la institución de La Boca ofrece al público desde este sábado y hasta noviembre.

      Lo hallado por las curadoras, entonces, fue tan variado como similar: mil y una formas de laberintos desde la Antigüedad hasta la actualidad. El recorrido será entonces en orden cronológico y reunirá a una veintena de artistas. Lo primero será pasar un telón para sumergirse en una sala, que, acorde a los tiempos que corren, será inmersiva, como ya suele verse en muchas exhibiciones contemporáneas en la actualidad.

      La sala inmersiva con un video de 7 minutos con la historia de los laberintos. Foto GG AdrastiLa sala inmersiva con un video de 7 minutos con la historia de los laberintos. Foto GG Adrasti

      Sin ir más lejos, la megamuestra de Banksy en La Rural también inicia su recorrido con una propuesta inmersiva y, hasta hace un mes, ahí mismo, en el Pabellón Frers, más de 150 mil personas visitaron la expo de Van Gogh, en formato exclusivamente inmersivo.

      De regreso en Proa, siete minutos de una video-instalación en 360 grados, obra de los italianos Umberto Eco y Franco Maria Ricci, muestra el origen del laberinto en el mito de Teseo y el Minotauro; luego vendrá el laberinto como símbolo religioso; más tarde en el Renacimiento el laberinto en el interior del ser humano hasta llegar en estos días al sumun de los laberintos, el más grande del mundo, el más técnico y, muy probablemente, el que tiene la salida más difícil de encontrar: Internet.

      En una esquina, un ploteo en cinta adhesiva de la brasileña Regina Silveira genera cierto desequilibrio en quien observa las “Escaleras inexplicables”. Foto GG AdrastiEn una esquina, un ploteo en cinta adhesiva de la brasileña Regina Silveira genera cierto desequilibrio en quien observa las “Escaleras inexplicables”. Foto GG Adrasti

      Si esta introducción sirve para meterse en tema –o más bien, perderse, por qué no, en el laberinto– lo que sigue es el segundo núcleo que organiza esta muestra, “La ciudad como laberinto”.

      Cada obra de esta sala estará, como suele decirse, en diálogo con otra obra de ese mismo espacio. Grabados de la mítica Jericó, considerada en el Antiguo Testamento como la más antigua, fueron realizados por maestros escribas de diferentes cultos y construyen ciudades redondas o cuadradas. De esas ‘Jericós’ enmarañadas solo se saldrá con la ayuda de un ángel o de un dios.

      El laberinto de Borges. Foto GG AdrastiEl laberinto de Borges. Foto GG Adrasti

      Y entonces vendrán las cárceles.

      Las aguafuertes de Giovanni Battista Piranesi son prisiones con escaleras que suben, que bajan, que están enredadas: aquí son las ciudades como cárceles. Ya con un pie en el siglo XX, en una esquina de la sala, un ploteo en cinta adhesiva de la brasileña Regina Silveira genera cierto desequilibrio en quien observa sus “Escaleras inexplicables”.

      A su lado, Jorge Miño construyó un confuso entramado de escaleras a partir de la superposición de fotografías en blanco y negro (tomadas con celular), algo que parece materializarse en la monumental Whirling, de Dan Graham, que copa la centralidad de la sala: pieza icónica del arte del siglo XX, fue especialmente realizada para Proa y sus vidrios espejados y convexos permiten contemplar las obras desde otro ángulo. De Pablo Siquier se presenta un entretejido visual, también en blanco y negro.

      "Whirling", de Dan Graham, la instalación especialmente realizada para Proa. Foto Germán García Adrasti"Whirling", de Dan Graham, la instalación especialmente realizada para Proa. Foto Germán García Adrasti

      Quedan Las escaleras doradas, una gigantesca composición de 20 telas que Edgardo Giménez ideó para el Bellas Artes en 1997 y nunca pudo exponer por la altura de la obra. Un cuarto de siglo después, por fin puede verse en la Fundación Proa.

      A un costado, las pequeñas acuarelas de Xul Solar muestran diseños imaginarios, ciudades utópicas y arquitecturas místicas, que parecen proyectarse y cobrar cuerpo en la estructura que sostiene los grabados con las ciudades de Jericó.

      "Las escaleras doradas", del gran Edgardo Giménez. Foto GG Adrasti"Las escaleras doradas", del gran Edgardo Giménez. Foto GG Adrasti

      "La idea de esta muestra nació hace unos meses al reflexionar sobre la compleja problemática actual, tanto a nivel nacional como internacional. Laberintos es una respuesta a la incertidumbre actual imaginada por los artistas", señaló Adriana Rosenberg.

      Añade: ​"El laberinto estuvo presente en innumerables civilizaciones y culturas a lo largo del tiempo. Conocemos el laberinto por la familiaridad con Borges y es a través de él que se abre el campo a muchas y diversas disciplinas".

      En la exhibición se incluyen, así, grabados y relatos de mitos y fábulas: "Surgieron –cuenta Rosenberg– las voces de escritores, de directores de cine y artistas visuales y, con videos, documentos, fotografías, imágenes de la naturaleza, trazamos un panorama acerca de los laberintos que, al decir de Borges en su libro Manual de zoología fantástica 'son una casa hecha para que la gente se pierda'".

      Los cuadros de Xul Solar. Foto GG AdrastiLos cuadros de Xul Solar. Foto GG Adrasti

      Literatura y cine

      Como transición al núcleo “laberintos en la literatura y el cine”, una heliografía de León Ferrari construye laberintos erráticos que, según el propio artista, “expresan lo absurdo de la sociedad actual, esa suerte de locura cotidiana necesaria para que todo permanezca normal”.

      Decir “laberinto” conduce –necesariamente– a Jorge Luis Borges y todo su universo literario. Pero no únicamente dado que también hay referencias a pasajes literarios de Julio Cortázar (por su versión sobre el Minotauro y Teseo), Manuel Mujica Lainez (por sus dibujos) y Umberto Eco; así como también a 13 portadas de la revista surrealista Minotauro con el laberinto como tema.

      El laberinto de León Ferrari. Foto GG AdrastiEl laberinto de León Ferrari. Foto GG Adrasti

      De Borges se observan fotografías con Ricci y con María Kodama, en viajes y en laberintos espejados, una de sus obsesiones. Se completa con fotografías de los laberintos borgeanos en la naturaleza: diseñados por el británico Randoll Coate y realizados en 2003 en Mendoza y en 2011 en Venecia, Italia.

      A Eco, en cambio, se lo ve en un video caminando en su biblioteca infinita, él mismo propuso una clasificación de diferentes laberintos y creó uno de los pasajes clave de El nombre de la rosa en una biblioteca interminable. De este laberinto no se salió por arriba –como suele plantearse– sino que el fuego ofició de escapatoria.

      Se exhiben 13 portadas de la revista surrealista Minotauro. Foto GG AdrastiSe exhiben 13 portadas de la revista surrealista Minotauro. Foto GG Adrasti

      Finalmente en este nivel queda visionar una proyección de 35 minutos con una especie de clip con fragmentos de laberintos que aparecieron en 25 películas, desde Metrópolis y Ciudadano Kane, pasando por Vértigo, El resplandor, El nombre de la rosa y, también, Harry Potter. La titánica tarea de visionar 75 películas y elegir las 25 finalistas y sus fragmentos para formar parte de esta exposición fue de Ananda Rigoni Aller. Se titula "Laberintos en la historia del cine”.

      En el cuerpo

      ¿En qué medida el laberinto está fuera o dentro de nosotros? Este es uno de los interrogantes que guían la última parte de la exposición: “El laberinto y el cuerpo”. Ya en el primer piso, el laberinto de Michelangelo Pistoletto sea tal vez lo más llamativo de todo este planteo artístico por su propuesta lúdica.

      Los laberintos de Horacio Zabala. Foto GG AdrastiLos laberintos de Horacio Zabala. Foto GG Adrasti

      Se trata, ahora sí, de un laberinto transitable, formado por rollos de cartón corrugado, y que en un momento desemboca en un pozo con un espejo, que refleja a cada visitante que se anime a asomarse. Un guiño al mito de Narciso.

      La propuesta interactiva de Javier Bilatz consta de un laberinto digital en una pantalla, que se modifica cada vez que un espectador lo enfrenta. “Hay una cámara encima de esta instalación que capta el rostro del espectador que observa. Una máquina genera así retratos laberínticos en un software y los lleva a la pantalla. Es decir, no es un laberinto al que entrás y salís, sino que cambia todo el tiempo. Es un código que cambia en tiempo real y que por lo tanto no tiene ni principio ni final”, explica el propio Bilatz frente a su obra.

      El laberinto digital de Javier Bilatz. Foto GG AdrastiEl laberinto digital de Javier Bilatz. Foto GG Adrasti

      “Creo que los artistas que hacen laberintos –expresa Horacio Zabala– se sienten en un laberinto porque no saben cómo termina”. “Estoy en un laberinto” es la frase expresada hasta el infinito en uno de sus cuadros. Los hizo en 1972 y recién los pudo exponer ahora porque los tenía guardados su exmujer en Madrid. Los recuperó hace poco.

      Del cubano Yoan Capote, por su parte, se presenta una recreación del proyecto Open mind (Mente abierta), una gran estructura con forma de cerebro, porque si hay un laberinto particularmente enigmático y complejo es ese que está dentro nuestro, en nuestra propia subjetividad y hasta en nuestro propio cuerpo.

      El cerebro laberíntico del cubano Yoan Capote, junto al laberinto de Pistoletto. Foto GG AdrastiEl cerebro laberíntico del cubano Yoan Capote, junto al laberinto de Pistoletto. Foto GG Adrasti

      Ficha

      Laberintos
      Dónde: Fundación Proa, avenida Pedro de Mendoza 1929.
      Cuándo: de jueves a domingos, de 12 a 19. Desde el sábado 3 de septiembre. Visitas guiadas para público general a las 15 y a las 17.​
      Entrada: $200 (general); $50 (jubilados); menores de 12 años sin cargo.

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      Sobre la firma

      Paula Conde
      Paula Conde

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