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      De Nalbandian a los Pernía, Batistuta, Florio, Rodrigo Palacio y más: los que se animaron a practicar otro deporte

      El caso del ex Boca, que se dedicará al básquet, recuerda otras historias similares, como la de un Puma que jugó al fútbol en Atlético Tucumán.

      De Nalbandian a los Pernía, Batistuta, Florio, Rodrigo Palacio y más: los que se animaron a practicar otro deporteNalbandian, al volante. El cordobés siempre fue un apasionado por el rally. (Prensa Rally Argentino)

      Las imágenes de Rodrigo Palacio haciendo botar un balón, encarando a un rival y lanzando al aro tomaron por sorpresa a muchos en estas horas. El exdelantero del seleccionado argentino de fútbol, que nunca anunció su retiro de la actividad (el 30 de junio quedó libre tras jugar la última temporada en el Brescia), inició a los 40 años un nuevo camino en el básquetbol con el Garegnano Milano, de la cuarta división de Italia. Si bien no resulta algo frecuente, este no es el primer caso de un atleta de alto rendimiento que cambia de disciplina.

      El automovilismo ha sido, en las últimas décadas, un imán para deportistas de otras especialidades. Un caso emblemático es el de la familia Pernía, que cuenta con tres integrantes de dos generaciones que experimentaron la migración hacia allí desde el fútbol. El primero fue Vicente, aquel recio marcador de punta derecho que debutó en primera división en Estudiantes de La Plata, pero tuvo sus años de oro en Boca.

      El Tano, multicampeón con el equipo dirigido por Juan Carlos Lorenzo y compañero de Diego Maradona en el conjunto que ganó el Metropolitano de 1981, disputó su primera competencia en el Turismo Nacional (terminó 16° con un Fiat) en Olavarría el 17 de agosto de 1978, solo 16 días después de haber conseguido la Copa Intercontinental con el Xeneize frente a Borussia Mönchengladbach en Karlsruhe. Aunque recién después de poner fin a su carrera como futbolista en Vélez, en 1982, se sumergió enteramente en el mundo de los fierros.

      Vicente Pernía trabaja en la puesta a punto de su Ford antes de una prueba de Turismo Carretera en Trelew. (Foto: Daniel Feldman)Vicente Pernía trabaja en la puesta a punto de su Ford antes de una prueba de Turismo Carretera en Trelew. (Foto: Daniel Feldman)

      Sus años más destacados transcurrieron en el Turismo Carretera, en el que debutó el 13 de marzo de 1983, con un sexto puesto en Mendoza. Ganó por primera vez el 20 de marzo de 1988 en el Autódromo de Buenos Aires, en una prueba reservada para pilotos que nunca habían conseguido una victoria. Repitió el éxito otras cuatro veces (en Balcarce y La Plata, en 1992; otra vez en Buenos Aires, en 1993; y nuevamente Balcarce, en 1997). Y, a bordo de un Ford, fue subcampeón en 1997, detrás de Juan María Traverso.

      Sus tres hijos se vincularon al fútbol. El mayor, Gastón, es entrenador (dirigió a Tristán Suárez en las primeras siete fechas del actual torneo de la Primera Nacional). Los otros dos hicieron un recorrido parecido al suyo. Leonel, el del medio, pasó por las inferiores de Independiente, llegó a jugar en la Reserva de Boca e incursionó en el futbol rápido (luego conocido como Showbol): en Estados Unidos se desempeñó en Seattle Seadogs, Harrisburg Heat, Florida Thundercats, Dallas Sidekicks y Chicago Storm, y hasta llegó a compartir canchas de esa disciplina con Maradona en 1994 y 1995.

      Como su padre y su hermano Mariano, Leonel Pernía fue futbolista antes de dedicarse plenamente al automovilismo.Como su padre y su hermano Mariano, Leonel Pernía fue futbolista antes de dedicarse plenamente al automovilismo.

      “El fútbol me gusta, por supuesto. Pero en realidad lo practiqué por una cuestión económica, porque no podía preparar un auto de competición”, admitió hace unos años. Cuando tuvo dinero para hacerlo, se la jugó por el automovilismo. Comenzó en la Fiat 128, pasó por el TC Pista y luego se afianzó en las categorías nacionales más fuertes. Fue campeón de la clase 3 del Turismo Nacional en 2018 y del Súper TC 2000 en 2019, y hoy está peleando por otra corona en el TN (está tercero) y por su primer título en el Turismo Carretera (marcha quinto en la Copa de Oro).

      Mariano, el hijo menor del Tano, edificó una destacada carrera como futbolista en España. También como lateral, aunque sobre la izquierda, jugó más de un centenar de partidos con Atlético de Madrid y, tras obtener la ciudadanía, representó al seleccionado de ese país, con el que disputó el Mundial Alemania 2006 (fue titular en tres de los cuatro encuentros). Luego de volver al país y retirarse en Tigre en 2011, comenzó su excursión en el mundo motor.

      Mariano Pernía jugó siete años en España antes de empezar a competir en automovilismo. (Foto: Victor R. Caivano / AP)Mariano Pernía jugó siete años en España antes de empezar a competir en automovilismo. (Foto: Victor R. Caivano / AP)

      Hizo su primera experiencia en la monomarca Fiat Línea Competizione y en 2012 debutó en el TC Pista Mouras. En su temporada debut, ganó dos pruebas, en Olavarría y Nueve de Julio, y fue séptimo en un campeonato que ganó el chaqueño Augusto Carinelli. En 2013 pasó al Turismo Nacional, primero en la clase 2 y desde 2015, en la clase 3, en la que continúa compitiendo. En diciembre del año pasado, logró en San Juan su primer triunfo.

      Si bien no comparte el apellido, otro miembro del clan Pernía también pasó del fútbol al automovilismo: Bruno Marioni, concuñado de Leonel y Mariano (están casados con las hermanas Gisela, Denise y Luciana Giroto). En marzo de 2010, solo cuatro meses después de haber colgado los botines, el exdelantero de Boca, Independiente y Newell's debutó en la monomarca Fiat Línea, telonera del TC 2000. Participó en otras categorías menores e incluso llegó a ser campeón de la monomarca Abarth Punto Competizione en 2012. Pero luego volvió a su viejo amor, primero como comentarista en la televisión mexicana y desde 2017 como entrenador. Actualmente conduce a Tepatitlán, de la segunda división.

      En el automovilismo incursionaron otros futbolistas como Roberto Abbondanzieri y Martín Palermo (en el Top Race Series), y también David Nalbandian. El cordobés, que ganó 11 títulos ATP y llegó a ser número tres en el ranking mundial, se alejó del tenis en octubre de 2013 y comenzó su aventura en el Rally Argentino, en el que compitió hasta el año pasado. En 2016 fue campeón de la Copa Maxi Rally.

      En septiembre de 2005, seis meses después de haberse alejado de la pelota, Gabriel Batistuta conoció en un asado en Cañuelas a Adolfo Cambiaso y, con él, descubrió el polo, un deporte que podía practicar pese a las lesiones en los tobillos que lo atormentaban. “Lo que más me gusta es la adrenalina de andar a full arriba de un caballo entre otros siete polistas. Encima los tacos y la bocha complican la cosa”, le contó a Clarín en 2009, horas antes de debutar en el Campo Argentino de Palermo: su equipo, Loro Piana (del que también formaba parte Cambiaso), ganó entonces la tercera etapa del Argentina Polo Tour Patio Bullrich.

      Gabriel Batistuta durante un partido de polo en Florencia en 2009. (Foto: Marco Bucco / Reuters)Gabriel Batistuta durante un partido de polo en Florencia en 2009. (Foto: Marco Bucco / Reuters)

      Sin llegar a competir a nivel de alto rendimiento, el exgoleador del seleccionado argentino también se le animó al golf, un deporte que había empezado a practicar cuando todavía era futbolista. “Es mi nueva pasión. Me atrapó porque permite mejorar continuamente y va perfecto con mi carácter”, destacó en 2005. Varias veces fue invitado a participar en eventos del PGA Tour Latinoamérica.

      Dos tries contra Australia (luego ganador del torneo) y uno contra Samoa Occidental apoyó Martín Terán en el Mundial de rugby de 1991. El wing tucumano, que en la adolescencia también había practicado tenis, pádel y golf, volvió a vestir la camiseta albiceleste en la Copa del Mundo de Sudáfrica 1995. Con Los Pumas totalizó 30 test matches. Unos meses después de su segunda experiencia mundialista, cambió la pelota ovalada por la redonda.

      “En el rugby ya gané todo. Ya era tiempo de intentar otra cosa. Si después de la prueba no quedan satisfechos conmigo, no me sentiré frustrado. Lo importante es sacarme la duda”, contó en marzo de 1996, cuando estaba siendo evaluado en Atlético Tucumán. Con 26 años, fue admitido para representar al equipo que participaba en la liga local y en 1997 fue ascendido al plantel principal.

      El 13 de mayo, Pachu debutó en el Nacional B en una victoria 2 a 0 ante Chaco For Ever. Y hasta se dio el gusto de marcar un gol de cabeza en un partido que el Decano le ganó 2 a 1 a Douglas Haig de Pergamino en el José Fierro el 11 de mayo y que resultó clave para evitar el descenso esa temporada. Al final del certamen, se alejó del club y del fútbol por diferencias con los dirigentes.

      También el rugby fue el primer deporte que practicó Franco Florio, a los cinco años, en Belgrano Athletic. A los 19, el wing se puso por primera vez la camiseta del seleccionado mayor de seven. En paralelo, ya se destacaba en el atletismo. “Soy un deportista de alto rendimiento que a veces juega al rugby y a veces practica atletismo”, le contó a Clarín en diciembre de 2020, unos días después de haberse consagrado campeón en la prueba de 100 metros del Nacional de Mayores.

      ¿Cómo llegó hasta allí? “Estaba mirando los Juegos Olímpicos de Río 2016 y me llamó la atención la carrera de Usain Bolt. El atletismo era un deporte totalmente desconocido para mí y le pedí a Natalia, mi hermana más grande que es periodista, que me contara sobre el tema. Un tiempo después, ella vio que seguía interesado y consiguió que fuera a hacer una prueba en el Cenard con Javier Morillas”, reconstruyó. Este jueves, en el Campeonato Sudamericano Sub-23 de Brasil, marcó un tiempo de 10s11 y quebró el récord nacional absoluto de la distancia que Carlos Gats y Gabriel Simón compartían desde fines de la década de 1990 (10s23).

      Franco Florio con la camiseta de Los Pumas en el Seven de Vancouver 2019. (Foto Instagram @franco_florio)Franco Florio con la camiseta de Los Pumas en el Seven de Vancouver 2019. (Foto Instagram @franco_florio)

      Fermín Tenti era una de las grandes promesas del tenis de mesa argentino. A los 12 años, participó del programa “Esperanzas Mundiales Butterfly” de la Federación Internacional de Tenis de Mesa y viajó a China y a Francia para entrenarse y competir con otros jóvenes de distintas partes del planeta. Fue campeón argentino y sudamericano, representó al país en el Mundial de Mayores de París 2013 y disputó los Juegos Olímpicos de la Juventud de Nanjing 2014.

      Pero en 2016 el platense dejó la paleta y volvió al deporte que había practicado entre los cuatro y los nueve años. “Estaba saturado del tenis de mesa. Además, si quería seguir progresando y evolucionando, me tenía que ir a vivir a China. Lo pensé, lo charlé con mi familia y mis amigos, y tomé la decisión de poner todas mis energías en el tenis”, contó en una entrevista con el diario El Día. Después de varios años en el circuito de torneos Future, en junio accedió por primera vez al cuadro principal de un certamen Challenger. Actualmente ocupa el 506° puesto del ranking ATP.

      Fronteras afuera, casos como estos se cuentan por decenas. Uno de los más vistosos fue el de Michael Jordan, quien en 1994, después de haber ganado tres títulos de la NBA, firmó un contrato con los Chicago White Sox de la Major League Baseball (MLB) y jugó un año con los Birmingham Barons, un equipo de categoría Doble-A asociado a los Medias Blancas. En 1995 volvió al básquetbol y logró tres campeonatos más con Chicago Bulls.

      Michael Jordan y su aventura en el baseball, en 1994, con los Chicago White Sox.  Foto: AP photo/Mark Elias.Michael Jordan y su aventura en el baseball, en 1994, con los Chicago White Sox. Foto: AP photo/Mark Elias.


      Las claves de la transición de un deporte a otro

      Con frecuencia, el deporte es presentado como una actividad centrada exclusivamente en el esfuerzo corporal y carente de contenido intelectual, asociado a los saberes escriturales. Sin embargo, no se trata del simple desarrollo de las capacidades físicas básicas (fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad), sino que en ciertas especialidades la inteligencia motriz resulta determinante.

      A diferencia de disciplinas como el atletismo, la natación o la gimnasia deportiva, en las que se repiten movimientos invariablemente, los deportes de situación, como el fútbol, el básquet o el handball, requieren respuestas motrices rápidas y únicas según las exigencias del contexto. Quienes los practican se enfrentan al desafío de resolver constantemente (y dentro de las reglas establecidas) situaciones complejas que va planteando el juego.

      Ese reto obliga a un mayor desarrollo de la inteligencia motriz. Y ese desarrollo, según Fernando Signorini, da a quienes practican esta clase de deportes una serie de herramientas que, llegado el caso, podrían ponerlos en una mejor posición para encarar una transición hacia otra especialidad. En ese sentido, para el ex entrenador personal de Diego Maradona, “el fútbol es el más rico y el más complejo de los deportes y da herramientas que ningún otro puede dar”.

      “Exige dominar la pelota con la parte del cuerpo menos indicada y más alejada de los centros neuronales (los pies), se juega en grandes distancias, con viento, con barro, con agua, con pozos, en contacto permanente con los rivales. El futbolista desarrolla movimientos prácticamente impensados, guiados más por el instinto que por la razón. A eso los helenistas griegos lo llaman 'inteligencia astuta'”, explica. “En cambio, un chico que solo practica atletismo va a hacer siempre los mismos movimientos. Son deportes de cadena cerrada”, añade.

      Fernando Signorini junto a Diego Maradona en el Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria durante un entrenamiento del seleccionado durante el Mundial de 2010. (Foto: Daniel García / AFP)Fernando Signorini junto a Diego Maradona en el Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria durante un entrenamiento del seleccionado durante el Mundial de 2010. (Foto: Daniel García / AFP)

      Para reforzar su idea, el preparador físico destaca que Maradona “jugaba muy bien al tenis porque sabía moverse, sabía resolver situaciones” y también recuerda una situación que vivió junto al Diez mientras se alistaba en La Pampa para el Mundial de 1994: “A la tarde hacíamos alguna sesión de boxeo con Miguel Ángel Campanino. Un día, Campanino se bajó del ring, se acercó a Don Diego, que estaba tomando mate, y le dijo: 'Menos mal que el nene se dedicó al fútbol porque si se hubiera dedicado al boxeo, me llenaba la cara de dedos'. Diego tenía una notable facilidad de movimiento en un golpe de vista”.

      Más allá del desarrollo de la inteligencia motriz, Signorini considera que las posibilidades de que un atleta practique más de una disciplina serán mayores si tuvo contacto con varias durante la infancia. “En general, los chicos hacen un solo deporte y a veces lo hacen por mandato familiar”, afirma. Y estima fundamental la puesta en práctica de una amplia red de escuelas de iniciación deportiva que ofrezcan acceso a ese abanico de opciones.

      Para el preparador personal, en esas escuelas de iniciación tendría que incluirse el aprendizaje del ajedrez. “Es una disciplina que educa el carácter, enseña a no reaccionar ante el primer impulso, a pensar antes de mover. Eso puede servir a la hora de jugar al fútbol para hacer un análisis rápido de lo que está pasando en la cancha”, justifica.


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      Luciano González

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