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      “Iosi, el espía arrepentido”: infiltrado en la colectividad judía

      La docuserie cuenta la historia de un exagente de inteligencia de la Policía Federal involucrado en el atentado a la AMIA.

      "Iosi, el espía arrepentido": infiltrado en la colectividad judíaIosi (Gustavo Bassani) en la serie dirigida por Daniel Burman y Sebastián Borensztein.

      En 1959 el sociólogo Erving Goffman publica Actuaciones, un libro donde analiza cómo las personas, en mayor o menor medida, cuando se relacionan con otros montan una fachada. Actúan un rol en función de su beneficio o el contexto en el que se encuentran. El caso de un espía sería la máxima expresión de vivir bajo una fachada.

      En la serie Iosi, el espía arrepentido (disponible en Amazon), el protagonista –interpretado por un preciso Gustavo Bassani– tiene como misión infiltrarse en la comunidad judía de Buenos Aires en los años 80. Para eso los servicios de inteligencia necesitan corregir datos de su pasado. La docuserie sobre su biografía será una especie de espiral en que actuación y experiencia se vuelven por momentos indivisibles. ¿Durante cuánto tiempo se puede fingir ser alguien sin convertirse en ese personaje?

      Sus misiones son las mismas que tiene cualquier espía. Planta micrófonos, recaba información, tiene encuentros clandestinos –los mejores con el personaje interpretado por Natalia Oreiro. Quizás en la industria audiovisual nadie llegó tan lejos como The Americans, una obra maestra sobre el espionaje de dos agentes de la KGB en los Estados Unidos en plena Guerra Fría. Ahora bien, la gran diferencia en Iosi es que hay dos líneas temporales.

      Si en una serie como The Americans el espectador acompañaba el día a día de los espías, su doble vida y contradicciones, sin saber cómo terminarían aunque sí se sabía el final del paisaje histórico, Iosi rompe toda tensión al revelar desde el inicio que su espía veinte años adelante será un desertor y querrá buscar justicia por los crímenes a los que ha contribuido: los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA.

      El recurso es curioso, porque la doble línea temporal parece estar ahí para darle tensión a la serie, pero termina jugándole en contra. Es un procedimiento al cual varias series argentinas han sido proclives, como Monzón o Maradona. En ningún caso la descomposición de la cronología generó cruces o sentidos desconcertantes sino más bien un juego maniqueo.

      La serie está basada en el libro homónimo de Horacio Lutzky y Miriam Lewin, publicado en 2015.La serie está basada en el libro homónimo de Horacio Lutzky y Miriam Lewin, publicado en 2015.

      Iosi es el espía bueno. Si bien con el correr de la trama –que poco a poco invade la serie sin dejarle lugar a nada más– Iosi demuestra ciertas facetas de su personalidad, desde el principio es un hombre amable. Cree estar haciendo las cosas correctas o para el bando correcto. Que desde el inicio se sepa que se arrepiente va en la misma dirección. El Iosi de los 80 tiene un perfil bajo, cierta agilidad para los vínculos, a veces se muestra inocente, cosa que lo ayuda a ganar terreno en la comunidad. Como buen cultor de la fachada, actúa siempre lo que el otro quiere escuchar. El Iosi veinte años más tarde es su antagonista. Moldeado con el barro de lo real, el Iosi de ficción parece un poco acartonado.

      Con dirección de Daniel Burman y Sebastián Borensztein, la serie tiene la virtud de las locaciones misteriosas y el fondo de la colectividad judía del Once, con sus locales de telas y sinagogas, que le dan a la historia un carácter y un tono propio, especifico, territorial. Para Burman no es novedad trabajar con estos materiales, ya lo ha hecho en sus películas, y siempre se ha mantenido alejado del tono pedagógico. No se trata de una serie para aprender sobre la comunidad judía, sino sobre los efectos y alcances del antisemitismo.

      La serie está basada la investigación de Miriam Lewin y Horacio Lutzky, publicada en un libro homónimo. El Iosi real contactó a Lutzky en el año 2000 y le reveló su identidad de espía. Lutzky lo conocía de un centro cultural de la comunidad judía. Iosi decía tener información importante para resolver el atentado a la AMIA. Fue más tarde cuando la contactó a Lewin. Los primeros encuentros no fueron sencillos. Al principio hablaba en hebreo y tenían reuniones en bares con medidas de seguridad.

      Según contó Lewin: “Lo atormentaba el remordimiento. Él quería declarar ante un juez pero no confiaba en la justicia argentina”. Con todo, algunos testigos de esos años polemizan hoy sobre la centralidad de este agente y lo pintan como un factor bastante menor y hasta hay quienes argumentan que nunca existió, al igual que el Plan Andinia, que motiva su infiltración.

      Algunos críticos, en reclamo de un tono documental que la serie no asume, han señalado cierta liviandad con la que se trata el tráfico de armas en los 90 o el carácter por demás cinematográfico con el que se comporta el espía. En cualquier caso, la pregunta o el problema es el inverso. La exigencia de ajustes con el revisionismo histórico no es otra cosa que una lectura fuera del tono y el objetivo de la serie. Si bien el pacto inicial es que se trata de hechos reales, ya la escena inicial (más digna de una película de artes marciales) demuestra que no es acá, en este relato, donde se va a revelar algo sobre la historia argentina. En ese punto, se trata de la vida de un espía, uno arrepentido y que cambió de bando. Y no mucho más.

      Iosi es absorbido por su doble identidad, por la ficción de su pasado, por las horas y días actuando ser un judío hasta que termina siéndolo. Quizá la paradoja de cualquier espía sea convertirse en su supuesto enemigo. Según se sabe, el Iosi real vive bajo el programa de protección de testigos una vida retirada, anónima, custodiada. Ya sin pertenecer a ninguna biografía.


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      Sobre la firma

      Leonardo Sabbatella

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